Título: Las Hogueras FosfóricasAutor: Rubén Castillo
Género: Narrativa
Año Copyright: 2011
Título: Las Hogueras Fosfóricas
Al curtido letrado Antonio Checa
A la bicicleta sindical de Eduardo
Que el abogado de provincias, llegue a actuar en el Tribunal Supremo, no suele ser frecuente y, si lo hace, probablemente, con todos los honores, pierda la causa, y cuente luego en una cena a amigos y colegas que la sabiduría jurídica de su oponente no admitía réplica, o que, por supuesto, ya sabía que el caso estaba perdido, pero también agregará que ha sido un honor tenerlo por contrincante. Las cosas son como son, hay que aceptarlas y la provincia, seca o húmeda en la que se vive, sin duda no es lo mismo que la capital, el saber allí es algo que se respira; sin duda, los mejores viven allí.
Con esta idea fija, llegó a Madrid, Pedro Antonio, para un asunto laboral relacionado con curtidos, así que se sentó ante un tribunal, constituido por aguerridos profesionales con múltiples experiencias, dispuesto a ser derrotado por su oponente. En el hotel había ensayado ya la cara que pondría ante los colegas del bar Legis, e incluso ante sus compañeros de despacho.
Y empezó a hablar el ilustre catedrático, lo hizo detalladamente, recogiendo uno por uno los datos que los pasantes habían reunido, firmas extendidas por todo el territorio, empleados en cada una de ellas, fijos, fijos discontinuos y temporales, aquello parecía un fuego artillero contundente, sus argumentos eran irrebatibles, quizá se excedía un poco en el tiempo. Pasada la primera hora, el tribunal inclinaba la cabeza, unos en señal de respeto, otros abstraídos en su propia respiración que se iba haciendo acorde con cierta idea lejana, ajena al parloteo incesante del ilustre, así a la hora y media, tanto los respetuosos como los abstraídos, si no dormían, habían alcanzado un estupor semejante. A las dos horas cesó la catarata de vocales y consonantes pronunciadas con rigor categórico y tocó el turno a Pedro Antonio, abogado de provincias, dispuesto a ser la víctima propiciatoria. Su discurso fue breve, se lo he oído miles de veces, comenzó así:
- Señores, procedo de una tierra seca en la que apenas llueve, el suelo se agrieta, y entonces surgen unas matas rastreras que apenas levantan diez centímetros del suelo, pero que dan unas flores violetas, espléndidas, como pequeños soles que se hubiesen depositado sobre una alfombra parda, esas flores no son para ser admiradas, no se venden para ramos de novia o de felicitaciones, esas flores se comen, como también se come su fruto, e incluso las ramas que las sostienen.
Aquí, suele hacer un alto, y refiere la cara de asombro de su oponente y el gesto del dedo sobre su esfenoides girando como tornillo, o lo que es lo mismo que, abrumado por su discurso, había llegado a un estado de locura más o menos temporal. También los dormidos fueron incorporándose al estado de vigilia por el impacto lírico del ponente, quien prosiguió con este argumento:
- Esas flores y esos frutos son comercializados en mi tierra, allí se llaman tápenas, y en el resto son conocidos como alcaparras y alcaparrones, tras ser sometidos a un proceso que se conoce como encurtidos. Conviene también recordar que esas cosas verdes, amarillas o naranjas que tomamos con la popular ensalada rusa son encurtidos. Mi colega, señores, el ilustre catedrático, ha confundido curtidos con encurtidos.
Aquí, Pedro Antonio, calla, mira a los contertulios y cuenta cómo todos los miembros del tribunal, ya despiertos, rieron y miraron hacia el catedrático, el cual a su vez, entre rojo y pálido de ira, dirigía terribles miradas a sus pasantes. Después de este paréntesis, el tribuno continúa su discurso:
- Los datos abrumadores de mi oponente, hay que reducirlos sólo a los fabricantes de curtidos, que son estos…(Sigue la enumeración de empleados, fabricantes, productos y lugares…)
En ese momento la historia cede el paso a la actualidad, prosiguen brindis, se comenta el último caso y todo toma de nuevo ese aire provinciano en el que los héroes pierden su homérica dignidad y, como personajes de esperpento, mojan directamente el pan en la salsa.
Qué le pasa a mi pobrecita ave,
que hasta ayer era blanca.
qué le pasa, de qué sufre
por qué no quiere volar.
Si supiera que suceden cosas
peores en este mundo
que un lucero maldito nada
le tiene que hacer.
Si supiera mi ave
que la vida es una sola
y que sus horas discurren
entre volar o caer, entre vivir o soñar;
con un nuevo cielo para coronarse
blanca nueva y en paz blanca.


