(Viene del viernes 17 de septiembre de 2010)
EL FRENTE. JOSEFINA MANRESA
Fulgencio: La revista Ágora, papeles de arte gramático sacó en la portada de su número 17-18 una foto de Josefina y Miguel Hernández en el frente de Jaén. No sabía que Josefina Manresa estuviera en el frente con Miguel, y menos que supiera escribir a máquina.(En la España anterior a la República más del 60 por ciento de las mujeres eran analfabetas).
Vicente H: La foto es magnífica, soberbia. ¡Hay que ver la calidad de las fotos antiguas! Miguel vestido de miliciano... y Josefina. Miguel la enseñó a escribir a máquina. Él era un gran mecanógrafo; trabajó ya de mecanógrafo en la notaría de José María Quílez, que fue uno de los primeros que se cargaron los rojos en Orihuela. En Madrid contrató Cossío a Miguel Hernández porque escribía muy bien a máquina.
Fulgencio: Entre mi mujer y yo hemos hecho un poco de investigación de aficionado. Intentamos fechar la foto en relación con la correspondencia de Miguel Hernández. Faltan las cartas de Josefina a Miguel. En una carta de Miguel (de marzo de 37) con sensibilidad le pide a Josefina que le confirme si ha ocurrido esa falta que esperan...
Vicente H: Ella ya debió regresar a Cox y le pregunta si estaba embarazada.
Fulgencio: ¿No volvería Josefina en otra ocasión al frente?
Vicente H: No. Miguel marchó al frente de Guadarrama. Estuvo primero de zapador haciendo trincheras y luego en la propaganda pero siempre en el frente de combate.
MIGUEL Y LA GENERACIÓN DEL 27
Rompiéndole el retrato a Rafael Alberti
Vicente H: Hay una anécdota que recoge J.L. Ferris en su libro: tuvo lugar en el Palacio de los Marqueses de Heredia-Spínola (calle Marqués del Duero, 7, Madrid) con María Teresa León y su esposo el poeta Rafael Alberti. Miguel volvía del frente a descansar en ese Palacio que era sede de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Miguel venía de ver morir a la gente, porque él estuvo en primera fila siendo un poeta ya conocido, que había publicado El rayo que no cesa; el libro más vendido, junto con un poemario de Manuel Machado, en la feria del libro de Madrid, aquella primavera del 36, antes de estallar la guerra. Miguel ya tenía cierta fama pero se va de zapador al frente del Guadarrama, y regresa a Madrid, al palacio de Heredia-Spínola, cuando puede, una noche cada semana, o cada dos. Sobre todo, para asearse. Porque él era muy higiénico, desde siempre. Contaba mi padre que en su casa se duchaba Miguel en invierno con agua de pozo, la echaba en la rociadera y se duchaba en el patio en pelota viva. A ver quién tenía cojones a bañarse con ese agua de pozo siquiera en verano.
Joaquín Garrigós: Recuerdo que eso lo contó tu padre en la entrevista que le hicieron en la televisión en los años sesenta.
Vicente H: ¡Si Miguel era un escándalo!, salía en pelota a correr por la sierra. Le decía mi abuela: ¿dónde vas, Miguel? Y le respondía: a correr y sudar un poco. Era un avanzado, un naturista, un hala la naturaleza. Otras veces, se echaba la máquina de escribir al hombro, y subía y bajaba de la Cruz de la Muela. Era muy aseado. La higiene le obsesionaba, le mató la enfermedad pero sobre todo la promiscuidad y las malas condiciones sanitarias de las cárceles. En el Reformatorio de Adultos de Alicante, donde murió, el agua contaminada desencadenó una epidemia de fiebre tifoidea, y Miguel, que ya venía tocado del pecho y débil, cogió la tuberculosis y la tisis, y murió.
Pero te cuento la anécdota del palacio de Heredia. Miguel, una de las veces que volvía del frente, ve en ese edificio a Luis Cernuda, Rafael Alberti, María Teresa León, dispuestos a festejar un banquete y disfrazados con ropas de palacio para un baile de carnaval. Miguel era impulsivo, y en una pizarra escribe: aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta. Y, al rato, cuando salía Miguel del palacio, de aquella sede de intelectuales, María Teresa León, la mujer de Alberti, se le encara y le pregunta quién había escrito aquello. Miguel le responde que lo ha escrito él; y María Teresa León le dio una hostia que le rompió un diente y lo tiró al suelo. Miguel era un tío fibroso, mimbreño, pero un tío tío; María Teresa León tenía más agallas que Alberti, porque lo lógico es que hubiera sido Alberti quien le hubiera preguntado a Miguel. María Teresa León fue quien hizo a Alberti hombre y comunista, tenía las agallas que le faltaban al otro.
