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viernes 29 de julio de 2011

Vábienlor. Los Bifaces, de Javier Vidal-Quadras



Javier Vidal-Quadras
Vábienlor. Los Bifaces.
Barcelona, abril de 2011









Hace unos años leí la novela “Vábienlor, las últimas palabras” y gracias a ella entablé amistad con Javier Vidal-Quadras, amistad que ha continuado a lo largo del tiempo y que ha motivado que, recién publicada la continuación de aquella novela, él haya querido que yo la leyese. Me reafirmo en las impresiones que tuve entonces, que encuentran sus raíces en lo que piensa y siente el autor: una de las ideas principales de su novela, ya una saga, es que la mejor manera de luchar contra el mal es practicar el bien.

Javier nos reitera que una de las características del sistema de valores o virtudes es que es sistémico y armónico, es decir, que un solo valor no lo es, necesita a los demás. Si la primera novela estaba basada en las cartas que escribió a su hija mayor cuando se ausentó de casa para viajar a Irlanda a estudiar inglés, la presente entrega está dedicada a su hijo menor, Pablo, que aún no había nacido cuando aquella, Vábienlor las últimas palabras, vio la luz por primera vez. Pero también nos hace saber en la dedicatoria que han tenido mucha influencia, para ver esta continuación publicada, sus otros seis hijos, y sus ahijadas, y amigas y amigos que siempre le animaron a continuar las aventuras de María y su familia.

Ya todos sabemos qué es Vábienlor, qué es Vámalor, qué es Humania; que Eghon, oculto en el fondo de todo viniente aspira al poder y a la dominación, y para eso se apoyará en Enves, Iraes, Guls, Luhus, Vaghans y Avars, es decir, los heptarcas de Vámalor, y en un buen número de esclavos. Y casi con él, con Eghon comienza la nueva historia que nos plantea Javier: María y su familia han regresado a Humania y, como todo aquel que visita Vábienlor, se olvidan de su estancia en él, excepto Clara. Fue la niña quien se trajo del mundo de los valores lo que creía una canica, pero que es una cápsula eghónica, a través de la cual Eghon planea invadir Humania, y nada mejor que hacerlo a través de la familia del viniente-más, de aquellos que acudieron en ayuda de Chares y le frustraron su anterior intento de dominación.

Eghon desvela sus pretensiones en Théoglor, durante el concurso de saltadores, lo que provocará que desde Vábienlor intenten volver a traer al viniente-más, pero en Humania su actuación es más sigilosa: está iniciando su invasión a través de la propia familia de María, y únicamente Clara parece percibir los Bifaces que la rodean, y en el primero que lo descubre es en su padre.

Una novela donde, una vez más, Javier Vidal-Quadras reflexiona sobre el mundo de los valores, la importancia de la familia, de mantenerla unida y de lo fácil que es caer en poder de Eghon y sus heptarcas.

Para los nuevos lectores de la saga, que no hayan leído la primera entrega, podrían representar un pequeño problema los tres o cuatro primeros capítulos, pero el autor lo ha previsto, y nos ayuda a entender su mundo con un apéndice (lexicon) con el vocabulario completo del mundo de Vábienlor.

Reitero mi opinión de aquella primera entrega: es una novela que a nadie dejará indiferente.




Francisco Javier Illán Vivas

jueves 28 de julio de 2011

Francisco Javier Illán Vivas entrevistado para La Verdad de Murcia



Manuel Herrero entrevistó a nuestro director, Francisco J. Illán Vivas, para la edición impresa de La Verdad, publicada el pasado lunes, 25 de julio; entrevista que también puede verse en la edición digital del diario murciano, dentro de la sección La gacetilla, y en ella hablan sobre la reedición de La Maldición, con Eldalíe Publicaciones, y otros aspectos de su actividad creativa y lectora.

La entrevista en La Verdad digital puede leerse pinchando AQUÍ.

miércoles 27 de julio de 2011

A un granado en invierno

(Entre Murcia y Elche)

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¡Qué diligencia tan viva!

Jorge Manrique


Ojalá pudiera retratar la calma

de los granados en invierno,

el abanico negro, cerrado, de sus muñones

descansando en el aire:

la vida intensa de su muerte aparente,

la tristeza de madera de sus ojos

comidos por la tardanza del sol.


Cuando retumba un trueno,

arrugando las orillas de los huertos,

las higueras se tensan

en rudos relámpagos de verdores;

los frutales cambian de postura,

y rompen hacia el cielo

una segunda lanza de azahar;

mientras tú, granado, vas hacia tus espinas,

hacia dentro de tus ramas: por ti te adentras.

Qué cárcel pesa menos que la tuya,

qué muerte se resuelve en más renacimiento.

En tu serena aceptación lee

el poeta su propia melancolía.

Hace de ti una imagen

de su dolor, y pasa,

como todos pasamos.

Pero, por el camino,

el que se aleja lleva

una luz en el hombro.


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Eras tú el dador;

nosotros los paseantes, los pobres,

los necesitados de esperanza.

Eras tú el dador

de la promesa de renacer.

De tus granadas secas

brotarán unas alas.

Qué diligencia tan viva.

Misterio, tan granado.

Fulgencio Martínez

martes 26 de julio de 2011

Evocando a Dvorák

Ahora llega inquieta a la memoria

la necesaria urgencia de su música,

ahora que camino solo y desvelado

entre todos los árboles que aroman

ese bello jardín que imagino único,

quizás elegido para unos conciertos

que procuraban largos e indelebles,

resonando hoy en el cielo templado

de las suaves noches de septiembre.

Ya regresa a nosotros la armónica

emoción del amanecer americano,

la danza sinfónica de las infinitas

praderas, que Dvorák llevó desde

el paisaje melancólico y oscuro de

Chequia, como la raíz de una tierra

única para un patria recién nacida,

y así se nos regala, generosamente,

su apasionada vocación, la belleza

siempre increíble y evocadora, de

la gran Sinfonía del Nuevo Mundo.


Eduardo López Pascual

lunes 25 de julio de 2011

Retrato en sepia

Quisiera evitar las antinomias,

decir no hay fábula en el bosque,

este es mi bosque.


Pues todo es cruel por incompleto,

hasta el pronóstico certero

del mar que es un morir,


o esa tarde de invierno cuando

otra vida, otras ingles,

otras uñas sucias…


Pues todo es real, nada ilusorio,

me pregunto si este frío,

si este paisaje, si esta ortiga seca

y el silbato de caza…


Pues todo es real y ya se mece,

mendigo entre mendigos,

alucinado en sí,


como quien afirma,

y duda, y cree,

capaz de recorrer y no nombrar,

como quien no siente

y no cree,

y no delira.


