“Tú
y yo, amor, a caballo, por las suaves
laderas de un crepúsculo dorado.”
laderas de un crepúsculo dorado.”
(L.A.de
CUENCA)
Mientras
tus labios me susurran al oído,
Observo
atento
el
mínimo movimiento del bosque,
de
cada hoja que vira buscando la luz.
Tú
me susurras con voz que arde
pero
no puedo detenerme a escucharte
ni
a mirar las estrellas en tus ojos.
La
luna se ha escondido
y
las hadas permanecen ocultas
con
sus alas hechas girones.
La
niebla blanca nos protege.
Galopamos
durante la noche
por
las suaves laderas del crepúsculo,
sin
ser sentidos
por
los seres de la oscuridad.
Te
he despertado con un beso
de
tu profundo letargo
de
cien años.
La
rueca sigue girando
dentro
de los muros
de
un palacio dormido.
Tú
y yo, cabalgando lejos,
en
busca de un nuevo horizonte.
¡Sigue
susurrándome al oído
para
no dejarte vencer
por
el sopor del sueño,
mi
Bella Durmiente!
Cuando
los vasallos despierten
descubrirán
que te has ido.
Se
abrirán postigos y ventanas,
se
despertarán las enredaderas del castillo
y
la luz entrará en todos los aposentos.
Tú
serás una princesa liberada de su maleficio.
Irel
Faustina Bermejo
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