Hay otra anécdota, que contaba mi padre. Una de las pocas veces en que coincidieron en la guerra, le preguntó mi padre si conocía a Rafael Alberti. Miguel contestó que sí, y quiso saber por qué le preguntaba por el poeta comunista. Y mi padre le dijo: Es que ha llegao al frente a arengarnos, puesto de correajes y un revólver con la culata de nácar; yo creo que es un gilipollas. Yo también lo creo, dijo Miguel.
García Lorca, Cernuda, Aleixandre
Fulgencio: Tampoco García Lorca podía ver mucho a Miguel Hernández...
Vicente H: No podía ni verlo. Se conocen en Murcia en los talleres de La Verdad, cuando Miguel publica Perito en Lunas. Luego, ya en Madrid, García Lorca, cuando sabía que estaba Miguel en un acto, no iba. Cernuda tampoco lo podía ver. Se ha dicho tantas veces que había incompatibilidad de caracteres entre ellos y Miguel. Yo no creo que fuera eso. Si es cierto el distinto signo sexual, la homosexualidad de García Lorca y de Cernuda, también lo es que la homosexualidad es común a otros grandes poetas de esa generación, como Vicente Aleixandre. Y hay que leer las cartas de éste a Muñoz Rojas, para apreciar la amistad que le profesó siempre Aleixandre a Miguel. Sobre todo, la última carta, donde Vicente le dice al poeta andaluz: te voy a comunicar la muerte de Miguel Hernández. Era el mejor amigo, un hombre bueno...

...Miguel le llevaba naranjas a Vicente, enfermo en cama, y lo echó en una carretilla, durante un bombardeo de Madrid, y lo transportó a otra parte de la ciudad segura de las bombas.
Esa carta a Muñoz Rojas es entrañable, llena de emotividad. (La voz de nuestro entrevistado se emociona como en ningún otro momento de la entrevista). He tenido el privilegio de conocer a Vicente Aleixandre. En una visita con mi primo a su casa de la calle Welintonia. Nos recibió sentado, hierático en su silla, con unos ojos azules hermosísimos, inmensos; transmitía humanidad, como una bondad que emanaba... La carta a Muñoz Rojas, que ha muerto hace poco, te hace llorar.
Fulgencio: Miguel, en sus cartas desde la cárcel, continuamente le dice a Josefina que escriba a Vicente y se interese por su salud, y Vicente le enviaba dinero para la mujer y el hijo de Miguel...
Vicente H: Protegió muchísimo a la familia; el que más, entonces y después. Directamente o a través de amistades suyas. Vicente Aleixandre hizo para que mi primo estudiara en Madrid y ayudó a mi tía Elvira a sacar a flote a cuatro hijos. Cuando nos recibió en su casa de Welintonia,1, un chalecito donde vivía con su hermana, se emocionaba al recordar a su amigo Miguel Hernández.
Fulgencio: ¿Quién crees que también le ayudó?
Vicente H: Hay que hacer justicia, y decirlo todo. José María de Cossío hizo siempre, siempre, lo indecible por él. Intercedió ante Rafael Sánchez Mazas para que éste consiguiera que Franco le conmutara la pena de muerte. Luego, hay la anécdota de que a Miguel se le presentaron en la cárcel Cossío, Sánchez Mazas y otro poeta falangista que no recuerdo, y le proponen que se retracte de sus ideas. Miguel les dijo: Parece mentira que me conozcáis y que me vengáis con proposiciones deshonestas como si fuera una puta barata.
Era así Miguel, íntegro y totalmente temerario. No supo nadar y guardar la ropa.
DEJADME LA ESPERANZA
Fulgencio: Te pregunto ahora por otro tema, el de la familia de Miguel, su obsesión por el hijo primero que murió.
Vicente H: Lo sintió mucho. Miguel era muy sentimental. Con todos. Ayudaba mucho a la gente, aunque tenía sus cosas. Contaba mi padre que una de las veces en que fue a verlo a la cárcel de San Miguel, en Orihuela, le dijeron que se encontraba incomunicado; lo que era casi habitual. Y se interesó mi padre en saber por qué estaba incomunicado y un guardia de prisiones le dijo: es que su hermano no asume que está preso.
