Esta noche es el tiempo
y su caricia ciega
se extiende por los hombros
que, hundidos y confusos,
curvan el peso de la duda.
El tiempo…
El ácido que sangra y devora
pieles erizadas de sol y de belleza,
el que muda simientes en ecos sin destino,
el que transforma futuros en capas de hojarasca.
Es un ladrón del reposo vestido de eficiencia.
Es un vicio que se anuda a la columna débil.
Y estira anhelos para forjar cansancios
de metas que no existen.
Y trabaja, sin descanso, pieles de hastío
y dibuja comisuras de crueldad sin fecha.
Y vacía las pupilas del asombro primero
y escancia la miseria de saberse presente.
El tiempo…
Tosco, rudo,
que si mirar pudiera
no soportaría su imagen en los gestos.
Isabel Martínez Barquero
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