Ese tipo de cosas.


Alberto Infante Campos

viernes 22 de julio de 2011

Pensamientos a mi manera, de Amparo G. Martínez-Aranda



Amparo G. Martínez-Aranda
Pensamientos a mi manera
Murcia, enero de 2011









Amparo G. Martínez-Aranda se dio a conocer hace cinco años, con el libro “De la claustrofobia a la ansiedad”, pero creemos que es ahora, con estos 208 pensamientos a su manera donde encontramos el alma de la autora nacida en Peñas de San Pedro.

Llegué al libro que estamos comentando por una casualidad, si puede llamarse así a mi continua búsqueda de novedades de autores y autoras que me rodean, en el establecimiento de prensa y revistas ubicado en el recinto comercial de La Alcayna- ¡cuánto echamos de menos a Jesús Maeso Monje los que investigamos estos brotes emergentes de literatura escrita en la Región de Murcia!-, y me regalé la vista con una breve lectura de algunos de sus pensamientos, que me parecieron casi reservados para leer en la intimidad. Para sorpresa mía, encontré la dirección de correo electrónico de la autora en la solada de la portada, y me retrasé el tiempo que tardé en llegar a casa para escribirle.

Ya la fotografía de portada nos avisa de lo que vamos a encontrarnos, pues veremos, a través de una pequeña rendija en el muro, una realidad casi distorsionada, verde, pero que no podremos precisar de qué se trata.

Reflexiones muy personales de la autora, como destaca el prologuista, José García Martínez, que conectarán con el lector o lectora, unas veces por que ha vivido momentos semejantes, otras veces por rechazarlas de pleno: lacónicos pensamientos, emotivos, sinceros, otras veces muy perspicaces y, otras, una parte muy íntima, espirituales, buscando el sentido de todo cuanto la rodea.




Francisco Javier Illán Vivas

jueves 21 de julio de 2011

El quebrantahuesos


Supone una profunda frustración observar al quebrantahuesos descender tan estilizadamente, agarrar el hueso con sus poderosas garras, batir con vigor las alas para alzarse hasta el cielo, soltar desde allí el hueso para descender de nuevo y comprobar que el hueso intacto ha vuelto a blandear sobre este páramo de esponja amarilla.

Una y otra vez, y si se desplaza en su insistencia un poco hacia la izquierda del cielo, vuelve a caer el hueso sobre el paraje de los juncos crecidos sobre el caucho. Este páramo purpúreo. Y si por cualquier razón ejecutó el ascenso sobre una coordenada septentrional, otra vez el hueso blandear sobre la plana estepa de corcho rosada. Descender de nuevo, en picado o planeando para intacto de nuevo el hueso. Este blando opresor y sordo.


Quizá el quebrantahuesos haya desistido y ya no busque la mella, el filo, la arista, o quizá el quebrantahuesos ya no discierne lo duro, aquí sobre este nausea radiante; si será lo púrpura lo duro, si será lo amarillo lo duro. Parece imposible el despeñamiento, sin roca divergente, sin peña puntiaguda y sobre tanta carencia de canto y exceso de ángulo arrebatado.

Esta angustia de entraña incrustada, es contemplar al quebrantahuesos en su afán, sin saber si se pregunta: ¿qué será lo blando? En este espasmo de incongruencia de páramo purpúreo, de esponja amarilla, de landa, de blando, de blando, de caucho violeta al fondo, si será el quebrantahuesos lo duro y él no se lo pregunta. En esta cruel y nauseabunda alianza, de lo romo y lo blando, de no sombra y del no eco. Y, ¿qué pasará con sus huesos cuando el ave tenga que morir?


Mientras tanto ha vuelto ha descender y con sus garras agarró el hueso, desde el cielo, otra vez lo ha vuelto a soltar.


Damián Cordones


miércoles 20 de julio de 2011

¿Por qué no votar por la salud pública?


En reiteradas ocasiones los medios de telecomunicación, suelen ser utilizados para un fin insondable, maquiavélico; esta característica, indefectiblemente, no cancela la importancia de las informaciones que deben ser transmitidas.

Hace un par de días en la Residencial Arica del distrito de San Miguel, se proyectó con contundencia la voz de una actriz muy conocida, perturbando la tranquilidad de parte del condominio y vecindario. Este acontecimiento correspondería, entiéndase, a una onda frecuencia (como toda nueva tecnología, “de punta”). Y está de más afirmar que no era la aparición de un ente metafísico proveniente del plano astral con el fin de corromper la ecuanimidad, ya sea de un determinado individuo o conjunto de individuos. La teoría que surge es que efectivamente estaba destinado a un receptor (o receptores, dado en la praxis). Del mismo modo, gracias a las telecomunicaciones, opera el famoso “chuponeo” que devela las conversaciones de diversas personas importantes en relación a sus posiciones políticas, perspectivas; claro está que si se aplica este método a un político corrupto, se torna bien empleada la función por la cual se debió crear. El vacío surge cuando una persona, dueña de esta tecnología, utiliza este medio para fines enteramente personales y maléficos. A fin de cuentas, el hombre la creó y, este, comete errores que empañan su condición.


Una frecuencia se define de la siguiente manera: “magnitud que mide el número de repeticiones por unidad de tiempo de cualquier fenómeno o suceso periódico”. Así, esta, propia de los medios de telecomunicación, puede ser accionada por un individuo y, un individuo como tal, puede infringir daño, cometer errores gravísimos. Este pitido para nosotros, onda de frecuencia científicamente, puede golpear, transmitir (codificar y decodificar). Inclusive, por fácil deducción llegar a lo más profundo del aparato auditivo, originando fenómenos como “tinnitus” o “acúfenos” (de los cuales ya se habla que podrían provenir de alguna fuente externa; se justifica con la teoría del estrés tecnológico). Por consecuencia, hacer un mal de uso de las tecnologías características de un medio de telecomunicación, puede originar diversos padecimientos, como ya afirman algunos médicos. La dubitativa se encuentra en que si estos pitidos (ondas de frecuencias) que llegan al oído, son provocadas por un desperfecto del aparato con tecnología artificial o manipulada por un hombre “x” que como afirma el axioma ya acostumbrado, es su propio enemigo.