Nos despedimos oyendo decir a Vicente Hernández Fabregat el poema que más le emociona de su tío. “Canción última”:
Pintada, no vacía:
Pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.
Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.
Florecerán los besos
sobre las alhohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábada
su intensa enredadera
nocturna y perfumada.
El odio se amortigua
detrás de la ventana.
Será la garra suave.
Dejadme la esperanza.
(Miguel Hernández. El hombre acecha)

Vicente Hernández Fabregat, al final de la entrevista.
NOTAS.
(1) Para aclarar algo este pasaje, donde las confusiones de antes y la de mía de ahora pueden llegar a dejarnos estupefactos ante lo silenciado, reproduzco una cita (recuperada por mí posteriormente a esta conversación) de la “Introducción” de Leopoldo de Luis al libro Miguel Hernández. Obra poética completa. Editorial Zero, Bilbao, 1976.
“En los múltiples azares por los que atravesó el tropel acosado de los vencidos, entre campos de concentración y cárceles que cubrían kilómetros cuadrados de España, los triunfadores entreabrían de cuando en cuando las rejas para quienes, habiéndose librado de los fusilamientos, no tenían aún causas judiciales en trámite, o bien eran éstas de minúscula entidad. Con ello, aligeraban el terrible peso muerto de los prisioneros. Así salió Miguel Hernández de la cárcel el 17 de septiembre de 1939, y cometió la ingenuidad de correr al lado de los suyos. Doce días después era detenido de nuevo, ya no como preso innominado, sino con las acusaciones concretas que su obra mereció. En la prisión del edificio del Seminario de Orihuela, primero; dos meses más tarde en la cárcel de Conde de Toreno, en Madrid. Se le juzgó en enero de 1940 y el tribunal le condenó a muerte. El recurso de gracia para la conmutación de la pena a la inferior de 30 años fue apoyado por la gestión personal de algunos escritores con influencias dentro del régimen: Cossío, Ridruejo, Sánchez Mazas, Gª Viñolas, Alfaro... Obtenida la conmutación, el recluso -que ocultó a su mujer por algún tiempo la gravedad de la sentencia- fue trasladado a la cárcel de Palencia y más tarde al penal de Ocaña, donde permaneció hasta junio de 1941, en que se logra su traslado al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde la familia lo tiene más cerca.
La neumonía adquirida en Palencia, la bronquitis cogida en Ocaña, el tifus que le ataca en Alicante, van royendo su organismo joven pero con mucho sufrimiento encima, y aparece la tisis. Hay que hacerse cargo de lo que era una tuberculosis galopante en 1942, en España y en la cárcel (…)
En la madrugada del 28 de marzo de 1942, después de tres años de persecuciones y cárceles, murió en la prisión alicantina -en la tierra que tanto quiso- a los 32 años de edad”.
Para ser más exactos: Miguel sólo llegó a cumplir treinta y uno. Nació el 30 de octubre de 1910.
(2) “El 26 de abril de 1937, los aviones de la Legión Cóndor alemana bombardearon la villa de Guernica, destruyéndola en gran parte y ocasionando más de 1.500 víctimas civiles. Pablo Picasso pintó bajo la impresión de estos acontecimientos su famosa obra maestra, el Guernica, sobrecogedora denuncia de los horrores de la guerra. El cuadro se expuso en el Pabellón español de la Exposición Universal de París (1937)”.
(cita extractada del Diccionario enciclopédico, Olympia Ediciones, Barcelona 1995).
Para evitar la huida de la población civil, la marina de Mussolini cercó por mar la costa vasca, mientras que las tropas de Franco del Norte mantenían el cerco por tierra. Esta salvaje y calculada operación sobre la población de Guernica, elegida como blanco para el ensayo de la Lutfwaffe, se dirigió a minar la moral del ejército de la República, cuando aún no había transcurrido un año de la guerra civil. Operación de golpe final psicológico cuyos efectos destructivos y novedad en los usos bélicos dio ocasión para que se difundiera la noticia internacionalmente. Que sepamos nosotros, ningún intelectual franquista, ningún obispo católico, en su momento ni después, mostró algún escrúpulo de conciencia por aquel crimen de guerra.
