Él venía de no estar
y en aquella estancia estaba;
que sin ruido de su pie,
se notaba su pisada.
El oído no lo oía
y el silencio lo ocultaba,
mas, si se hablaba de amor,
en las palabras estaba.
Sin estar, iba y venía,
del no aparecer, al alma,
y parecía no estar
y en ella ponía su casa.
Esquivo de verse, huía,
y, en la huida, se encontraba
o al ir a partir el pan
o al mirarse en tu mirada.
Que él venía de no estar
y en aquella estancia estaba.
Vicente García Hernández
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