Por todo lo argumentado, regular los medios de telecomunicación, sus tecnologías (las cuales también son disfrutadas, claro que en mayor magnitud por un operador de servicios de telecomunicaciones como TELEFÓNICA) y más, se torna fundamentalísimo para el bienestar del pueblo. Hipótesis afirman que si estos pitidos-frecuencias desaparecen o, en su defecto, regulan, se disminuiría el estrés y los padecimientos que poseen a esta llamada enfermedad del siglo XXI, como síntoma; en ciencia es equivalente a apagarlas (se tendría que hallar el origen específico) o construir un campo magnético de la misma fuerza que anule todo. En conclusión, controlar las antenas, satélites, aparatos característicos de los medios de telecomunicación en general, conllevaría tranquilidad a la fuerza vital del cuerpo humano. Bueno, ya es una realidad que la rama ecológica-ambientalista en las ciencias sociales está cobrando cada vez más preponderancia.


Con respecto a los medios de telecomunicación, el ilustre candidato Alejandro Toledo, muestra una posición de tolerancia; Pedro Pablo Kuczynski, apoya al “chuponeo” (bueno, deberíamos dilucidar a todos los tipejos que manejan estos aparatos); Keiko Fujimori, por el uso estratégico de los medios de comunicación que se dio en el gobierno de su padre, debería, de alguna forma, reivindicarse; y Ollanta Humala, busca o debe buscar, regularlos. En conclusión, mi voto va para quien descubra la proveniencia de las ondas de frecuencias (“acúfenos” o “tinnitus” externos para la teoría cientificidad del consciente) y por qué afectan cada vez más –mucho más- a diversos compatriotas. En relación a estos padecimientos en el mundo, la incumbencia recaería, obviamente, a los países determinados. También juzguemos nuestro voto, tomando como punto de referencia, la salud pública.


Una teoría –algo arriesgada- que planteo es que el estado pueda poseer, en un futuro mediato, control sobre todos los medios de telecomunicación, para evitar usos inapropiados y hasta malignos. Así el filtro moral y ético controlado por el ANDA también podría instruir y revisar las acciones de los operarios, sobre todo, para evitar usanzas inadecuadas.


Raúl Allain

martes 19 de julio de 2011

El modo poético de habitar


Un poema nace a partir del peculiar diálogo silencioso que tiene lugar entre la subjetividad creadora del poeta y el aparecer objetivo del mundo. Ese diálogo se origina como fruto de un encuentro misterioso, donde el mundo comienza a decirse desde una íntima cercanía con su contemplador. Ahí la quietud silenciosa se torna palabra ante la mirada expectante del poeta, una mirada que busca el refulgir primero de lo nuevo en su propio germinar. A este respecto, Pablo Neruda hablaba en estos términos de la condición humana de la poesía: “Al abrir los ojos con la luz del nuevo día, busco la primera mirada de la vida (…) …querría tener esta mirada que es para mí una ley primordial de mi poesía.”


De este modo, el poeta traduce con su palabra el silencio original de las cosas, ese decir callado de lo real donde está contenido el misterio de todo lo que nos acaece sin más: “Y hubiese cantado hasta hacerme una con la noche, hasta deshacerme desnuda en la entrada del tiempo.” Alejandra Pizarnik.


Asimismo, la intencionalidad original del poeta trabaja la palabra desde una tendencia a la plenitud, que cristaliza hermosamente en un silencio irrepetible. Dicho silencio se muestra a la intuición como un atisbo del designio original que subyace en todo impulso creador, tal y como muestran los esfuerzos de los grandes poetas. “Escribí silencios, noches, anoté lo inexpresable, fijé vértigos.” Arthur Rimbaud.


Por todo ello, el lenguaje del poeta no se reduce jamás a un mero etiquetar lingüísticamente el mundo, sino a una expresión que se manifiesta desde un pleno habitar el lenguaje, en donde el poeta se expresa mediante un decir esencial que pretende otorgar nombre a las cosas de manera inicial.


En último término, el decir esencial del poeta se reduce a un modo de silencio que aspira a pronunciarse mediante la plena sencillez de la palabra. De alguna manera, podríamos decir que el poeta aspira al silencio de la palabra que nunca fue dicha. En esta línea, en el siglo pasado Heidegger nos enseñó que “Antes de hablar, el hombre debe dejarse interpelar de nuevo por el ser, con el peligro de que, bajo este reclamo, él tenga poco o raras veces algo que decir.”

Con su palabra el poeta logra dar voz a la experiencia de las cosas mediante una palabra original envuelta de silencio, que presenta las cosas aún sin ser pronunciadas. Así pues, el modo poético de habitar el mundo desemboca en un silencio colmado de plenitud donde la palabra poco tiene que decir.

De este modo, en su hacerse la poesía inaugura una apertura radical, donde las esencias se descubren sin forzar y lo poetizado alcanza la presencia en absoluta libertad.


“¡No le toques ya más,

que así es la rosa!”

Juan Ramón Jiménez




Rubén Muñoz Martínez



lunes 18 de julio de 2011

Los ilusionistas de la transgresión: identidad gay y marginalidad en las autobiografías de Salvador Novo y Reinaldo Arenas


Las autobiografías del mexicano Salvador Novo (ciudad de México, 1904-1974) y el cubano Reinaldo Arenas (Holguín, 1943-Nueva York, 1990) son obras seminales de la autobiografía gay latinoamericana. “La estatua de sal” (1998), de Novo, y “Antes que anochezca” (1990), de Arenas, son esenciales para entender la constante (re)construcción y (re)visión de la identidad gay en Latinoamérica, y cómo la marginalidad ha sido, independientemente del contexto particular del autor, una situación compartida por aquellos escritores que incluso hasta finales del siglo XX han evidenciado su homosexualidad a través de las letras, en particular mediante el género memorialístico. Es precisamente desde la marginalidad y mediante una trasgresión llevada hasta las últimas consecuencias que Novo y Arenas perfilan, y acaso exaltan y reivindican de forma inédita en Latinoamérica, un modo de vida gay en un entorno adverso, machista, autoritario.

Ambos escritores representan dos generaciones y momentos históricos diferentes (casi empalmados), dos marginalidades opuestas, dos estilos literarios particularísimos. Convergen en la posesión de un talento ingente e innegable, un espíritu aventurero, osado, y, también, un tormentoso sentimiento de culpa (“pecado”) ligado a un erotismo “distinto”. Ambos fueron víctimas y artífices de esa condición de outsider; hablaron sin ambages sobre su “diferencia” y tuvieron que asumir consecuencias terribles: Arenas una persecución cruel e interminable del régimen castrista en Cuba que lo convirtió en un marginal constante y desilusionado que se suicidó aquejado por el sida; Novo fue un personaje solitario que poco a poco transformó su famosa y aguda ironía en una acidez que incluso corroyó al personaje que creó de sí mismo, uno que terminó embebido por el establishment. Novo, como dijo su discípulo, el ensayista mexicano Carlos Monsiváis, es lo marginal en el centro; Arenas es lo marginal que permanece en los bordes.