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Dionisia García
Renacimiento, Sevilla
He leído detenidamente Correo Interior (Renacimiento, Sevilla, 2009). La lectura ha sido sabrosa y reflexiva. Y desde que “Alejandra puso los pies en la pequeña alfombra”(21), hasta “… ese impulso que nos da la vida”(174) con el que se cierra el libro, he experimentado la más alta motivación.
Porque la autora es mi amiga y, como leí en un texto de Maritain, los que mejor perciben la obra de arte son los amigos del artista, que saben lo que éste ha querido decir. Porque los personajes queridos de Alejandra son mis personajes queridos: prima Genoveva, Adrián, abuela Teresa a modo de estrella fugaz, Herminia, Juan Antonio, Sara…, subrayan esa motivación en la intensidad de mi lectura. Y porque Alendero, ese “pueblo del interior”(70), me enamora, el que “se dejaba caer en el declive de un cerro”(34), con “la plaza donde se encontraban los Caños, nombre dado a la fuente cuyo venero parecía no agotarse nunca”(34), y donde “el hermoso cielo recortaba los cerros color elefante”(33), y en el que tal vez “se muere mejor que en otra parte”(54). Con este preámbulo intento justificar que ha habido una percepción altamente subjetiva y emotiva en la lectura de Correo Interior.
No obstante, hay otra dimensión más objetiva que me hace valorar el libro de la escritora, y es que en sus escritos llena cada palabra y la cuida, no dice por decir, plasma belleza en cualquier cosa rutinaria para los demás. Dice lo máximo con las mínimas palabras. Yo a esto le llamo bien hacer. En el momento actual, mucha literatura está herida de muerte, pues es literatura/mercado, libros/producto, autores/estrella, editoriales/negocio… ¿Literatura? ¡Dios mío!
Otro fenómeno patológico de la carencia de literatura se encuentra en el desmadre de publicaciones zafias, por la facilidad de “hacer público” cualquier ocurrencia en Internet y medios de comunicación. Y en este escenario de literatura artificial, otro síntoma de decadencia es la desnutrición intelectual en los escolares por la falta de lectura y del uso de la palabra oral y escrita, que desencadena una problemática intelectual, psicológica y personal.
En contraste con esto, un libro como Correo Interior está impregnado de lo que sale del alma de la escritora, lo que ha percibido su ojo de artista. ¡Es un libro vivo!
En Alendero pasan las estaciones del año, inclementes y bellamente expresadas: “… ofrecía el invierno su luz tamizada, que acompañaba bien al ‘telaje’ del cielo. Nubes deshilachadas dejaban ver apagados azules. Todo parecía preparado para el letargo del frío”(64). Y en primavera pone en primer plano a Abuela Teresa: “En dicha estación, se oían los primeros saludos de la mujer en la soledad del patio. Atendía la cuidadora macetas de yerbas olorosas, entre ellas yerbabuena, utilizada para la sopa de cocido; curaba un poco el sabor de las grasas y daba un gusto familiar al caldo espeso. La toronjina también era una planta apreciada por abuela Teresa, no sólo por su buen olor, sino como remedio para tonificar el organismo”(64); “… sin olvidar el cubo de cinc” (65).
Entretejidos en el envoltorio espaciotemporal de Alendero están los relatos, doblemente artísticos, de los hábiles artesanos, como los leñadores Cámara, orgullosos de serlo: “A los niños, mayores y pequeños, les gustaba presenciar los movimientos de los hombres, compaginados con una especie de quejido bronco, emitido al descargar su fuerza sobre la hendidura del tronco. Dicho sonido se oía, a veces, como aullido animal, un tanto contenido cuando la descarga se preveía más intensa. Los pequeños curiosos eran avisados con insistencia sobre el peligro que suponía estar cerca del leñador, porque podrían saltar astillas y lesionar a los presentes”(62). Tomás el herrero, siempre sonriente, trabajando con maestría el hierro: “A veces, eran dos los hombres, según los materiales trabajados, quienes se conjuntaban, alternando la caída del martillo sobre el yunque, dando lugar a un ritmo que poco a poco adquiría rapidez, quizá porque los hombres se perseguían, enardecidos por el fuego y la fuerza, satisfechos de haber vencido la dureza de un material como el hierro”(39). Y necesariamente ha de mencionarse la destreza del gachero Crescencio, “… su modo de coger el mango del utensilio con la finalidad de hacer saltar la torta en el aire y darle en él la vuelta, recogiéndola de nuevo en la sartén”(73). Suscitaba la admiración de los espectadores, y “La mirada de Crescencio también parecía de fuego…”(74). Cada una de estas representaciones, con una banda sonora vibrante, embellecerían el guión de una película.
