
Tomas falsas (V.O)
Joaquín Piqueras
Colección Poesía
Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, 2010.
El nuevo libro de Joaquín Piqueras, premiado y publicado por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, consagra la maestría del poeta murciano en el arte del poema breve. Incluso entre los poetas más originales de las tres últimas décadas, en la cuales se ha producido una travesía del desierto de la poesía escrita en España, Joaquín Piqueras es uno de los que han logrado alcanzar mayor personalidad y dominio de una técnica propia (en el caso de nuestro poeta, además, ese logro lo ha hecho desde la humildad y la pasión crítica y autocrítica, síntomas del verdadero arte). Desde su primer libro -publicado en suplemento de Ágora-, Antología del desconcierto, al que siguieron Concierto non grato (Premio de Poesía Ángel Martínez Baigorri), y Los infiernos de Orfeo (Premio de Poesía Antonio González de Lama); se apuntaba el dominio del registro del poema breve, una forma trabajada progresivamente por el poeta, hasta volverla dúctil para los contenidos cada vez más sociales y la ironía inteligente no agresiva, que es marca de la casa de Joaquín Piqueras. Sin embargo, Tomas falsas (V.O) llega a darnos auténticas piezas antológicas de este arte, al que ahora, en breve, me refiero, antes de pasar a visitar uno de sus poemas magistrales, como botón de muestra.
El poema breve constituye una forma aparte, dentro de las composiciones poéticas. En cuanto a su extensión (que ha de ser corta, entre 8 y 20 versos; por término general) se distingue de otras formas poéticas breves acuñadas por la tradición (soneto, octava, décima, etc). No tiene un número preciso de versos. Desde el punto de vista retórico, se separa de la sentencia, o el aforismo, o el apunte impresionista (aunque puede contener algo de éstos). Y en cuanto a su tono y contenido, el poema breve admite desde lo más lírico a la más objetiva exposición. Quizá, no obstante, como mejor se demarca el poema breve es por oposición al poema largo, que ha tenido, sin duda, mayor fortuna en la poesía, en cuanto a sus logros; por referirnos a la española, el poema largo, a pesar de no haber sido cultivado mucho, ha dado resultados excelentes, como son los poemas largos de Luis Cernuda en Las nubes (“El ruiseñor sobre la piedra”, “Lázaro”, etc); y si nos referimos a la universal, hemos de mencionar al maestro de este género, al Leopardi de La ginestra. En cambio, el poema breve no ha sido, creemos, suficientemente apreciado en su técnica y originalidad.
El poema breve contiene el inicio y el fin de un tema, ha de dar la impresión de cierre sobre sí mismo; y sobre todo, la conclusión es sorpresiva. Frente al poema largo: que inicia un tema, lo varía con otro, lo desarrolla, y conduce a una conclusión no sorpresiva. Mientras el poema largo cabalga en sus meandros por estrofas (cada una de las cuales pudiera ser independiente y con contenido propio, a la vez que hace avanzar el tema; así, el modélico poema largo de Cernuda, “El ruiseñor sobre la piedra”, dedicado a El Escorial: cada una de sus diez estrofas son temáticamente autónomas y a la vez sostiene el tema de la inmortalidad: un simple repaso de los primeros versos de ese a modo de “decálogo” estrófico nos es suficiente para reparar en ello (advertimos, de paso, que en las estrofas 2º, 3, 4º el poema varía el tema hacia la nostalgia andaluza del poeta y su yo; retornando luego al rosario lírico de metáforas dedicadas al monasterio de Felipe II):
1ª Lirio sereno en piedra erguido...
2ª Recuerdo bien el sur donde el olivo crece...
3ª Porque me he perdido...
4ª Hay quienes aman los cuerpos...
5ª Tus muros no los veo...
6ª Eres alegre, con gozo mesurado...
7ª Agua esculpida eres...
8ª Tú, hermosa imagen nuestra...
9ª Tú conoces las horas...
10ª Así te canto ahora, porque eres...
Frente a la amenaza de la muerte de la patria (tras la guerra civil y el exilio) y con ello, de la pérdida de la identidad del yo del poeta y del hombre Luis Cernuda, el poema canta la voluntad inmortal, que (aun sabiéndose piedra, sueño, imagen reflejada en las nubes y en el agua, o flor convocada a renacer efímeramente), representa El Escorial, para el poeta.