Ambos textos se publicaron en los 90; pero su concepción es anterior. Novo, pionero indiscutible de la biografía gay en Latinoamérica, termina en 1945 la escritura de “La estatua de sal”; aunque no es hasta 1998 cuando se edita, después de más de medio siglo: en su época, y mucho más tarde, nadie se atrevió a sacar a la luz aquellas páginas desestabilizadoras que “desnudan” encuentros sexuales entre hombres de una forma directa, sin el disfraz de la ficción: penes erectos que se encuentran y penetran; besos entre labios masculinos. “Antes que anochezca” se publicó en 1990, el mismo año en que su autor, deteriorado y “sin atractivo”, decide acabar con su vida: para él no tiene sentido seguir sin la sazón de la conquista. Arenas escribió sus memorias entre 1987, cuando se le diagnostica como seropositivo, y 1990. La mayor parte de la narración refiere a aquella Cuba que el escritor disfrutó, retó, amó y padeció en cantidades desaforadas, como su sexualidad isleña: hasta 1968, según él mismo, había tenido relaciones sexuales con 5 mil hombres en la calle, la playa, el mar, albercas, baños... El placer no tenía territorio ni límites.

En el prólogo de La estatua de sal que editó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el órgano oficial que administra la actividad cultural en México, Carlos Monsiváis afirma: “Subrayo lo evidente: hay que ubicar en su momento el desafío de ‘La estatua de sal’, y no desde las jactancias de una postmodernidad informada de Stonewall, ACT-UP, Queer Studies […] En 1945, escribir (con la intención evidente de su publicación algún día) la memoria de la lujuria diferente, es un acto de valentía”. “Antes que anochezca” es también un hito en la literatura autobiográfica latinoamericana. Francisco Soto resalta en “Queer parody and intertextuality: A postmodern reading of Reinaldo Arenas’s El Cometa Halley”: “It marks an important milestone within Latin American letters for it is the first openly homosexual autobiography ever published in an area of the world traditionally know for its machismo and homophobia. Although ground breaking in its literary, historical, social, and cultural dimensions”. Arenas es el pionero formal, Novo el informal: aquí se invierten los papeles: el primero es el centro y el otro el marginal.

Arenas no sólo enfrentó al estatus con una vida trasgresora, sino que pobló su literatura con personajes gay: su disidencia, arriesgada, cínica y valerosa, fue absoluta y de ahí la virulencia con que padeció la censura y la persecución. Novo también hizo de su existencia un cuestionamiento y replanteamiento irónico de la “normalidad”: su poesía erótica y amorosa es destacable e igualmente infractora y, a diferencia de Arenas, el mexicano, a costa de sí mismo y de su obra, penetró apoyado en su admirable inteligencia al centro mismo del poder. Asimismo, hizo de sus andanzas materia literaria: la saga de “La vida en México en el periodo presidencial de…” Lázaro Cárdenas hasta Luis Echeverría (siete presidentes, 42 años) retratan desde una mirada única su propio devenir y el de un país, en especial de la alta sociedad, los poderosos y la vida intelectual de México.

Antes que anochezca y la excepcional biografía Salvador Novo. Lo marginal en el centro, de Monsiváis, incluyen fotografías. Es particularmente ilustrativo ver, por un lado, a un Novo maquillado, altivo y con un anillo enorme en la mano durante un encuentro del presidente con intelectuales en la Cámara de Diputados de México, en 1967, y, por el otro, encontrar a Arenas siempre con ropa sencilla, en ambientes modestos, dentro y fuera de Cuba, y, al final, carcomido por el sida en medio de unas puertas de madera y con esa perenne vestimenta simple. Son dos vidas diferentes que comparten un periplo emotivo y trasgresor. Sus estilos literarios también divergen: Novo fue el dueño de la “prosa perfecta”, pulcra, impecable; Arenas de una escritura lúdica, rebosante, alegórica.

Leer las autobiografías de estos escritores es una empresa muy entretenida y sorprendente. Ambos diseñaron una vida fuera de serie. Pero también es una peculiar puerta de acceso a una época y sus protagonistas. En las memorias del autor de “El mundo alucinante” (1969) y “Celestino antes del alba” (1967) desfilan un Fidel Castro casi inhumano y atroz, la contradictoria Revolución Cubana, el mítico y empobrecido ambiente rural isleño, pilares de la vida cultural cubana: Virgilio Piñera, José Lezama Lima, Cintio Vitier, y de Latinoamérica: Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez. El retrato de estos per-sonajes es benevolente o maléfico. Aquí el lector no tiene la más mínima posibilidad de permanecer indiferente.

Mientras que en el texto de Novo, dramaturgo apasionado, cronista cautivador y autor de los poemarios Nuevo amor (1933) y Dueño mío. Cuatro sonetos inéditos (1944), bulle la Revolución Mexicana con Pancho Villa, Emiliano Zapata y Francisco Madero, aparece la incipiente amistad con otro outsider genial: Xavier Villaurrutia (incipiente porque la narración sólo abarca los primeros 20 años en la vida de Novo; ambos fueron amigos casi hasta su muerte), aparece la adorada ciudad de México del autor (promesa de libertad, audacia, conocimiento), escenas de un México revolucionario convulso y vital (en el norte y en la capital, sitios donde vivió Novo).

A pesar de tratarse de existencias tan disímiles, en las autobiografías se encuentran rasgos comunes: ese sentido trasgresor; una relación cercana y compleja con la madre y, en general, las mujeres de la casa, muy especialmente la abuela; un enfrentamiento constante con la marginalidad; un contexto social homófono, violento, en transición; una habilidad literaria reconocida y una sexualidad rebosante que convive con un sentimiento de culpa o “pecado” por esa condición de ser “diferente”. Arenas y Novo decidieron vivir su sexualidad distinta en un ambiente adverso, lo consiguieron y lo disfrutaron/padecieron; pero no pudieron apartarse del todo de esta idea de que, en el fondo, algo estaba mal. No obstante, la metamorfosis estaba en marcha; no nada más la transformación individual de los autores, para quienes salir del clóset representó una postura ante la vida, una, por cierto, nada sencilla en la época en que vivieron; sino una metamorfosis, en muchos sentidos impulsada por ellos (y otros autores como Villaurrutia, Carlos Pellicer, Elías Nandino) en la manera en que la propia cultura, literatura e identidad gay en Latinoamérica se concebían y cambiaban. Su transformación personal sería motor de un cambio más profundo y amplio: el de una sociedad enfrentada al reto de reconocer, pensar y convivir con menos hipocresía con “lo distinto”.