Como amante de la pintura, se activa mi emoción en los cuadros descritos en el entorno del poblado, como lo nombra la autora. La belleza silenciosa de las llanuras en el ocaso: “Los atardeceres en la aldea mantenían la luz sobre escenarios donde la belleza descansa sin pretensiones de ser admirada, porque pertenece a la soledad de los campos, y a ella se entrega en los ocasos retardados”(162). Perspectivas sublimes desde lo alto del cerro donde juegan los pequeños alendereños: “El cielo ofrecía variado espectáculo: nubes algodonosas salpicando el azul, junto al vuelo de los vencejos, y las luces que inician su parpadeo en el pueblo”(40). Hasta convertirse en una reflexión filosófica. “El paisaje se dignificaba y trascendía desde el Cerro de las Estrellas”(40).
En el relato se van insertando retazos de historias, verídicas al ser recuerdos de Alejandra, que revelan esas originalidades que se encuentran en la condición humana. En la tierna sensibilidad de la autora se graba como un sello, impacto infantil, la contemplación de la mujer con el haz de leña un día de nieve y la brutalidad del hombre que iba con ella: “La pequeña la siguió con la mirada mientras pudo. Después, abandonó el improvisado mirador y corrió hacia el halda caliente de abuela Teresa, sentada junto al fuego. Sus ojos miraron con fijeza las brasas. No dijo nada. No sabía expresar cuanto sentía en su corazón”(66).
Es verdad que la pequeña Alejandra tiene una sensibilidad prominente, pero en su crecimiento aflora toda una antropología infantil que Dionisia muestra de forma maravillosa. Por eso se le graban los cuentos de Aquilina(52), el alumbramiento de la cerda Tara(87); las pestañas blancas de Dimas, el vendedor de harina; la mula ciega que daba vueltas a la noria. Y como los demás niños, disfruta de las cosas que la vida ofrece, encontrando con entusiasmo lo que en ella pueda haber, como el paseo en trillo por la era: “Allá iban los pequeños pasajeros, puesto que eran varios, en el trillo tirado por una bestia, transporte a modo de vuelo sin más asidero que los cuerpos abrazados cuando intuían el peligro; emocionados, a la vez, en el viaje circular que les concedería un punto más de valentía ante los compañeros de juegos. Bajaban del improvisado vehículo y quedaban, quietos y callados, fuera del recinto de la era”(51). La nieve como espacio para jugar: “Los vecinos más pequeños salían una y otra vez a la calle para lanzarse bolas de nieve. Alejandra, una vez más quiso incorporarse al juego. Abuela Teresa cedió tras algunas recomendaciones”(68); “Repetidas veces puso las manos para percibir en las palmas aquella maravilla”(69).
Dando un salto a la adolescencia, plasma la autora los años de colegiala. Es muy interesante ver la fidelidad intangible a lo propio, a su padre Adrián, a abuela Teresa, a la aceptación de Herminia y su aportación, a Alendero, del que no se desprende a pesar del contraste entre la capital de provincias y la sencillez del pueblo de interior, el ir y venir, el participar en la “recogida de la rosa” y deleitarse con Bécquer, el subir peldaños de cultura y mantenerse idéntica a sí misma. Lo que le permitía “… escribir guiones teatrales que eran representados en los sitios más insospechados: cuadras, patios o cámaras”(162). ¡Que bello contraste! Y… “A pesar de la estancia en el internado, Alendero seguía siendo el centro vital de Alejandra”(162).
En el cañamazo del libro también hay sabores: a “queso y tocino fritos”, a “leche de cabra con magdalenas, cuyo sabor incomparable no ha logrado la invitada recobrar”(33). Y mucha vida en las calles del Agua y Méndez Núñez.
Por más cosas de las mencionadas, el libro es “literatura de la buena”. No pesa, ni ha salido a la luz con el poderío mediático. Es un libro puro, en él hay cascadas de palabras luminosas, sencillas y cultas en la hermosa lengua castellana. Se retrata, se pinta, se medita, se transmite. La escritora escribe desde el alma.
“Quien escribe suele situarse en una parcela del mundo”(17), dice la autora en la nota a los lectores, y es que “Alendero sigue siendo para Alejandra un lugar recordado y querido. Allí vivió, con los seres amados, una etapa de su existencia que la marcó para siempre”(146).
Ángela García García
ΕΠΙΛΟΓΟΣ
(EPÍLOGO, de El Orador Desnudo)
Εγώ ο Τιρεσίας ανεβαίνοντας από τη Θήβα
με λόγια δισταχτικά και σχεδόν αδἐξια
σαν τ’αχνάρια ενός πληγωμένου ζώου πάνω στο χιόνι
μάντης με μάτι σαν η εναλλασσόμενη περίμετρος
ενός σύννεφου.
Ποιητής μέσα στο αρωματικό αυγό του προπάππου του
Εγώ ο Ησαίας κατεβαίνοντας στον Ισραήλ
προφήτης με κλαψούρισμα άγριου σκύλου
και λέξεις που πέφτουν σαν άγγιγμα βροχής
πάνω στους βράχους.
