Ágora 20-23 AGOTADA la 1ª edición. DISPONIBLE la 2ª edición.

Ágora 16-17 AGOTADA
Ágora 16-17 DISPONIBLE
ΛΥΤΡΩΣΗ
(REDENCIÓN)
Από μέρα σε μέρα
μέσα στον αέρα του κόσμου
βαρύς από όνειρα σε περιμένω.
Στάχτες μετά το φως
νεκρές θάλασσες
σιωπηλά βουνά
πόνος ανέκφραστος.
Η χαρά δεν με βρίσκει
κι ο Θεός μου άεργος
στην αντικρυνή όχθη
την ανίκητη των τάφων.
REDENCIÓN
(ΛΥΤΡΩΣΗ)
Día tras día en el aire del mundo
repleto de sueños te espero.
Cenizas después de la luz
mares difuntos
montañas en silencio
indecible dolor.
La alegría no me alcanza
impasible Dios
allá enfrente en la orilla
invulnerable de los sepulcros.
ΜΟΝΟΣ ΜΑΝΤΕΥΩ ...
(APENAS ADIVINO…, de Teorema)
Μόνος μαντεύω το είναι μου
μη καταπιωμένος απ' το βόρβορο
στα θεοσκότεινα θεμέλια
όπου γέννηση και θάνατος
αναμειγνύονται σε δίνη. Αλλά,
Θεέ μου, τίποτα δεν μπορώ
να κάνω με κύρος.
APENAS ADIVINO…
(ΜΟΝΟΣ ΜΑΝΤΕΥΩ ...,de Το θεώρημα)
Apenas adivino mi ser
no engullido por el fango
en la oscuridad fundamental
donde en un torbellino
nacimiento y muerte se mezclan. Pero,
Dios mío, nada valioso
soy capaz de hacer.
A veces muda, fría de naufragios.
A veces, luna grande coronada
como yo de laureles torrenciales.
De anochecida paso por el río,
corro por el camino ensangrentado.
Aladas y desmemoriadas almas,
el avión y la garza y el vencejo
compiten reiteradamente solos
en la púbica fronda de las cañas
Parecen sus antiguos compañeros
que, al pasar, le miraban y miraba
también con esos ojos culminados
que luego abatirían, como piedras,
las escalofriantes estaturas.
¿Será esta sombra, negra silueta,
la de entonces, la misma innominada
siniestra, recortada fortaleza?
¿Seré narcotizado por la vega,
por la sangre que bebo de sus hojas
y que pintan mis labios como labios?
De anochecida corro por el río,
sabor a bayas, moras negras, negras
como el eco feraz del sacrificio.
(Orihuela, Octubre de 2010)
Santiago Romero Portilla
Él venía de no estar
y en aquella estancia estaba;
que sin ruido de su pie,
se notaba su pisada.
El oído no lo oía
y el silencio lo ocultaba,
mas, si se hablaba de amor,
en las palabras estaba.
Sin estar, iba y venía,
del no aparecer, al alma,
y parecía no estar
y en ella ponía su casa.
Esquivo de verse, huía,
y, en la huida, se encontraba
o al ir a partir el pan
o al mirarse en tu mirada.
Que él venía de no estar
y en aquella estancia estaba.
Vicente García Hernández

Ilustración: Joaquina Illán
Hoy, más que nunca, a través de la red, fluyen masivamente mensajes de todo tipo. Nos hacemos la ilusión de que esta hipercomunicación crea un plural nosotros en contacto constante, cuyas pululantes misivas, desapareciendo al ser leídas, son sustituídas por otras de modo inmediato. La eficacia tiene su contrapartida en este carácter fantasmático del mundo virtual. Sólo cuando los mensajes enviados o los artículos se cargan de un contenido sustantivo notable y es vislumbrable una obra, requieren de un soporte impreso (lo hemos visto recientemente en el caso del blog editado de Félix de Azúa, o en la correspondencia entre Bernard-Henri Lévy y Michel Houellebecq, por ejemplo). Lo que era un texto virtual, inmaterial, se encarna entonces en un libro.
Podríamos imaginar la historia de la literatura universal como una galaxia de textos en rotación, de modo parecido a como Octavio Paz imagina el desenlace del universo al final de El mono gramático: textos prestos a materializarse, a actualizarse, a encarnar su sentido en el momento en que un lector conectase con alguno de estos mensajes a la deriva. ¿Podríamos hacer lo mismo con todas las cartas y misivas que la humanidad ha intercambiado entre sí? Una carta tiene la entidad semiótica de un texto. Su singularidad consiste en que el azar, cualquier tipo de interferencia, la alternancia más o menos prolongada, es decir, la espera de una probable respuesta, forman parte – parte accidentada, paradójicamente - de su continuidad.