Miguel Hernández, que escribió su libro Viento del pueblo entre el verano del 36 y el verano del 1937, llegó a tiempo para incluir el poema “Euskadi” entre los últimos de ese libro donde hace memoria de la ignominioso y cobarde destrucción de Guernica y de su árbol símbolo de la tierra vasca, el viejo roble cerca del cual se reunían las Juntas de Vizcaya y, desde la Edad Media, los reyes españoles juraban los Fueros. En el poema “Euskadi”, Miguel da aliento, moral de resistencia a una España que no se deja vencer nunca por la fuerza. “Mientras existe un árbol el bosque no se pierde”. Importa saber leer esta poesía, que alcanza uno de los cometidos más altos de la lírica; e importa también entender esta conciencia de Miguel Hernández, que se da cuenta de la significación de la guerra psicológica y del objetivo que pretendían Franco y Hitler. De este modo se contextualiza mejor su resistencia, aún después de la derrota y la cárcel, al desamparo de Rusia a España.
EUSKADI
Italia y Alemania dilataron sus velas
de lodo carcomido (...)
Contra España cayeron, y España no ha caído.
España no es un grano,
ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades,
España no se abarca con la mano
que arroja en su terreno puñados de crueldades.
Al mar no se lo tragan los barcos invasores,
mientras existe un árbol el bosque no se pierde,
una pared perdura sobre un solo ladrillo.
España se defiende de reveses traidores,
y avanza, y lucha, y muerde
mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo (…)
En Euskadi han caído no sé cuántos leones
y una ciudad por la invasión deshechos.
Su soplo de silencio nos anima (…)
No se debe llorar, que no es la hora,
hombres en cuya piel se transparenta
la libertad del mar trabajadora.
Quien se para a llorar, quien se lamenta
contra la piedra hostil del desaliento,
quien se pone a otra cosa que no sea el combate,
no será un vencedor, será un vencido lento.
Español, al rescate
de todo lo perdido.
¡Venceré! has de gritar sobre cada momento
para no ser vencido.
Si fuera un grano lo que nos queda,
España salvaremos con un grano. (…)
(Miguel Hernández. Viento del pueblo)
cf. el libro, de Isaías Lafuente, Esclavos por la patria. La explotación de los presos bajo el franquismo (Temas de hoy). “ ... medio millón de muertos, un cuarto de millón de exiliados dispersos en Francia, Rusia y varios países hispanoamericanos, 280.000 presos en cárceles y campos de concentración por los delitos más inverosímiles, miles de españoles heridos o mutilados por efectos de la guerra, produjeron un colapso en el mercado laboral de un país que necesitaba reconstruir sus infraestructuras y poner en funcionamiento empresas destrozadas o paralizadas por la guerra”.
Los crímenes contra la humanidad del franquismo no se limitan sólo a los esclavos que mantuvo el Régimen durante décadas, ya terminada la Guerra, ni a los 100.000 españoles que yacen en alguna cuneta de este país y cuya búsqueda y entrega de sus restos a sus familiares es obstaculizada por la sombra alargada del franquismo que oscurece la actual democracia en España, sino por un hecho que suele no mencionarse: la muerte de los derechos civiles de varias generaciones de españoles, de una u otra ideología, durante cuarenta años, lapsus de tiempo de la dictadura franquista que no tiene parangón con el fascismo o el nazismo. Durante cuarenta años se violó los derechos de la persona en España, y peor aún, consiguió el terror franquista que gran parte de los españoles muertos civilmente ni siquiera fueran conscientes del atropello a su dignidad. La tarea de nuestra generación es también no olvidar esa infamia reciente cometida contra nuestros padres. Los crímenes del franquismo no es una vieja historia de abuelos o bisabuelos que nos quede remota. Es una responsabilidad de la actual generación no mirar para otro lado.
Desde la revista cultural Ágora exigimos el respeto a todas las víctimas del franquismo, también a las víctimas más próximas a nosotros, los españoles que han vivido privados de sus derechos civiles durante los cuarenta años de dura y larga dictadura franquista. Exigimos la condena democrática del franquismo, por parte del Gobierno, del Pueblo y de la Justicia española, así como de los Tribunales Internacionales de Derechos Humanos.
Y, como un deber más hacia la Poesía, exigimos que sea permitido buscar y exhumar los restos de Federico García Lorca, asesinado a sangre fría en algún lugar próximo a Granada; y, finalmente, que no sólo sea reparada la memoria de Miguel Hernández, como ha hecho el actual Gobierno democrático de España; sino anulado, por el Tribunal de Justicia correspondiente, el Juicio sumarísimo donde fue condenado por unos jueces militares, monos de un dictador responsable de crímenes contra la humanidad.