Una palabra aparece poco aunque de una manera arrolladora en ambas memorias: libertad. Porque es precisamente lo que anhelan ambos autores. La libertad no sólo de ser, sino de poder hacer sin obstáculos. Pese a ese sentimiento de culpa que llegan a experimentar, tienen claro que la marginación, cesura y persecución (en especial en el caso de Arenas) no es una situación “normal” ni mucho menos entendible. Y ellos mismos se ponen como carne de cañón para defender y lograr esa libertad. Una que, en el caso de Novo, llegó a ser materializada en aquella ciudad de México ingente a la que amó, y en Arenas en aquellas tierras rurales empobrecidas y anárquicas. La sexualidad también era un terreno para defenderla: la de elegir y gozar el objeto del deseo, aunque fuese tras puertas clausuradas y aun a costa de la propia integridad. Sus desafíos deambulaban entre la plenitud y el vacío. Al final los escritores se liberaron, a costa de sí mismos: sus autobiografías se publicaron póstumamente, una vez que su vida-resistencia había concluido.

Novo y Arenas murieron siendo, por así decir, unos marginales en libertad. Lo consiguieron con letras “triunfalistas”, aunque también desgarradoras. Monsiváis aseguró que “en México, con Novo empieza de modo ostensible la sensibilidad gay”. Entonces, la identidad gay latinoamericana ha abrevado, consciente o inconscientemente, de estas vidas que quedan como materia de reflexión y acaso guía para cuestionar un sistema que aún es machista, opresor, manipulador.


sábado 16 de julio de 2011

María Wonenburger, "La Sabia"


Le apasionan hasta tal punto “los números” que incluso, según confiesa una de sus amigas, tiene predilección por una determinada marca de bombones que incluye ecuaciones en su envoltorio.

María Josefa Wonenburger Planells (Montrove, Oleiros, A Coruña, 1927) asegura que desconoce si su vida ha sido atípica pero que en cualquier caso es la que ella ha querido vivir. Esta mujer, para la que su mayor orgullo son sus alumnos, tenía claro a los cuatro años que quería ser matemática.

Cuando María Wonenburger inició su carrera (obtuvo en 1950 el título de Licenciada en Matemáticas por la Universidad Central de Madrid) las mujeres científicas eran “una rareza”. Esta circunstancia no fue obstáculo para que se le concediese la primera beca Fullbright de Matemáticas otorgada por la Comisión de Intercambio Cultural, Educativo y Científico entre España y los Estados Unidos. Luego vendría su fructífero periplo por universidades americanas y canadienses hasta que en el año 1983 regresó para cuidar a su madre enferma.

Coincidiendo con el año del centenario de la Real Orden que permitió a las mujeres españolas matricularse en la universidad, María Wonenburger, fue investida el pasado día veinte de septiembre, Doctora Honoris Causa por la Universidade de A Coruña durante la apertura del curso universitario. Un acto académico que contó por primera vez con una mujer para impartir la lección inaugural, Ana Dorotea Tarrío Tobar, vicerrectora de Organización Académica de la UDC.

Ana Dorotea Tarrío Tobar es la autora, junto a María José Souto Salorio, de “María Josefa Wonenburger Planells. Mujer y matemática”, artículo publicado en La Gaceta de la RSME (Real Sociedad Matemática Española, organismo del que la insigne matemática es socia de honor) y gracias al cual la figura de la algebrista coruñesa se hizo más cercana. En el artículo además de una extensa documentación técnica es posible realizar un recorrido, ameno y completo, por la biografía de la profesora Wonenburger: “Los primeros años de la vida de María Wonenburger Planells transcurren con algunas importantes diferencias con respecto a las muchachas de su edad. Entre otras cabe mencionar que, a pesar de ser mujer en una época donde su condición femenina podría ser un obstáculo para realizar estudios universitarios, María Wonenburger siempre recibió el apoyo de su familia para llevar a cabo sus deseos… Desde pequeña María percibió la inclinación de sus padres a que estudiase una ingeniería para poder así perpetuar el negocio paterno. Sin embargo, desde sus primeros recuerdos, María sabía que quería dedicarse a las Matemáticas y este deseo fue respetado y apoyado en el seno familiar pensando que al finalizar estos estudios completaría su formación con unos estudios de Ingeniería Industrial, como era el sueño de su padre. Hay que destacar que cuando María Wonenburger ya estaba en la Universidad realizando sus estudios de Matemáticas, no tenía claro que siendo mujer y en la época en la que se encontraba pudiese llegar a ser una docente o investigadora universitaria.”

Lo cierto es que María Wonenburger, que ya en su entorno familiar era denominada “la sabia”, llegó a ser docente e investigadora universitaria. Está considerada como “la madre” de la teoría de Kac-Moody (en colaboración con su principal alumno R. Moody es la autora de las álgebras de Kac-Moody, utilizadas desde la década de los setenta hasta la actualidad en aplicaciones físicas y matemáticas) y cuenta con más de una veintena de artículos publicados en diversas revistas científicas de reconocido prestigio internacional además de haber dirigido ocho tesis doctorales.

La algebrista y matemática se vio obligada a continuar su carrera fuera de España porque en su propio país no se reconocía el doctorado que había cursado en la Universidad de Yale. Una negativa que podría estar relacionada, según el economista Xabier Pita Wonenburger, con las escasas simpatías de la familia Wonenburger por el régimen de la época (Julio, el padre de María y Juan, su tío, habían mantenido “relaciones políticas y de amistad” con Casares Quiroga).


Una mujer luchadora y entrañable


María Wonenburger pertenece a una estirpe de mujeres fuertes y luchadoras. El perfil que de ella dibuja su sobrino, el economista Xabier Pita Wonenburger, en la conversación que mantuvimos sobre esta insigne científica, es el de una mujer muy inteligente y con una gran capacidad matemática, una auténtica “enciclopedia viviente”, una pionera que supo abrirse camino en una época difícil y en un mundo, el científico, vedado a las mujeres de su generación; pero también describe a una mujer cercana y dulce, cariñosa, entrañable, humilde y discreta, visión que comparten quienes la conocen, una profesora capaz de hacer fácil lo difícil y que siempre consideró a sus alumnos como parte de su familia.

