No te marches sin pulsar sobre +1 en aquellos artículos, poemas, relatos, ensayos, reseñas, que te hayan gustado.

sábado 31 de julio de 2010

Refrescantes lecturas veraniegas


Nos vamos de vacaciones, que empiezan en sábado. Dísfruta, pero no olvides bañarte en poesía, refrescarte con un relato, mójarte con un artículo... :

Ágora nº 20, verano 2010.

Ágora nº 19, especial de Miguel Hernández, segunda parte.

Ágora nº 18, especial de Miguel Hernández, primera parte.

Ágora nº 17, para la libertad.

Ágora nº 16, nuestro primer número en red.

Y, si además quieres llevártela a la playa, mientras te doras en la arena, PÍDETELA, que te la mandan a casa.

(Imagen, Joven leyendo, de Rembrandt, Kunsthistorisches Museum, Viena)

viernes 30 de julio de 2010

El rastro de de Swedenborg



Soren Peñalver firmó este artículo, en nuestra revista nº 4, dentro del dosier dedicado a Borges.

jueves 29 de julio de 2010

Las horas y los siglos de Borges




Artículo de Vicente Cervera, publicado en el nº 4 de nuestra revista (mayo de 1999), dentro del especial dedicado a Jorge Luis Borges.

miércoles 28 de julio de 2010

Borges, el guardián de los libros





El número 4 de nuestra revista,- publicado en mayo de 1999- rindió un homenaje a Jorge Luis Borges, uno de cuyos artículos es el presente, firmado por Antonio Durá.

Sin pinchas sobre las imágenes, se agrandarán.

martes 27 de julio de 2010

Borges El bibliotecario


A Borges, qué duda cabe, le gustaba ser escuchado, escuchado con interés. A muchas personas les ocurre, y como en el caso de todas ellas, las causas de su interés podrían ser infinitas. Nos embarraríamos en la más estéril especulación si sus lectores, sus verdaderos lectores, no hubiéramos desprendido de su obra el único motivo cierto: Borges quiso devolver al mundo lo que éste le había ofrecido antes, su bien más preciado: La Biblioteca.

He aquí su más importante mensaje. La única razón por la que se requiere hacer escuchar es para hacernos comprender lo esencial de escuchar a otros, lo poderosos que pueden ser para nosotros sus sonidos y sus silencios, sus ritmos y sus rupturas. Su deseo es comunicar el entusiasmo que él sintió leyendo, incitarnos a buscar, como busca el lector vocacional- el único real, es evidente- esa felicidad que surge del encuentro con una obra, con la obra que parece escrita exclusivamente para nosotros. Ese encuentro crea un mundo paralelo, incomprensible a los ojos de los demás y abierto siempre a quien lo hizo. Un jardín privado que jamás pisarán pies que no sean los propios. Un lugar vivo y en constante crecimiento, monumento móvil de esos encuentros efímeros e intensos, compañía para las soledades igual de intensas pero no tan efímeras.

A esa magnífica colección de literatura que seleccionó y prologó para los demás, la llamó Borges "Biblioteca Personal". Y el título es exacto y certero por la única razón de que no existe otra posible biblioteca que la de uno mismo. La de otro puede aportar consejos, indicaciones, sendas no recorridas... Pero sobre todo debe ser un pistoletazo de salida, un empujón al vacío. Jorge Luis Borges sabía esto más que de sobra, y aprovechó la admiración de sus, como yo, jóvenes lectores, para dejarnos entrever la posibilidad de muchas sorpresas si, como él, nos hacíamos lectores voraces, habitantes de Biblioteca con mayúscula. Sabía que tan sólo podía darnos pistas, jugando a señalar horizontes nuevos, porque en este camino se anda solo, con la única compañía del entusiasmo y del amor por la belleza.

Sus recomendaciones son, casi siempre, maravillosas; a veces, ya leídas, las he visto tal y como él me las contó. Otras, muy diferentes pero, estoy casi seguro, igual de perfectas. Aún así lo mejor es el Borges lector y educador de lectores, el Borges que excitó mis preguntas y mis posibilidades, que me dibujó paisajes sobrecogedores, pero accesibles.