Este condicionamiento espacio-temporal es lo que le presta toda su carga metafórica y patética a la carta. Ya en la primera estrofa del poema que Miguel Hernández titula Carta, el poeta explicita desde dónde se escribe y cómo escribe el que escribe cartas. Con la habilidad sintética del don poético, enumera rápidamente esas condiciones: “...desde las trémulas mesas/ donde se apoya el recuerdo, /la gravedad de la ausencia, /el corazón, el silencio”. La carta, tanto como hecho común, o como género literario, no sólo implica una teoría de la comunicación, grosso modo, sino que postula el diálogo de almas.
La literatura epistolar tiene una larga historia: desde los clásicos griegos y romanos, hasta los clásicos españoles y románticos. El poema de Miguel Hernández, Carta, se inscribe pues en una tradición literaria definida y conocida. Lo que resulta notable en el poema de Hernández es su redondez formal y, sobre todo, el vivaz mensaje de esperanza que late en él. ¿Esperanza de qué? De trascender el tiempo a través de lo que la palabra guarda y promete.
La tradición y la literatura crítica moderna definen al poeta como el depositario de la memoria común, el cantor de la belleza y de la libertad, pero también como un visionario. La empresa del poeta es, pues, algo más que una empresa lingüística. La poesía transforma – trasciende – el lenguaje a través del lenguaje mismo. Recordemos lo que decía Lezama Lima: “La poesía no resiste la escritura”. Es decir, la poesía es algo distinto a su registro gráfico, es antes música que formalización de un sentido. Hernández no escribe sobre un paisaje, objeto físico cualquiera o anécdota, sino sobre el hecho mismo de escribir, de comunicarse en plenitud e intimidad, cuyo logro no puede expresarse más óptimamente que en el espacio inmaterial, intelectivo y sentimental de la palabra poética. Por ello, creo que podríamos contextualizar un poema como éste percibiendo que la dimensión específica del género literario de las cartas iría más allá del confinamiento en el texto de unas “voces”. Precisamente, no hay inercialmente texto en tanto que la comunicación se produce. Cuando no hay receptor, cuando no hay diálogo, la carta es entonces sólo texto. Y precisamente la carta no tiene otro destino, otra prioridad que la de ser leída por la persona a la que va dirigida.
Ante la desazón por el posible extravío de la carta, y evitando al ánimo crítico probables disquisiciones ontológicas no pertinentes, Hernández especifica con naturalidad dónde se produce la conexión del mensaje: en “el espacio de tu aliento”, es decir, en la mayor intimidad sentimental de la persona. Si hemos acordado que la poesía crea sus propias leyes a partir del ritmo, - la experiencia primera del ser humano con el tiempo, según Agustín García Calvo -, es en el ámbito de la poesía misma y en el mundo que ella instituye donde debemos localizar la respuesta a la feliz consecución del entramado dialógico que supone la carta.
Para un Borges, por ejemplo, la historia tiene, ineludiblemente, un efecto acumulativo sobre la cultura, convirtiéndola en un Texto hecho de textos, es decir, en un palimpsesto. Este efecto cuantitativo y penoso de textos sumidos en otros, de textos olvidados o acumulados, lo encontramos en la sexta estrofa del poema hernandiano: las más diversas y apasionadas expresiones del amor, consignadas en manuscritos que se apiñan tristemente en un rincón. Tengamos en cuenta la estupefacción del poeta al comprobar esto y el interrogante humano que a partir de tal imagen podemos plantear. El fin de una carta es la de hacer llegar un contenido a un receptor que posiblemente espere tal comunicación, con la idea, probablemente, de recibir respuesta y continuar así un diálogo pautado por esa condición espacio-temporal. Nada más patético que una carta que no ha podido ser leída. La voz del comunicante ha naufragado en el proceloso océano del espacio-tiempo. ¿Y qué otro simbolismo más ineludible y dramático podemos derivar de esa distancia espacio-temporal que el de la muerte?
Precisamente contra esa condición, contra ese obstáculo que se interpone entre los comunicantes - la muerte - se erige el propósito del poeta. Si bien la Carta la dirige Hernández a su amante, es a través del estribillo que va cincelando formalmente el poema, cuando se dirige a todos nosotros, a cualquier lector: Aunque bajo la tierra/mi amante cuerpo esté, /escríbeme a la tierra/que yo te escribiré.
