viernes 3 de julio de 2009

El mirlo...

El mirlo
prendió las alas del ángel
- su pico naranja.
Después, la humedad
-árboles al caer la noche,
el pelo de algunos animales
hizo crecer sus pechos;
partes más oscuras
por dónde corre la sangre;
los dedos del hombre.
La humedad
arrancando trozos de mica
- sus huesos, lo que queda
tras la muerte:
piel ceniza
-plumas apagadas
de una mujer
.


Raúl Morales

jueves 2 de julio de 2009

Teseo

Un hilo en una mano y en la otra una espada,
el corazón un nudo, los pasos sigilosos,
Teseo va adentrándose entre muros de piedra
en busca de la fiera, su gloria o su final.
El miedo hecho coraje porque el amor de Ariadna
-hilo de voz, de sed y de saliva-
le evita el extravío, le promete el regreso
cuando acabe su hazaña, cuando ya sea el héroe
de Atenas. Va despacio, asustado y felix
como el que ha decidido afrontar su destino.

Pero en el laberinto sólo suena el silencio.
No hay mugidos, ni voces, ni pasos que no sean
los suyos, ni más viento que su respiración.
Empieza a sospechar que tal vez no haya nadie
y que el temido monstruo
sea sólo una invención del miedo de los hombres.

Cuando llega a la cámara central ve en ella un pozo.
Como un ombligo- piensa mientras se asoma a él.
Sobre el agua parada Teseo se refleja,
reflexiona, comprende
que el minotauro es él, o mejor dicho: está dentro de él,
que la lucha entre ellos ya ha empezad
y que durará tanto cuanto dure su vida.


Juan Vicente Piqueras

miércoles 1 de julio de 2009

Conversaciones con... José María Merino

Una entrevista de María Ángeles Moranes Chazarra

José María Merino es un incondicional defensor de la literatura de calidad, avezado lector e infatigable escritor de novelas y cuentos, ¿has encontrado en estas fórmulas narrativas la expresión de tu mundo?
Bueno, yo pienso que la literatura se encuentra en muchas formas, lo que ocurre es que el cuento fue el primer género, antes de que existieran la palabra y la escritura el cuento ya estaba ahí y para mí sigue siendo el vehículo perfecto para formar el gusto literario.

Siempre prosa, ¿y la poesía? ¿Estás enfadado con ella?
No, la poesía se enfadó conmigo y me abandonó, pero antes me permitió algo que valoro mucho, aquilatar las palabras. Es un claro taller de precisión, concisión, de elegir la palabra justa, la imagen adecuada, y este sentido le estoy agradecido a la poesía.

Siempre se ha dicho que la literatura tiene algo de terapéutica, ¿en qué te ayuda a ti la literatura?
A entender mucha cosas, como lector y como escritor. Como lector he aprendido a conocer tanto el aparente desorden de lo que nos rodea como a mí mismo, y como escritor forma parte de la técnica de desentrañar aquello que no entiendo, lo confuso.

Para los lectores y mirando desde el punto de vista de un escritor veterano como tú, ¿qué es lo que debe procurar un autor para captar lectores?
Hay muchas clases de lectores. Hay unos que prefieren solo el puro argumento. Yo soy un lector que agradece mucho el lenguaje y la composición de un libro, también valoro la trama, personajes y que el libro me dé una representación de la realidad ayudándome a entenderla.

Has conseguido varios premios, el de la Crítica con el título Cuentos del reino secreto, el Miguel Delibes con Las visiones de Lucrecia, el Nacional de literatura juvenil con Los trenes del verano, y algunos más, ¿en qué han condicionado tu escritura posterior estos premios?
En nada, salvo dos premios a los que me he presentado con la primera y la última novela porque tenía el nombre de Gonzalo Torrente Ballester y me apetecía, los demás me los han dado, han sido un regalo. Son estimulantes los premios, te hacen pensar que tu obra es reconocida pero nunca me han hecho cambiar mis proyectos. Yo escribo un libro aunque crea que no va a tener difusión.

¿Has usado alguna vez algún seudónimo?
No, nunca, porque siempre me pareció que mi nombre literario era mi nombre natural.

¿Y cuándo te has presentado a algún premio?
En esos casos, bajo plica, sí. Pero he puesto un seudónimo muy neutro, algo así como cinco de marzo. En cambio, he trabajado en colaboración con otros dos escritores, Luis Mateo Díez y Juan Pedro Aparicio para descubrir un personaje llamado Sabino Ordaz que ha escrito un libro titulado Las cenizas del fénix, una colección de artículos. En este caso sí hemos creado un seudónimo.

Es difícil potenciar la lectura entre las nuevas generaciones, ¿qué hacer en colegios e instituos de secundaria? No me digas que el profesorado debe leer en clase como fomento de la lectura porque es un argumento que no tiene respuesta por parte de esos supuestos lectores.
Quien tiene que tomar conciencia de esto son los políticos porque la sociedad no puede descansar todos sus problemas en el sistema educativo, este no tiene por qué enseñar valores- educación vial, antitabaquismo, etc,- es la sociedad, a través de la familia, la responsable de estas instrucciones y también de la lectura.
La escuela tiene que tener un papel formativo en la cultura. Y lo peor de todo es que hay familias con buen nivel económico que piensan que la obligación de dar cultura estética y literaria a los chicos es de la escuela y los institutos, pero la misión de estos es completarla. Hay una responsabilidad política y pública que no tiene por qué transferirse a la escuela, que ésta resuelva lo que no resuelva la sociedad.