Ποιητής που υπάρχει για ν’ακούει τις εξομολογήσεις
του βωβού κόσμου
και να μένει έκπληχτος στο πέταγμα μιας πεταλούδας
να μένει άλαλος στο τραγούδι του αίματος
μέσα σε κάθε ζώο μέσα σε κάθε ἀνθρωπο.
Βαθύπλουτος μες στο κρεμμύδι της φτώχειας
Αθήνα
πνίξε τη φωνή μου μ΄ένα βρόγχο
από νέον και ουράνια τόξα επιγραφών
Γκρέμισε
την κιθάρα μου από τον καταρράχτη
των γηπέδων και των ζητωκραυγών
των χιλιάδων φιλάθλων σου
Κοίταξέ με
Άγγιξέ με
Σκότωσέ με
Ξεσκίζω μέσα μου ό,τι έχω γράψει
Παίρνω πίσω ό,τι έχω πει
Αποφεύγω το δρόμο όπου απάνθρωπες αυγές ξεσπάνε
Σέρνω τις αβύσσους μου
Ντύνομαι τις θύελλές μου
Ακολουθώ εσένα που δεν ἐχεις ακόμα γεννηθεί
΄Αι γεννήσου, κρατήσου ζεστός
Δεν οφείλεις να διαβάζεις ηλίθια βιβλία
Πάρε τα ὀπλα ενάντια στη συμβατικότητα
Εναντιώσου σε όλα
Ευλογημένοι, υμνημένοι,δοξασμένοι οι δρόμοι του ονείρου
και του αγώνα.
Στέλνω ένα καρτ-ποστάλ στο μέλλον
Γραμμένο με αίμα από τρεμαμένο χέρι
Με γραμματόσημο την παναρχαία αυτή εποχή.
EPÍLOGO
(ΕΠΙΛΟΓΟΣ, de Ο Γυμνός Ομιλητής )
Yo Tiresias procedente de Tebas
con palabras vacilantes y casi torpes
como las huellas de un animal herido en la nieve
adivino de ojo cambiante como el perímetro
de una nube.
Poeta dentro del huevo perfumado de su bisabuelo
Yo Isaías venido de Israel
profeta con el aullido de un perro salvaje
y palabras que caen como caricia de la lluvia
sobre las rocas.
Poeta que existe para oír las confesiones
Del mundo sin voz
y quedar perplejo ante el vuelo de una mariposa
y mudo ante la canción de la sangre
en cada animal en cada hombre.
Inmensamente rico en la cebolla de la pobreza
Oh Atenas
ahoga mi voz con bronquios
de neón y arcoíris de anuncios
Arroja
mi guitarra por la catarata
de tus estadios y las aclamaciones
de tus miles de seguidores
Mírame
Tócame
Mátame
Rompo dentro de mí lo que he escrito
Me retracto de lo que he dicho
Evito las calles donde estallan auroras inhumanas
Arrastro mis abismos conmigo
Me visto con mis tormentas
Te sigo a ti que aún no has nacido
Ay, debes nacer, mantenerte caliente
No debes leer libros estúpidos
Coge las armas contra las convenciones
Oponte a todo
Benditos, alabados, glorificados sean los caminos del sueño
y de la lucha.
Envío una postal al futuro
Escrita con sangre de una mano estremecida
Como sello aquella época inmemorial.
Leftéris Poúlios.
Traducción de Bartolomé Fuentes
Van vestidos con chalecos y cascos reflectantes y llevan una bolsa con botes de pintura o sprays. Forman grupos de cuatro o cinco individuos. La gente de Lorca los ve recorrer las calles, sorteando escombros, pisoteando cascotes, vadeando cintas y vallas que prohíben el paso.
Lorca, asolada por varios terremotos, parece una ciudad bombardeada y estos hombres del chaleco van catalogando los diversos grados de la catástrofe. Como si marcaran en un estadillo el número de ilesos, heridos, muertos y desaparecidos en una guerra macabra –valga la redundancia-. Lo indican con colores: verde, amarillo y rojo. Los del ejército (Unidad Militar de Emergencia) son unos verdaderos ángeles caídos del cielo, aunque no lleven alas y vistan de negro, porque se están dejando la piel en la tarea, arriesgando su vida al entrar en las casas que pueden venirse abajo de un momento a otro. Cuando se topan con el infierno de lo irremediable, le ponen un matiz fúnebre al asunto del cromatismo: pintan directamente con un círculo negro, que significa más o menos lo que el mismo color sugiere: pozo negro o cataclismo integral o muerte súbita.
Los hombres del chaleco reflectante o los del UME, decíamos, recorren la ciudad con los botes de pintura y marcan una cruz o un círculo en las fachadas o junto a las puertas de los edificios y las casas. La gente los rodea, los sigue, acecha sus movimientos, habla con ellos con el corazón encogido, el alma en vilo, los ojos al borde de las lágrimas, porque del color de la cruz o del círculo depende el nivel de la desgracia. Se puede entrar en la casa sin problemas, aunque haya desperfectos (verde); se recomienda no entrar o entrar con mucho cuidado, pero salir enseguida (amarillo); no se puede entrar porque las estructuras del edificio han sido gravemente dañadas y hay peligro de derrumbe (rojo); se prohíbe el paso, este edificio va a ser demolido en breve (negro).