Un texto cualquiera puede esperar a su lector, a ese lector, quizá ideal y proverbial que encuentre en tal texto, el universo, la solución que iba buscando. Pero una carta sin destinatario es un mensaje que no ha sido escuchado, una confesión perdida, un proyecto que no se ha cumplimentado, y que, a lo sumo, otros leerán como texto disperso en las mareas del tiempo. Porque no es un discurso cualquiera o una ficción lo que permanece sin merma de la eficacia de su contenido en el rincón de un estante o depositado en los nichos de una biblioteca, sino que lo que se frustra, quizá para siempre, es un mensaje concreto dirigido a alguien, el deseo de comunicar algo concreto a alguien concreto. Fijarnos en un poema como este de Hernández pone a las claras, a pesar de la aventura tecnológica que estamos viviendo, la necesidad de una comunicación auténtica entre las personas, el ardor de verdad que porta en sí la palabra amante y qué barreras puede proponerse superar tal imaginación amorosa.
El entusiasmo por las ventajas que nos ofrece la red se confunde, a veces, con la fascinación que produce el propio instrumento. La facilidad, la accesibilidad, la extrema velocidad de la comunicación internauta son tan útiles como responsables de la producción masiva de un inmenso cementerio de palabras, ingrávido y virtual cuya duración es la de un segundo: el mensaje desaparece tras su lectura. El tiempo de la eficacia a toda costa no es, quizá, el tiempo de lo memorable. Lo que postula el poema de Hernández (ningún poema postula nada, sino que lo revela o lo canta) es la resurrección en la memoria no tanto de los devotos lectores, sino del que se arriesga a expresarse, a entregarse, a comunicarse con autenticidad, a comulgar con el otro en el seno de la palabra.

Para Carlos Figueroa
y Antonia Ferrández
Entra en el día
como el reactor que abre
las guaridas de sombra.
Ella, la luz
acaricia y se estremece y se desliza y crece
y llega hasta donde nadie jamás llega
y traspasa la aparente opacidad del muro
y hurga en los sótanos y penetra
en las galerías del árbol muerto
y hace fulgurar el atolladero de las vías muertas.
Ella, la luz,
alumbra los residuos de la misericordia
y los despojos de la crueldad,
expande la fragancia del verde
y ensalza el gris sucio de las cloacas.
Ella, la luz,
crepita, fluye y no acapara.
Ella, la luz,
toma posesión de los espacios muertos,
entra discreta en los pisos de los vecindarios pobres
y en las academias tristes
y en los autobuses atestados.
Ella, la luz,
visita la escalera sombría y el cuarto horrendo,
se pasea por las azoteas
pobladas de ropa vieja y antenas parabólicas;
se la ve en los arrabales
y en las maravillosas avenidas,
en las autovías y en los montes de lavanda.
Nosotros, que no sabemos si somos
hijos del sol o del barro, queremos
sobarla, modelarla, violarla, enjaularla,
y ella, la luz,
insurgente pero no rencorosa,
nos alimenta con su propio aliento
y nos ayuda a elegir las rutas sobre las raíces
y construye puentes para
unir el amor, el silencio, el miedo y la muerte.
Ella, la luz,
algo muy intenso y muy frágil
que huye y siempre regresa
para habitar heridas y alejar desgracias,
para desvelar lo imposible, lo grandioso, lo inútil.
José Luis Zerón Huguet
REVISTA LITERARIA BAQUIANA (NÚMERO 71 - 72)
Les informamos que ya está disponible la versión digital de la Revista Literaria Baquiana, correspondiente a los meses de Mayo ̶ Agosto de 2011, Año XII, Número 71-72. Por más de una década, la revista sigue acogiendo en sus páginas a escritores de diversas nacionalidades y tendencias literarias del mundo hispanoamericano, dentro y fuera de los Estados Unidos, al igual que muchas otras noticias del acontecer cultural.
La revista trae en este número una variada selección de poesía, cuentos, reseñas, narrativa (relato), opiniones, teatro y dos entrevistas de la profesora Martha García: una con Mireya Robles, poeta, novelista e investigadora asociada honoraria de la Universidad de Natal en Durban, Sudáfrica, y otra con Arminda Valdés Ginebra, poeta, periodista cultural y pedagoga, residente en Nueva York desde hace varias décadas.
Entre los poetas que han sido seleccionados para este número podrán disfrutar de la lectura de: Jorge Castañeda y Claudio Simiz (de Argentina), María Antonia Castro, Milena Ferrer Saavedra, Orestes A. Pérez y José Carlos Sánchez Lara (de Cuba), Mairym Cruz Bernal (de Puerto Rico) y Pedro Gandía (de España).