A un escritor se le admira, a un maestro se le quiere y se le hace saber. Sea este mi humilde homenaje. Gracias por dejarme mirar un ratito a través de tus ojos, tan grandes.


lunes 26 de julio de 2010

Poema



................Mi madre me enseñó a bordar:
el dedal en el dedo corazón,
usar el hilo en hebras cortas,
me enseñó a hacer vainica doble
y a ordenar la vajilla de porcelana:
primero las bandejas,
después los platos y las copas.
...............Mi abuela me enseñó a planchar:
el pañuelo de niño se plegaba
en un triángulo, como el de soltera,
sólo el de caballero se plegaba
en forma de rectángulo.

...............- Entonces, eres hija de una buena familia.
-No, soy hija de las criadas.


Cristina Morano
(Imagen: La fábula de Aracné, de Velázquez. Museo del Prado)

sábado 24 de julio de 2010

Lecturas refrescantes, findesemaneras y veraniegas


Estamos a punto de irnos de vacaciones, y este fin de semana es un adelanto. Por eso insistimos: báñate en la poesía, refréscate con un relato, mójate con un artículo... pero lee:

Ágora nº 20, verano 2010.

Ágora nº 19, especial de Miguel Hernández, segunda parte.

Ágora nº 18, especial de Miguel Hernández, primera parte.

Ágora nº 17, para la libertad.

Ágora nº 16, nuestro primer número en red.

Y, si además quieres llevártela a la playa, mientras te doras en la arena, PÍDETELA, que te la mandamos a casa.

viernes 23 de julio de 2010

Exposición colectiva "La memoria del laberinto, en Elche



Miguel Hernández en la memoria del laberinto. Video clip con las imágenes de la exposición colectiva "La memoria en el laberinto" Centro de Congresos de Elche/Elx, con voces de los poetas Antonio Guillén, Yolanda Mesquida acompañada por Nicolás a la guitarra, Ramón Palmeral y Los Lobos. Nuestro agradecimiento al Ayuntamiento de Elche y a Eutiquio Estirado corodinador de la muestra. (Dirección, guión y realización de Palmeral).

jueves 22 de julio de 2010

Ágora digital en La Torre de Papel: más de 3.000 escuchas


En esta semana de repaso a las cosas de nuestra gente, no podemos dejar de señalar- y agradecer- que la entrevista que José Cantabella mantuvo con los codirectores de Ágora papeles de arte gramático, es la más escuchada de La Torre de Papel, al día en que subimos esta noticia, superando con creces las 3.000 veces escuchada.

Podéis acceder a ella pinchando AQUÍ.

miércoles 21 de julio de 2010

Pilar López Bernués entrevista a Francisco J. Illán Vivas


La escritora y crítica literaria, Pilar López Bernués, entrevista al codirector de Ágora, papeles de arte gramático, para su bitácora y página oficial, una larga entrevista donde se repasa la actividad creativa del autor molinense y de su faceta en la revista Ágora.

Entrad en la entrevista AQUÍ.

martes 20 de julio de 2010

Tomas falsas (V.O.), de Joaquín Piqueras

.
El último poemario de Joaquín Piqueras acaba de ver la luz. Con portada de José Molina y prólogo de María Ángeles Moragues, esta apócrifa historia del cine dividida en tres secuencias de poemas (Etapa Muda, Etapa Sonora [I], Etapa sonora [2]), que utilizan todos el motivo cinematográfico como pretexto para ahondar en cuestiones existenciales, tales como el amor, el paso del tiempo o la muerte, es el resultado del Primer Accésit del XVII Premio de Poesía Ciudad de Las Palmas. Se trata de una ampliación del anterior poemario Tomas falsas, que no fue sino una especie de tráiler de lo que es este libro.

lunes 19 de julio de 2010

Conversaciones con Jesucristo Riquelme: Miguel Hernández fue un protector de la dignidad humana


Jesucristo Riquelme experto estudioso e investigador del poeta Miguel Hernández visita Murcia disertando sobre este oriolano universal a propósito de la conmemoración del centenario de su nacimiento y advierte que en Perito en lunas, su primer libro poético, publicado en Murcia, encontramos en Miguel Hernándezun auténtico malabarista del lenguaje”.

Una entrevista de María Ángeles Moragues Chazarra.


Pregunta: ¿En qué fundamenta Jesucristo esa afirmación acerca de la postura defensiva de Miguel Hernández hacia la dignidad del ser humano?

Respuesta: Tiene mucha relación con su propia biografía y con el transcurrir de su vida en el seno de su familia, donde destaca la figura hostil de su padre frente a la que él se sitúa y observa el incesante trabajo que desarrollan las mujeres de su casa, especialmente su madre, seguida de sus hermanas y del trato recibido. En este sentido Miguel sale en defensa de estas y, por extensión, del género humano.