Lo curioso del caso es que muchísimos de los edificios coloreados de rojo o negro son de reciente construcción. Como suena. Estamos hablando de uno, dos, tres, cuatro o cinco años de antigüedad. Algunos, incluso, aún no han comenzado a ser habitados.
El terremoto de 5,1 grados habido en Lorca a las 18:50 h. el pasado miércoles, día 11 de mayo, ha dejado al descubierto las miserias no sólo de los edificios sino de los arquitectos, ingenieros, constructores, maestros albañiles, contratistas, promotores y otros personajes del mundo del ladrillo, que nos han dado gato por liebre. No sé si el lector me estará entendiendo. En vez de poner 1.000 kilos de hierro para sujetar la estructura estos miserables han empleado 500 kilos. En vez de colocar hormigón o cemento armado, han usado arena tonta. Y así sucesivamente. Pero no contentos con esa estafa, se dedicaban a vender esos pisos treinta veces más caros de lo que a ellos les costaba. Dicho de otro modo, un piso podía costarle al constructor entre 50 ó 70.000 euros aproximadamente. Pues bien, los vendían por 240, 250, 260 ó 270.000 euros, céntimo arriba, céntimo abajo, según cómo y dónde, en las fechas en que fueron puestos a la venta. Es decir, en los años de las vacas gordas, previos a la gran crisis actual. Que el lector saque sus conclusiones.
Estos indeseables que se han dedicado a llenarse el bolsillo robando e inflando el mercado inmobiliario, conchabados con los banqueros y otros alienígenas corruptos de los que hablaremos otro día, son los responsables de la burbuja especulativa y de la bancarrota económica y moral en la que estamos sumidos. Pero no sólo eso. Como digo, el terremoto ha puesto al descubierto las miserias de los edificios de paja que estaban construyendo. Por si el lector no lo sabe, un edificio debe ser capaz de soportar el achuchón de un terremoto de unos 7 grados en la escala Richter. Y estos no han aguantado ni uno de 5,1.
¿Quiénes son estos constructores, promotores, ingenieros o arquitectos? Lorca no es tan grande. Pueden contarse con los dedos de las dos manos. Todo el mundo los conoce. De hecho, algunos cometieron la osadía de colocar una placa con su nombre junto a la puerta del edificio donde ahora los hombres del chaleco reflectante y los del UME han dibujado un círculo rojo o negro.
Estoy convencido de que si el célebre Víctor Hugo, uno de los más grandes escritores de todos los tiempos, saliera de su tumba, no dudaría en utilizar todo este material (de derribo y humano al mismo tiempo) para acometer la segunda parte de su famosa obra Los miserables.
Espero que esto no se quede en agua de borrajas, que es lo que suele suceder siempre en este país. Tal vez no sea una mala idea que los propios afectados, esos hombres y mujeres que han visto desmoronarse brutalmente su casita de papel –perdón por la metáfora-, acudan a los tribunales y presenten las demandas pertinentes para que se depuren responsabilidades civiles y penales. En algún lugar tiene que haber un juez dispuesto a hacer justicia –lamentablemente la frase no es un pleonasmo-. Estos miserables deben ser juzgados, y no sólo por lo sucedido sino también por todo lo que podía haber ocurrido. Porque si el terremoto hubiera dado un arreón un poquito más fuerte, sin necesidad de llegar a la magnitud de los 7 grados, Lorca no sería hoy una triste ciudad en ruinas. Sería un inmenso cementerio en ruinas.
Juan Ramón Barat
El escritor rumano Varujan Vosganian, autor de “El libro de los susurros”, estará en España entre 27 de mayo y 5 de junio
El escritor rumano Varujan Vosganian, autor del libro recientemente publicado en España “El libro de los susurros” (Pre-Textos, 2011) estará en España el 27 de mayo de este año. Hará una gira promocional para presentar su libro, gira organizada por el Instituto Cultural Rumano de Madrid. Lo podemos encontrar en Granada, Sevilla, Zaragoza, Barcelona y Madrid, hasta el 5 de junio.
“El libro de los susurros”, cuenta las historias, tragedias, peregrinajes de varias familias de armenios a lo largo del siglo XX (Varujan Vosganian, él mismo de origen armenio). Libro traducido por Joaquín Garrigos y publicado por la editorial española Pre-Textos, es unos de los libros con mas visibilidad en España en estos momentos. De los libros rumanos, el libro de Vosganian es de los más exitosos, comparable con el “Diario” de Mihail Sebastian, años atrás.