Habla Xabier de una mujer que, a sus 87 años, pasea con sus amigas por el Paseo Marítimo de A Coruña para posteriormente reponer fuerzas en una de las chocolaterías con más solera de una ciudad en la que la fundición de los Wonenburger, (Julio, su padre era ingeniero) dejó su huella en edificios tan emblemáticos como el Kiosco Alfonso, el Edificio de la Terraza y la verja modernista del Puerto entre otros.


Desde la política y la docencia


El punto de vista de dos mujeres que se mueven en ámbitos tan dispares como son la política y la docencia constata la relevancia de la figura de María Wonenburger:

Mar Barcón (Licenciada en Medicina y Cirugía, concejala en el Ayuntamiento de A Coruña, viceportavoz del Grupo Parlamentario Socialista) y Carmen Delia García-Fuentes (autora de La formación en las organizaciones a través del autoconocimiento y la orientación, vicepresidenta de la Asociación Española de Orientación y Psicopedagogía, doctora en Psicopedagogogía y profesora titular de la Universidade da Coruña, Área de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación), coinciden en su alta valoración del nombramiento de María Wonenburger como Doctora Honoris Causa de la UDC.


Para Mar Barcón: “La valoración no puede ser más que positiva, por lo que supone de reconocimiento de una mujer científica que, además, se dedicó a una disciplina como la matemática cuando esto era excepcional en una mujer. Además coincidió con la primera lección inaugural leída por una Profesora, en los veinte años de vida de la UDC, lo cual no dejaba de ser, también, un hecho para celebrar”. Valoración positiva que comparte Carmen Delia García-Fuentes: “Considero que es un reconocimiento muy merecido a una ilustre coruñesa cuya trayectoria científica lo justifica sobradamente. En síntesis una mujer límite superior en ámbito académico. En el ámbito personal, de su biografía se deduce que sabe aplicar su inteligencia con método, tenacidad, laboriosidad, altruismo, dedicación a la familia, en fin una forjadora de valores”.

Habla también la viceportavoz del PSdeG de los significativos avances que se han producido en los últimos años: “Es obvio que las últimas décadas han sido las de la igualdad en España. Tanto en lo que se refiere a modificaciones legales, como la Ley de Igualdad, las reformas del Código Civil, la Ley integral contra la violencia de género... Asimismo las decisiones políticas han permitido avanzar en cuanto a la visibilización del trabajo femenino, de la mujer en puestos de responsabilidad y de las políticas de género como una prioridad en la agenda política”.


Destaca Carmen Delia García-Fuentes la importancia de las actuaciones conjuntas en materia de igualdad: “Las Conferencias Mundiales sobre la mujer con muchos aciertos y algún desacierto han contribuido a este avance. Todo el marco institucional mundial y europeo es necesario aunque se ve eficazmente incrementado por el trabajo de Fundaciones, ONGs e iniciativas personales de carácter laico o cristiano, que pretenden hacer crecer al ser humano como persona con sus actuaciones”

Reconoce Barcón que persisten las diferencias significativas en la actitud entre políticas (mujeres) y políticos (varones) y que aunque la tendencia es no seguir los estereotipos clásicos de “lo femenino” y “lo masculino” no es oro todo lo que reluce:

“Es normal y creo que hasta saludable que haya diferencias entre las formas de hacer política entre mujeres y hombres. Yo nunca he creído que participar en política o asumir responsabilidades públicas tuviera que significar adoptar un perfil masculino ni comportamientos o formas manidas de ejercer la política. Pero falta mucho por cambiar.

Las mujeres todavía no son juzgadas con los mismos parámetros que los hombres; sus errores son juzgados con más dureza y ellas son "recambiadas" más a menudo. Es mucho más común una carrera longeva en el caso de un hombre que en el de una mujer. Y qué decir de los horarios de reuniones políticas, tan alejadas de la posibilidad de conciliar con las responsabilidades familiares o incluso de la percepción distinta cuando una mujer accede a un cargo (alguien recuerda que a Pepe Blanco le hayan preguntado alguna vez cómo concilia sus responsabilidades políticas con el cuidado de sus dos hijos pequeños?.. a las Ministras con hijos es lo primero que se les plantea)” Los cambios han sido muchos y notables, pero queda todavía mucho para avanzar en el ámbito de la igualdad real. Tenemos, por cierto, una ocasión magnífica de hacerlo en las medidas que se tomen para ayudar a salir de la crisis económica que precisan líneas innovadoras y, desde luego, aprovechar el talento del conjunto de la sociedad.

Puntualiza Carmen Delia García-Fuentes que en el ámbito de la educación “Es preciso que existan estas diferencias individuales, se supone que cada profesor pone lo mejor de sí mismo en el acto docente y educativo” y que como consecuencia de los cambios producidos en el criterio pedagógico en estos últimos años “El principio de igualdad de oportunidades se ve guiado por la aspiración a una educación integral. En la última década está generalizada la llamada coeducación en la etapa evolutiva 6-18. La importancia de las investigaciones de Blanchard (2003), Brizedine, (2007) y (2010) y Sax Leonard (2010) entre muchos otros, fundamentan esa educación integral y amplían hasta la educación diferenciada como signo de la pluralidad de los tiempos”


Los reconocimientos tardíos


María Wonenburger es una matemática y algebrista cuyos logros son reconocidos desde hace décadas por la comunidad científica internacional pero que no gozaba del mismo reconocimiento en su país (era habitual que los algebristas gallegos citasen su nombre sin saber su lugar de origen). En un Congreso Mundial de Matemáticas celebrado en Santiago en la década de los 90 al que acudieron afamados algebristas de diferentes países ella no estuvo presente. Los asistentes, que no daban crédito a su ausencia, se preguntaban por qué una científica de su categoría y con la misma nacionalidad que los anfitriones no había acudido a aquel congreso, la respuesta era sencilla: nadie la había invitado.

A partir de ese momento las miradas se volvieron hacia ella y empezaron, aunque tímidamente, los honores públicos.