Para los que gustan de la ficción, podrán deleitarse con los cuentos: “El diario de Ingrid” de la escritora uruguaya Patricia E. Blumenreich, “El pequeño león dorado” del escritor ecuatoriano Jorge Luis Cáceres y “El arma homicida” del escritor cubano Ariel González Calzada. En la sección de narrativa, podrán leer el relato “El doble entierro de Kweku Mensah” del escritor paraguayo Javier Viveros.
En la sección de reseñas de libros, podrán leer: “El Azul Sideral en Piel de Peces, de Leticia Herrera” por Emilio Ballesteros Almazán, “Esfericidades expansivas: Si decir basta, de Graciela Bucci” por Bertha Bilbao Richter, “La Gema de Cubagua, de William Navarrete” por Juan Cueto Roig, “La aguja sigue descodificando vinilos, de Elena Errázuriz Goyet” de Yvonne Gavela Ramos y “Allá, donde los ángeles vuelan, de José A. Albertini” por Orlando Rossardi.
En la sección de ensayos, presentamos los textos: “Pluralidades espaciales en la poesía reciente de Lourdes Gil” por la ensayista Oneida M. Sánchez y “Religión y Poder en la trilogía Delito por bailar el Cha Cha Chá, de Guillermo Cabrera Infante” por la profesora e investigadora Lidia Versón.
En la sección de opiniones, encontrarán el artículo: “Ediciones conmemorativas de las obras de Gabriela Mistral y Pablo Neruda” por la escritora cubana Maricel Mayor Marsán.
Y en la sección de teatro, los invitamos a la lectura del monólogo “No aguanto más” de la escritora puertorriqueña María Juliana Villafañe.
Fundación María del Villar Berruezo
Recoletas 7 - 1º
31300 TAFALLA (Navarra)
Tel./fax 948 755 404
La Fundación María del Villar Berruezo, convoca el XVII Certamen de Poesía María del Villar, en honor de la bailarina y escritora María del Villar Berruezo De Mateo (1888-1977), a fin de dar a conocer voces nuevas en la Poesía a través de la edición de la obra ganadora. Este certamen se rige por las siguientes
BASES
1ª Este certamen tiene como finalidad conocer nuevas voces en la creación poética, facilitando la edición de su obra.
2ª
El certamen está abierto a la participación de poetas de cualquier nacionalidad –excluidos los autores galardonados en anteriores ediciones–, siempre que los trabajos presentados a concurso estén escritos en castellano y sean obras originales, inéditas y no premiadas en otro concurso literario de cualquier naturaleza o lugar, condiciones que deberán mantener hasta el momento del fallo.3ª
Las obras presentadas comprenderán una colección de poemas de tema y versificación libres.4ª
La extensión de los trabajos que concursen al Certamen de Poesía María del Villar no será menor de quinientos versos ni excederá los mil.5ª
Los trabajos se presentarán por triplicado, mecanografiados y debidamente agrupados. Las obras deberán identificarse solamente con su título; carecerán por tanto de detalles que puedan revelar la autoría. En sobre cerrado aparte se incluirá nota, conteniendo los datos del autor (nombre, apellidos, teléfono, dirección postal y electrónica).6ª
Los trabajos se enviarán solo por correo postal, antes del 15 de octubre de 2011, a la dirección postal:XVI Certamen de Poesía María del Villar
Recoletas, 7 - 1º
31300 TAFALLA (Navarra)7ª
La composición del Jurado se dará a conocer al emitirse el fallo.8ª
El Jurado, que actuará con la máxima libertad y discreción, además de las facultades normales de discernir el ganador y emitir el fallo otorgándolo o declarándolo desierto, tendrá las de interpretar las bases presentes. El fallo del Jurado será inapelable.9ª
El resultado de sus votaciones se dará a conocer en un Acto Cultural el viernes 9 de diciembre de 2011 y se difundirá a través de los distintos medios. Se remitirá una copia del Acta del Jurado a todos los participantes.10ª
El premio del XVII Certamen de Poesía María del Villar consiste en:Edición y publicación de la obra ganadora de la que se entregan los primeros ciento cincuenta ejemplares numerados del libro al autor.·
·
Entrega de una escultura de plata.·
Participación como miembro del Jurado en la edición siguiente.·
El premio es indivisible y se hará entrega del mismo en el Acto Cultural en que se dará a conocer el ganador del XVIII Certamen de Poesía María del Villar 2012, por lo que el autor premiado queda obligado a acudir al mismo.12ª
Los trabajos presentados no serán devueltos y se destruirán al día siguiente del fallo.13ª
Los trabajos remitidos que no se ajusten a estas bases no participarán en la convocatoria.14ª
La presentación de obras a este Certamen supone por parte de los autores la aceptación de las presentes bases.Tafalla, 15 de junio de 2011


Alejandro Ruíz Criado