“El libro de los susurros”, publicado en Rumania en 2009, le ha aportado a su autor todos los premios literarios importantes de Rumania. Hay muchos escritores y criticos rumanos que opinan que la novela de Varujan Vosganian es la mejor de la literatura rumana contemporánea.
El escritor Varujan Vosganian, junto con su traductor Joaquín Garrigos, estarán en los siguientes lugares de España:
Para más información y programación de entrevistas:
Instituto Cultural Rumano, Madrid
“...Una mano de piedra
aventó los guijarros...”
Pablo Neruda (Piedras para María)
Naciste ya voluta en la abisal cantera.
Festón imaginario descollando amoroso
sobre el sudor morado:
lengua de sal o vértigo de manos.
Maza o silencio,
sueño o clamor
y un delicado encaje de pétreas madreselvas
besándose en la cal.
PRIMERA PARTE
Fuera esperaba el amanecer…
Una vida enterrada entre sábanas recelaba de iniciar la aventura de vivir. (Su cuerpo recordaba bien otros amaneceres en soledad). Últimamente sus días acababan al mediodía; el tiempo de colgarse de un cigarrillo y fumarse toda la niebla de unas pocas horas en que podría deslizar su fantasma por entre las cosas.
No recordaba de seguro su edad; el espejo le traicionaba y sólo lereflejaba la mitad que nunca sospechó ser. Sin embargo, la nieve que cubría sus sienes le recordaba su estancia ya antigua entre los hombres y que pronto daría por terminada. Todas sus vivencias nacían de los sueños; incluso había días enteros en que la estela de su recuerdo no lograba desertar de sus neuronas. Nada de especial en su cara ni en sus gestos, sólo un ser apartado por la vida y encumbrado después en gustosa aceptación hasta su total olvido.
Decidió no afeitarse la cara: los seres que poblaban su mundo solamente le exigirían que les mostrara el verde su alma; desayunó mecánicamente, tanteó el estado de su ilusión y ya totalmente decidido, inició la huida por la puerta trasera de la vida, la que conduce al silencio del corazón.
Sus primeros pasos en la escarcha deshojaron la armonía del arcoiris concentrado en la hierba (la mañana se rompería después en mil luces). Sabía que todo eran espejismos preparados para cegar sus pupilas y que todo el trayecto estaría lleno de alucinaciones de nubes en charcos nunca creados para impedirle el ascenso del mediodía e ignoró el saludo de mudas manos que entre ramas intentaron cercarle ( no necesitaba aliento para saberse solo).
Pronto una nube taparía su horizonte y le rememoraría su inútil obsesión de atrapar nieblas entre los dedos (otro día más sin hojas que crecieran en sus manos).Nada importaba; nadie le detendría en su invisible trepar por escalas de silencio hasta las más altas horas del mediodía.
Supo que hoy llovería: la certeza le venía del halo que robó la tarde anterior en un descuido del sol, mas no le preocupaba en exceso no tener paraguas en las manos pues siempre le quedaba el recurso de hundirse en las aguas del río.
Sería un día de claros y sombras para sus ojos; una lucha desigual de sus retinas para captar todos los espíritus que brotaban por doquier de las huellas de la noche. Sin duda tal esfuerzo le desgastaba sobremanera y le impediría conocer el final de su viaje como más tarde veremos, mas todavía se sabía fuerte y los latidos le empujaban hacia su destino.
SEGUNDA PARTE
Procuró no pisar las huellas de otras vidas ajenas a la suya; cada paso debía ser invisible en las arrugas de su secreto camino. Nadie venía tras él, sólo estaba consigo mismo y cada movimiento innecesario le recordaba los tumbos que diera en el pasado.
En un momento dado, las botas y sus pies dejaron de ser sincrónicos en el caminar y presintió que algo dentro de él había quedado atrás , dormido entre las mudas paredes que vigilaron los sueños de su infancia. Era ( ahora lo podía ver con claridad), un niño que nunca despertó a la vida y que siguió soñando rostros de estrellas inexistentes.
Más adelante tropezó con sus pies y estuvo a punto de caer, no pudiendo impedir que se le desprendiera una capa de piel, la más gastada por el viento y que además llevara cicatrizada en sangre los estigmas de su amarga juventud. Ya no podía mirar atrás; ya no habría más auroras de rosicler ni tardes en arrebol: sólo el mediodía le esperaba.
El saberlo le alivió de la sensación de orfandad que oprimió su pecho y le impidió caminar; detuvo su marcha y descubrió al palparse un hueco en el corazón nunca antes intuido y que debió rellenar apresuradamente con flores marchitas y nubes desganadas que recogió de un charco y se notó un poco más ligero de alma al saberse solo en la mañana, libre ya de recuerdos y huido de esperanzas, mas el viaje ya no sería lo que pensó en un principio: mucho de su primitivo ser no conseguiría llegar hasta el nuevo yo que le esperaba.