Pilar Rego

viernes 15 de julio de 2011

Los patos de Central Park, de Marina Fernández Bielsa



Marina Fernández Bielsa
Los patos de Central Park
Alfaqueque Ediciones




Cieza, marzo de 2011

Diana es una joven que cuando conecta con alguien con el que comparte inquietudes, gustos y obsesiones literarias fuera de lo común, su emoción inicial se ve frenada por una desconfianza que se vuelve desasosiego si esa persona se interesa por ella en aspectos extraliterarios (Pág. 26), ya que inmediatamente piensa en Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, quien, como ella, veneraba la novela de J.D. Salinger “El guardián entre el centeno” y adoraba a su antihéroe, Holden Caulfield, ese mismo que descubre que no hay ningún guardián que nos salve del abismo que se extiende tras el campo de centeno. Y que es necesario atravesarlo para crecer, aunque crecer signifique vagar (Pág. 24-25).

Pues yo he sentido esa especie de desconfianza al conectar, desde la segunda página, con la novela de Marina Fernández Bielsa, no por que, como su personaje, creciese en los 70 del pasado siglo, que me tocó hacerlo un poco antes, pero sí por que leí esa novela, me pregunté dónde iban los patos de Central Park en invierno y no tuve más remedio que ver las series Marco, Vikie el Vikingo, Mazinger Zeta, Orzowei, La casa de la pradera y otras que nos marcaron.

Nuestros caminos, afortunadamente, se separaron cuando ella reconoce que nació en Madrid y no en el Mediterráneo. Por eso ella sabe que en la ciudad con playa, donde ha encontrado trabajo como periodista, no encontrará lo que está buscando (Pág. 16).

Marina Fernández Bielsa ha escrito, en efecto, un libro intimista y reflexivo, en primera persona, muchas veces casi un monólogo, compartido otras con la lectura de sus propios diarios, de las cartas que escribió o que recibió, de los correos electrónicos, o de los SMS; un libro, que conectará con el lector o lectora que haya crecido con aquellas series, o con Barrio Sésamo, o con la primera emisión de Verano Azul; con las viejas canciones- ya de color gris- de Ismael Serrano, de Radio Futura, o de los inevitables Joaquín Sabina y Juan Manuel Serrat.

Un libro de esa generación mileurista y engañada acerca de sus posibilidades. Que se iban a comer el mundo y el mundo acabó por devorarlos (Pág. 8), no se trata de esta generación perdida que ahora lucha por encontrar su lugar alrededor del movimiento 15M, no. Más bien esa a quienes “creo”, “quizá” y “tal vez” son las expresiones que mejor les definen (Pág. 9).

La protagonista siente que toda esa vida de la que tanto espera en la ciudad con playa se le desmorona cuando Rebeca, tras ocho años de silencio, le habla de un accidente del que no habría querido enterarse nunca (Pág. 32). Entonces los recuerdos regresan como lápidas al presente, y se ve obligada a crecer, como Holden Caulfield, con diez años de retraso.

Óscar y Rebeca, su inquebrantable primera amistad, que no soportó los golpes de la vida; la relación casi destructiva que mantiene con Miguel, o con Víctor, todo viene al momento presente, cuando, ahora sí empieza a saberlo, desde el futuro las cosas se ven más claras (Pág. 24).

La novela de Fernández Bielsa es también un libro de esa soledad de los adioses inevitables, adioses a las ilusiones, a las esperanzas. Por que, cuando ya te sabes las respuestas de la vida, te cambian las preguntas (Pág. 88). De asumir el fin de los sueños adolescentes, como comentaba antes, aunque sea con diez años de retraso (Pág. 94).



Francisco Javier Illán Vivas

jueves 14 de julio de 2011

La estética del desamor en la poesía contemporánea



La poesía contemporánea viene sufriendo mutaciones constantes que dificultan enormemente la sistematización de la misma en cuanto a temas, estéticas y modas. Sin embargo, sí podemos detectar varios rasgos comunes en la producción general de diversos autores, hasta el punto de considerarlos tópicos de la poesía contemporánea, como lo fueron en su momento los tópicos del “Ubi sunt”, “Carpe diem” y otros similares que sirven, por ejemplo, para entender mejor la historia de la literatura.


Numerosos autores han abordado este tema y este deseo de explicación del sistema poético actual. Desde el punto de vista estético, el profesor Luis Beltrán Almería nos ofrece una interesante lectura de la “poesía moderna” en un reciente artículo titulado “Encrucijadas de la poesía”; lo hace desde el punto de vista de la disgregación del mundo antiguo, posibilidad que plantea numerosas posibilidades de lectura. Desde otro punto de vista, uno de los autores que más claridad han aportado en este sentido es Domingo Sánchez-Mesa, que en su antología Cambio de siglo (2007), propone once puntos esenciales para comprender los caminos por donde circula la poesía contemporánea, o al menos, gran parte de ella. Podemos pensar que la claridad que nos ofrece puede deberse al medio donde encontramos este catálogo, es decir, en una antología, donde ha habido, por tanto, una necesaria selección de textos. Más en concreto, en el texto “Sin foto de familia. Ensayo de radiografía de la poesía del cambio de siglo”, el autor pretende señalar “cualidades o características más interesantes de las voces poéticas aquí señaladas”, así pues, encontramos una serie de rasgos que nos pueden dar pistas valiosas sobre el tema que nos ocupa y, en general, una mayor comprensión de la poesía de nuestros días. En cualquier caso, a pesar de contar con la limitación de que estas características parecen ser atribuibles, en principio, sólo a los autores que figuran en la antología, creemos que son extrapolables a gran parte de la producción poética de nuestro país. Intentaremos trazar a continuación algunos puntos capitales para la comprensión de la poesía contemporánea en torno al tema del amor, o más bien, del desamor.


Si en otras épocas de nuestra historia literaria, la poesía tenía su razón de ser en el amor, la denuncia, la búsqueda de belleza, la huida o la libertad, es decir, los ideales que alimentaban su esencia e identidad, hoy, los ideales han cambiado sustancialmente, tanto como nuestros modos de vida y nuestras sociedades. Esta es una de las múltiples razones del desencuentro entre el gran público –la mayoría lectora o no, pero educada en una clara concepción canónica de la poesía con una serie de temas determinados y desarrollados de un modo concreto- y la gran parte de la poesía que hoy se produce y que, por esta misma razón, no puede llegar con eficiencia al lector por la simple razón de que no la entiende o no la considera poesía, aunque esto es otro tema también de notable interés.

