
Escribo libertad con musgo y viento
y una herida o un vuelo en la palabra.
Sale de la palabra, brota caño
y empieza a ser rumor, tallo de gracia
que ejerce la función del paso que huye,
que se presta a la huida de columna,
sin capitel, sin teja, sólo hebra
huida.
Y la luz, que custodia su aventura,
prestándole reflejos y un corcel
para ir más lejos,
al más allá de no hay ya fin. Y canta
la libertad, y es pájaro, y aljibe
con agua al fondo y un sediento labio
que la bebe brillando, es lengua que arde,
que se presta a la llama del amor
cuando es dicha –la libertad–
con fuego entre los dientes.
Con fuego o con ceniza, con retama
a veces de oración, de yerba orante,
si alcanza la estatura, entonces,
la libertad de un vaso,
de una llaga o humildad sedientas,
de un silencio que voz al punto se hace,
o ruptura quizá, o asombro roto.
Y el hombre va en sus alas deletreando
la hermosa lejanía de su vuelo,
que siempre es ilusión al otro lado
del mar y sus caballos, selvas nuevas.
¡Qué galopada, entonces! ¡O estampida!
Y su tormenta se abre libro, flor,
una boca gritando libertad,
se abre, se rompe en mil pedazos, grito
que en el ciervo se lanza hacia el gran salto
y al regocijo en la hembra recostada.
Escribo libertad con musgo nuevo.
Y en el bosque, los árboles se acercan,
se conmueven, y libres (en mi amor)
se aman.
1 comentario:
Fantásticass imágenes. Un buen poema que va in crescendo hasta el último verso. "Escribo libertad con viento nuevo". Precioso.
Enhorabuena.
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