TERCERA PARTE
Su marcha se tornó vuelo por minutos oscilante en la inseguridad de su nuevo ser que le instaba a desamarrarse de sus lugares tan queridos, ya raíces en su pecho pero sintió el sobresalto de un rayo de sol fugado que le indicó el camino por donde treparía más tarde, cuando todo él estuviera disuelto en cenizas.
No obstante las emociones se fueran amontonando en su cerebro,había ya intuido que su despedida de los hombres no sería tal y como se soñó ser: algo se lo impedía: una conciencia exacerbada le alejaba por momentos de lo inalcanzable para un ser humano….
¡Fue en ese momento…! Hasta él llegaron las notas de una música que volaba desnuda en una brisa no definitiva: ¡Esa era la voz…..! ¡La que tantas veces lograra descifrar a las noches de invierno, confiadas en su oscuridad!
Imperceptiblemente iba ganado notas a la altura. La presión de los cielos sería pronto aprisionante y el resplandor conocido estaba cegando la miope mirada que únicamente podían esbozar sus ojos mas le irritaba enormemente su conciencia vigilante: el cerebro se resistiría a aceptar el choque inevitable con el azul deseado. ¡Tenía que disolverse pronto en el viento escondido tras los montes nevados!
Por momentos , todo fueron certezas de su hundimiento irremediable en la dimensión de la que intentara huir durante sus treinta años. ¡Su destino estaba suspendido en las horas pues el atavismo de su herencia le impelía a hundir sus amputadas raíces en suelos ya hollados de los que nunca podría brotar ya verde, por lo que necesitó de mucho valor para sustraerse a la ayuda de los últimos montes conocidos y aprovechando el choque de dos estratos todavía semidormidos, impactó con fuerza en su popa, quedando desgajado de su existencia corporal.
Todo atisbo de conciencia humana le fue negada a partir de esa hora: por minutos desaparecía de su alma el vértigo del azul; tan sólo le restaba ya deshojarse rápidamente y con los primeros brotes de la lluvia desatada, deshacerse en cenizas. Culminada la operación y como vestigio, sólo jirones del alma desvestida quedarían entre nubes bajas y lentamente fueron las horas llevando un espacio de la nada hacia el retorno.
Luego, toda la hora se inundó de lluvia con los primeros bostezos de un viento desvelado, hundiendo en tierra postreras cenizas que disolviera el espíritu: ¡Al fin emergía como lirio en sombra su alma ya verde, definitivamente voz sin nombre prendada del azul..!.
Todo era silencio el mediodía….
Germán Gorraiz López

La Concejalía de Cultura y la Universidad Popular de Cartagena del Excmo. Ayuntamiento de Cartagena y la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, convocan el XXII Premio Internacional de Poesía “ANTONIO OLIVER BELMÁS”, con arreglo a las siguientes bases:
1.- Podrán concursar todos los poetas que lo deseen, no importa su nacionalidad siempre que sus obras se presenten escritas en castellano.
2.- Los poemarios tendrán un máximo de 1.500 y un mínimo de 700 versos, siendo totalmente libre su forma y contenido.
3.- Cada poeta sólo podrá concursar con un original que deberá ser rigurosamente inédito presentándose mecanografiado a doble espacio en tamaño Din. A-4, por una sola cara, en sextuplicado ejemplar, debidamente cosidos, grapados o encuadernados.
4.- Los originales se deberán enviar sin firmar. Adjuntándose un sobre cerrado en cuyo exterior figure el título de la obra y en su interior los datos personales del autor, que serán:
- Nombre y apellidos, dirección y teléfono.
- Fotocopia del D.N.I. o pasaporte.
- Breve curriculum.
Este material se remitirá a la siguiente dirección:
Universidad Popular
C/Jacinto Benavente, 7 – 1ª planta
30203 Cartagena
Indicando en el sobre únicamente, Premio Internacional de Poesía “Antonio Oliver Belmás”
El plazo de presentación de los originales comenzará el 23 de abril, finalizando el 17 de octubre.
5.- El jurado estará presidido por la Iltma. Sra. Alcaldesa o persona en quien delegue, y se dará a conocer oportunamente, actuando de secretaria la Directora de la Universidad Popular.
6.- El premio estará dotado de 12.000 euros al mejor trabajo presentado a juicio del Jurado, y se considerará esta cantidad correspondiente a los derechos de autor. La obra premiada será publicada, por la Editora Regional de Murcia que podrá coeditarla con editoriales privadas. También está dotado con una escultura conmemorativa realizada por Mayte Defruc. El premio está sujeto a la legislación fiscal vigente.
7.- El fallo del jurado, que será inapelable, se dará a conocer antes de finalizar el año.
8.- El jurado tendrá, además de las facultades normales de discernir el Premio y emitir el fallo, otorgándolo o declarándolo desierto, las de interpretar las bases.