Uno de los mayores tópicos en relación con la comprensión de la poesía en general, es que esta habla de amor, de hecho, durante siglos, la poesía ha sido el lenguaje del amor y uno de los grandes temas líricos, no en vano, todavía hoy, diversas campañas publicitarias anuncian en televisión que tras un pago, el interesado recibirá en su teléfono móvil un poema de amor, que podrá utilizar para cortejar a quien desee. Es decir, que en el imaginario colectivo, la poesía se asocia indisolublemente a la temática amorosa, bien sea en la definición de amor cortés o en el simple encadenado de palabras bellas para regalar los oídos del receptor.

Sin embargo, el escenario poético que podemos encontrar hoy día es bien diferente, hasta el punto de poder afirmar que es muy complicado encontrar poemas de amor en la producción poética actual, y aun el caso de encontrarlos, esta producción será minoritaria con respecto a otros temas, caso notable del desamor. Mucho más difícil es encontrar un poemario dedicado a este tema, aunque sí podemos señalar algunos ejemplos, como por ejemplo el libro de Fernando Beltrán, El amor nunca muere (2006), donde se persigue la clásica idea, una vez más, de que el amor, por mucho que pase el tiempo, permanecerá de alguna manera (la relación con el magnífico soneto de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte” es clara), aunque bien pudiera ser el perseguir esta idea un deseo de permanecer en este mundo del modo que fuere.

También podemos destacar el Completamente viernes de García Montero (1998), o el delicioso libro de Antonio Rigo, Poemas del bosque y de la lluvia (2009: 67):



EL OLIVAR

No hay electricidad

ni cuarto de baño

bebo agua de lluvia y

escribo lunas de cosecha

en todos los cristales,

soy un bruto,

salgo corriendo montaña abajo

abrazando árboles

me alimento de raíces y

pienso constantemente

en el amor.

(Antonio Rigo)

La sociedad ha cambiado de forma vertiginosa en un breve espacio de tiempo, y se ha instalado en un profundo relativismo, derivado muy probablemente de los cambios sociales explicados, aunque sea parcialmente, por el posmodernismo. Estos cambios también han afectado a nuestra concepción del amor –habría que cuantificar el peso de la comedia romántica realizada en Hollywood en este hecho-, que se ha convertido en un valor absoluto imbricado dentro de la sociedad del bienestar –no hace falta sino observar la publicidad, que asocia este valor al éxito sexual-, un valor que sitúa al que lo posee dentro de una sociedad marcada por los valores de éxito y posesión.

Sánchez-Mesa no se refiere específicamente al desamor como característica de la poesía de fin de siglo, pero uno de los rasgos que aporta sí nos puede servir como acercamiento a esta temática y es que, en referencia a la poesía del siglo XXI, comenta el antólogo que “sobrevuela esta nueva etapa una suerte de nihilismo o de sereno escepticismo, producido gracias a una mayor conciencia del hundimiento de los grandes relatos explicativos de la historia, que matizan el alcance

de la verdad del poema, ahora más claramente limitado a lo individual de esa apuesta y a la dificultad de conclusiones de alcance más elevado”, fragmento que podríamos resumir aludiendo al alcance del posmodernismo también en la esfera de la poesía, tema sobre el que habría que ahondar. Como ejemplo de este pensamiento, de Amalia Bautista (Sánchez-Mesa, 2007: 131):



EL ÁNGEL PERPLEJO


Nunca hubo dios, ni vírgenes, ni santos,

ni icono que proteja, ni oración que consuele;

nunca ha habido milagros o prodigios,

ni salvación del alma o vida eterna;

ni mágicas palabra, ni bálsamo efectivo

Contra el dolor que no remite nunca;

ni luz al otro lado de las sombras,

ni salida del túnel, ni esperanza.

Sólo nos acompaña en esta travesía

un ángel de la guarda perplejo que soporta

la misma vida perra que nosotros.

(Amalia Bautista)



La poesía, como reflejo del mundo en el que vive, no es ajena a esta situación de desamparo, y encontramos numerosos poemas que hablan de enfrentamientos con el amor o la persona amada, de rupturas sentimentales que esperan conectar con el público en un ejemplo más de la estética del patetismo sentimental –sería interesante realizar un análisis cuantitativo de la producción de música pop española sobre este asunto-, de personajes moviéndose en circunstancias de vacío y soledad y por tanto esperando que el amor sea la solución a sus problemas y un largo etcétera que nos llevaría a relacionar estos hechos con la obra de Lipovetsky, La era del vacío por ejemplo, como explicación sociológica de estos fenómenos. Autores como el filósofo francés o como Lyotard, describen nuestro tiempo como una época de profundo individualismo y narcisismo, y todavía van más allá, describiendo incluso un elemento que aparece con frecuencia en la poesía que nos ocupa, y es que incluso llega a haber un cierto regodeo en las situaciones descritas. Esto es, el sujeto poético, listo para emprender la aventura de la relación amorosa, de salir de sí mismo para encontrar al otro, ha fracasado, pero ha fracasado sin épica, sin pena ni gloria, tampoco con tristeza, y en consecuencia vuelve a sí mismo, normalmente al refugio de los bares. Como ejemplo de este tópico, expresado de la manera que acabamos de comentar, podemos citar el poema de Pablo García Casado, autor a quien, por cierto, Vicente Luis Mora señala como poeta posmoderno en su blog vicenteluismora.bitacoras.com.

No podemos entrar a analizar la obra de este autor en relación con el posmodernismo pero podemos, por lo menos, suponer que la razón de su inclusión en esta lista se pueda deber a la aparición de la publicidad; el producto de limpieza acaso no pueda limpiar la pena de la voz poética, pero juega el mismo papel de identificación con la voz poética que la naturaleza en la lírica renacentista o romántica:



DIXÁN (Veinticinco poetas españoles jóvenes, 2003: 22)

Por qué se secará tan lenta la ropa por qué persisten

las manchas de grasa de fruta y de tus labios

si dixán borra las manchas de una vez por todas

por qué la aspereza de las prendas la sequedad de su tacto

si pienso en tus manos en tu modo de mirarme de decirme

que por culpa del amor habrá que lavar las sabanas de nuevo

preguntas tristes tristes como todos los anuncios de detergente

y es que no encuentro mejor suavizante que tus manos

en esos bares supermercados desnudos de noche.

(Pablo García Casado)


En definitiva, se ha producido un cambio social y de perspectiva con respecto al amor como gran relato para el ser humano, que se ha transformado por un nuevo relato más productivo desde el punto de vista patético e incluso catártico, el desamor y sus visiones, marcadas estas por términos como soledad, desesperanza e individualidad.


Pablo Lorente Muñoz