¿Y el futuro literario más próximo pasa por...?
La publicación de La sima, una novela que se sale de mis novelas tradicionales. Trata de esa cultura de confrontaciones, de propensión a lo violento que tenemos los españoles. Posee un fondo ambiental de la guerra carlista sobre la que el personajes es incapaz de redactar su tesis doctoral y se dedica a escribir otros hechos.

martes 30 de junio de 2009

II epigrama. La colaboración

Estoy ya tan atrapado
por mil trabajos de gusto;

me tratáis con tal rigor
en vuestro enredo diario;

me guardías tan en secreto
en esa publicación;

tal es la literatura
en vuestro centón escasa;

es tan muda, tan lejana,
nuestra urbe llana y fría,

de vuestras altas montañas,
que mira, he decidido:

este año, Pepe mío
- y no lo tomes a mal-,

el relato de verano
se lo podríais pedir

al cronista de deportes
o al analista político.

Gerardo Markuleta

lunes 29 de junio de 2009

José Ballester: Escritos inéditos y autobiográficos

José Ballester
Escritos inéditos y autobiográficos
Comentarios y notas de José López Rico.



José López Rico ha estado unido a la persona de José Ballester y, tras su muerte, hace ahora treinta años, ha dedicado muchas horas a tratar de entenderlo. Una vida es un enigma que nunca resolvemos del todo.

No ha sido fácil esta tarea, en parte por la dificultad que supone la pérdida de documentos. Sólo aporta algunos textos estrictamente familiares, y por tanto inéditos, más su investigación en diferentes archivos a los que ha tenido acceso. Sin embargo, como el pescador atento, ha ido reuniendo las piezas que conforman el mosaico de la vida de José Ballester, y ha sabido ensamblar lo público y lo privado.

¿Qué hay de interés en su vida? Se trata de un hombre que ha asistido a casi todos los acontecimientos del siglo XX y lo ha hecho desde Murcia, ciudad e historia, que conoce muy bien, pues de algún modo ha sido su portavoz, ya que muchos de nuestros visitantes han dispuesto de sus guías, o lo que es lo mismo, han visto a través de su mirada; la primera aparece en 1930, editada por Espasa-Calpe.

José Ballester, ha sido escritor, periodista y Director del diario La Verdad, durante muchos años. Por oficio se ha convertido en invisible, semejante al cristal está ahí para que podamos ver a través de su testimonio. López Rico se ha colocado a la espalda del fotógrafo, y de este modo da cuenta de detalles, que no suelen figurar en los libros, pero señalan al hombre que fue.
Y, en efecto, lo primero que encontramos es a un hombre bueno, Hitler de bondad, le llamaba el pintor José María Párraga, y lo era para los suyos y para los que le rodearon. Dotado de gran amor a su ciudad, que nadie confunda con un trato localista o aldeano, en los pertenecientes a la generación del 27, eso sería un imposible, amigo de Juan Guerrero Ruiz y por tanto de Juan Ramón Jiménez, de Jorge Guillén, Raimundo de los Reyes, Antonio Oliver, Carmen Conde, Garay, Planes, Flores, Gaya y todos los que constituyeron la cultura de los años veinte y treinta, colabora en el Suplemento de la Verdad, Verso y Prosa y Sudeste, nuestras revistas míticas, labor cultural que nunca cesa, con su prosa poética, sus atinados juicios y su rigor ensayístico. Fue siempre un excelente lector de nuestra escasa vida cultural. Su mejor novela, Otoño en la ciudad, conjuga sensibilidad y cultura, aparecida en 1936, se define aquí como el hilo roto. José Ballester, no quiso molestar y cuando llega el momento de abandonar la actividad periodística, su razón de vida, se inclina, pero no se vence, poco a poco va cediendo hasta que desaparece. Hay un momento mágico en el libro que es el relato del encuentro en el sueño entre José Ballester y su yerno José López Rico.

Asomarnos a la intimidad de la cocina y sus habitantes, el espacio de la casa de su niñez, los primeros estudios, el primer escrito, sus oposiciones al cuerpo de correos, las triquiñuelas de que se vale para sortear las pequeñas torturas que el régimen médico le impone, visitar el arcón del pasado, no son un ejercicio de voyeur, por el contrario, recorremos esa intimidad que no suele aparecer en las biografías.

Aparte de documentos gráficos, fotos, autógrafos, dibujos y textos, unos inéditos, otros difíciles de encontrar, el libro incluye una relación cronológica de la obra de José Ballester, también una nota biográfica de aquellos con los que ha mantenido correspondencia.

Dedicado a sus familiares, López Rico, ha hecho un libro imprescindible para quienes hubiésemos querido compartir algunos ratos con D. José Ballester.


José Luis Martínez Valero

sábado 27 de junio de 2009

Una pequeña flor tardía

A Blas Estal


Al compañero Blas hoy me refiero,
que en sus pinturas vive y eterniza,
y la cruda existencia diviniza,
en sus poemas de corte tan sincero.

Blas, que como el otro Blas, el de Otero,
lidiaste con tus versos una liza,
intentando reducir a ceniza,
lo malo que encontraste en tu sendero.

Gran artista y poeta en mi memoria,
querido compañero en mi recuerdo
y fiel componente ahora de mi historia.

Hoy se me permitió que te ofreciera
esta pequeña flor, mustia y tardía,
con mi afecto y admiración sincera.

Carmen Martínez Falla