9.- Los trabajos presentados no podrán ser retirados. Las entidades organizadoras no están obligadas a mantener ningún tipo de relación con los participantes.
10.- No se podrán conceder DOS premios consecutivos a un mismo autor/a.
11.- La organización del premio se reserva el derecho del autor/a y su publicación.
12.- El simple hecho de participar en este concurso, supone la aceptación plena de las presentes bases.

ECOPOEMA CONTRA LA ESCLAVITUD SILENCIOSA DE NUESTROS DÍAS
¡Penas! ¿Quién osa decir
que tengo yo penas? (…)
¡La esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!
José Martí
Protesta, hombre, contra la esclavitud
silenciosa, la nueva tiranía
del poderoso Don Dinero,
que hoy manda sin mostrar su patita
de tirano: la ciencia y las leyes
creadas para defender su avaricia.
Parece anacrónico y poco
conveniente, en estos días,
reclamar un trabajo digno.
Ten por seguro
que nos quieren mano de obra sumisa,
mal pagada y contenta.
Nuestro cantar, amigo, no es alegre
cuando vemos crecer la fila
de trabajadores en paro,
de obreros con empleo precario,
de jóvenes temporeros urbanos.
Nuestro rimado no es alegre
y el silencio haría
pesar más las cadenas.
El techo de hambres y saliva
sigue ahí, como un muro que oculta
el verde de la higuera, el labio de la luz.
Es cierto que hay otros miserables
y que nosotros podemos comer.
Pero no olvidemos escupir
en la cara a los culpables.
No tengamos miedo de ser mejores.
Nuestras penas personales son aire,
pero nuestro cantar, no es alegre
ni sereno
como los cantares de antes:
Allegados son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.
Nuestro cantar no es alegre, ni triste:
nuestro cantar está
inquieto por llegar a la utopía
de un mundo sin cadenas.
Mientras tanto,
nuestro cantar no puede ser alegre
y vale, lo que vale.

Enrique Baltanás
Trece elegías y ninguna muerte
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2010
El libro que vamos a comentar atrae desde el comienzo, desde el “Poema-prólogo”, porque Baltanás avisa y dice que nos va a “Hablar de esa moneda gastada que es la vida”. El imaginario poético se sitúa en escenarios de pérdida, y se acoge al misterio como un asidero, en el “Poema-prólogo” ya mencionado, misterio que se transforma en luz en el poema primero, a pesar de “... el fracaso y el dolor”.
En el segundo poema, digno de atención, advertimos coherencia con lo dicho: “La verdad de la vida es el misterio”, y sigue en el convencimiento y búsqueda, con matices esperanzadores: “... cuando los agujeros negros se vuelvan por fin blancos”. La no creencia en las utopías lleva al poeta a entrar en contradicción, por su firmeza en la esperanza.
El tema de la muerte no podía faltar, como así lo anuncia el título del libro. Es un hecho irreversible que el humano no entiende y cuya sombra permanece: “Lo malo es esa sombra que nos sigue...”, nos dice Baltanás, para terminar con el consuelo del misterio (“Y sólo es el misterio el que responde”).
Referencias clásicas y bíblicas en el poema V, que finaliza con un bello endecasílabo: “Y al subir a la barca cesó el viento”. El poema completo no tiene desperdicio. ¿Búsqueda y encuentro? Niebla y luz. En el fondo, ese desasosiego del hombre moderno que lucha por encontrar resplandores, e insiste una y otra vez (“El camino no importa, si al final nos hallamos/ limpios de corazón, nosotros a nosotros”).
La temporalidad, presente en este libro, tiene protagonismo, a veces como telón de fondo, otras de manera más relevante, como en el poema “Tardías confidencias”, con dos versos que merecen resaltar, como tantos otros de estas elegías (“Y el tiempo nunca escapa,/ porque no tiene adónde”).
Trece elegías y ninguna muerte es ese libro que nos ha gustado leer y que nos hubiera gustado escribir, porque recoge el pensamiento universal de muerte y vida, de misterio y esperanza. Baltanás nos lo hace llegar desde un verso terso y bien entramado, donde junto a la pérdida y desolación encontramos ironía, belleza y esperanzadas luces.
Dionisia García
Vuestra soy, pues me criaste.
Vuestra, pues me redimiste.
Vuestra, pues que me sufriste.
Teresa de Jesús
Alguien me ha soñado.
Alguien ha querido que naciera.
Alguien me ha sufrido.
Alguien ha sabido usar de la palabra
y hacer la maravilla familiar.
Alguien que ha dejado entornada la puerta del perdón.
Alguien que ya ha partido y sigue aquí.
Alguien, tan cerca,
con ser –quizás– sólo un testigo
de este esfuerzo invisible.
A veces una madre
es a imagen de otro.
Isabel Llorca Bosco