Del mismo libro Las nubes, y aun más de los primeros libros de Cernuda, podríamos extraer ejemplos magistrales de poemas breves. Lo mismo que en Juan Ramón Jiménez.
Aunque. en general, los poetas españoles no han estimado mucho esta forma poética. El poema breve, por otra parte, tiene un parentesco con la canción, con la que a veces se puede confundir. El poema breve puede presentarse en un poema monoestrófico (una sola tirada de versos) o en dos, tres, o cuatro estrofas. Tres sería la composición estrófica ideal del poema breve. En efecto, la presentación poliestrófica dota al poema breve de un aire de canción, y, en otro aspecto, le hace benjamín del poema mayor, forma que hemos analizado anteriormente. Si la distinción del poema breve respecto al poema largo, creo que ha sido aclarada; en cambio, distinguirlo de las formas cancioneriles breves se puede hacer dificultoso. Por ello, el poema breve “puro”, más nítido, hemos de verlo en su presentación monoestrófica: un solo aliento de ver, un inicio que no contiene desarrollo, pero sí una conclusión sorpresiva; en él, el poeta se vuelca en un golpe de aliento, nos mete de forma abrupta en su jadeo que de pronto nos deja una perla, antes de volverse al silencio. Un cierto aire sentencioso, aseverativo o bien irónico (aunque el poema breve no es un aforismo) acompaña el modo de su decir. Y si el poema breve es impresionista, u objetual, expone (sea elusiva o directamente) de forma invasiva para el lector un doble mensaje: el de la cosa y el de yo que observa o cuenta.
Con estas observaciones, propongo visitar el primer poema del libro de Joaquín Piqueras, Tomas falsas.
SALIDA DE LOS OBREROS DE LA FÁBRICA
Una fotografía en blanco y negro
en un ajado álbum de familia
genera una violenta panorámica
hacia el pasado, que desemboca
en este plano fijo en la memoria:
obreros saliendo de una fábrica,
obreros con caras sucias y almas
hipotecadas, hombres y mujeres
vestidos de azul, que saben lo que es
el sudor en el frente de la vida,
y entre ellos, mi madre, rostro anónimo
que regresa a su hogar, con el pan
bajo el brazo y un adiós en el pecho.
El poema es un ejemplo perfecto del arte al que nos referimos: el poema breve. Abre, como dijimos, el libro pero también la primera de sus secciones (que siguen las etapas del arte cinematográfico), “Etapa muda”. En el poema prima la escena, lo visual, que se da completa sin desarrollo (sólo los adjetivos, como “sucias”, “hipotecadas”, lo insinúan de forma que no es preciso desarrollar más), y el final, con la evocación, en un zoom subjetivo, de la madre “y entre ellos, mi madre, rostro anónimo”, rompe y desautomatiza el discurso presentado y nos produce un efecto de sorpresa, que ahonda el valor emotivo y lírico de la composición.
Quiero indicar, de paso, otros elementos de sorpresa o novedad del poema, como, en su léxico, el uso de la palabra “fábrica” y “obreros”. En un poeta de 2010, suena a novedad absoluta, hasta fonéticamente esos vocablos resultan casi extraños en la poesía que se nos ha vendido como tal en los treinta últimos decenios. Otro elemento de sorpresa es la presencia de la ironía en el poema, la ironía como recurso retórico, en el que no reparamos mientras se produce en la lectura; el poeta usa de la convención del cine, de la convención de una forma poética, para introducirnos, por medio de ese procedimiento irónico apenas desvelado, en la problemática humana y social, y en la actualidad.
No habla de obreros, a la manera retrospectiva de un poema de realismo de los años 30, sino de obreros actuales, cuyas vidas están hipotecadas, todo sabemos por quién y cómo.
El difícil arte de hablar del presente y sus inquietudes, para lo cual hay que encontrar un lenguaje nuevo, un indagar en las antiguas fórmulas retóricas para volverlas a lo que uno quiere mover con su poesía; y lo que el poeta siempre quiere mover y moverse es en el presente y en el futuro. Mucho más fácil, pero ineficaz poéticamente, es no tocar los temas que nos preocupan, porque ya hubo estilos, escuelas o poetas que hablaron en su tiempo de obreros y del mundo real. El verdadero poeta, como Joaquín Piqueras, se hace en el riesgo por encontrar la palabra para hablar del mundo presente, que es siempre el primer peldaño que conocemos del futuro, por tanto también por hablar del futuro. Poeta y profeta del presente (futuro) son la misma expresión.
Fulgencio Martínez