P: Remontándonos a los orígenes estudiantiles de Miguel siendo todavía niño y acudiendo a la escuela “Ave María”, ¿podemos rastrear para encontrar algún inicio que impulse su inclinación literaria?

R: Sí, sí. En efecto. Su primer maestro, D. José Pegús leía en clase varios cuentecillos breves que eran del agrado del niño, algunos a pesar, incluso, de su título. Por ejemplo, el titulado “El monstruo”. Quizá este sistema basado en el método del “sapere aude” ejerció un influjo positivo hacia los gustos del futuro escritor.


P: ¿Podría considerarse una metodología bastante parecida a la empleada por algunos profesores de Literatura para conseguir acercar esta disciplina, sobre todo sus etapas más alejadas en el tiempo, a los adolescentes y jóvenes de hoy? Usted mismo la utiliza.

R: Sin duda. Con el montaje de un espectáculo en el que se incluyen actuaciones en vivo y recursos audiovisuales que es el lenguaje que mejor comprenden los jóvenes de nuestra era, es posible hablar y hablar de poesía sin parar. Acabando por hacer que les guste, hacerles ver que la poesía es algo con lo que ellos se pueden deleitar y que les permite conocer al poeta en cuestión, en este caso Miguel Hernández. Es una forma de explicarles que las situaciones vividas por éste, sobre todo en cuanto al amor, pueden ser también vividas por ellos. Sería el “mutatis mutandis” que dirían los clásicos.

P: Durante este año se van a realizar publicaciones de diversa índole literaria con temática muy hernandiana,incluso novelas juveniles a modo de biografías noveladas para adolescentes. ¿Le parece una manera pedagógica de acercarlos al fenómeno que supuso para las letras este “genial epígono de la Generación del 27”?

R: Cualquier divulgación literaria es interesante. Ahora nos centramos en Hernández pero lo importante es que el sentido y el espíritu de lo que él escribió se trasladen a los demás para que sirva de estímulo. Con las recreaciones novelísticas hay que llevar cuidado porque, en ocasiones, lo que aparece en el papel es la idea que tiene quien escribe sobre Miguel Hernández, es una interpretación pero después es una exaltación del propio ego del creador.


P: ¿Qué aportará 2010 sobre Miguel Hernández a la Literatura española?

R: Más popularidad de la que posee este poeta porque no es tan conocido como a primera vista parece. Se va a conocer con más profundidad estética y literariamente este complejo poeta como creador de poesía moderna y, además, por el alcance que va tener la poesía de Miguel Hernández va a suponer un fuerte aldabonazo a la poesía en general, que nunca ha sido un género de mayorías.


P: La obra poética de Hernández ha resultado más cualitativa que cuantitativa. Variada, desde aquellos versos iniciáticos compuestos con aspiraciones y hasta aquellos sueltos punzados en la pared de la cárcel alicantina. ¿Dónde localiza Jesuscristo Riquelme el culmen de la poemática hernandiana?

R: En Cancionero y romancero de ausencias como libro e idea de confección creativa. Y luego algunos poemas sueltos, los grandes: “El niño yuntero”, “Nanas de la cebolla”…..


P: Han pasado ya casi setenta años del óbito de este anfitrión del verso, todas sus facetas creativas han sido abordadas, científica y hasta de manera popular. ¿Qué queda por estudiar de su versatilidad creadora?

R: No todo ha sido analizado, aún queda muchísimo. Miguel Hernández está casi por descubrir. Estudios sobre su trascendencia poética no hay tantos y, sobre todo, no son conocidos. La relación de Miguel Hernández con la plástica y la música, por ejemplo, no ha sido lo suficientemente desarrollada. Se han realizado algunas tesis doctorales, pero todavía queda material por redescubrir. Y después, el lenguaje poético, las metáforas, etc.


P: Este año es año de celebraciones, hay prevista una cascada de eventos sobre Miguel en los que, al menos en parte, los familiares herederos tienen voz respecto a ello.

R: Siempre es complicado. Por una parte se está defendiendo una herencia que es absolutamente legal, y, por otra, entra en conflicto con los intereses generales del acervo cultural y la difusión de la obra. La familia defiende legítimamente lo particular, lo difícil es ponerse de acuerdo con personas que opinan que la cultura es dominio de todos. Son concepciones enfrentadas y entonces surge el conflicto. Hay que ser, pues, muy permisivo para que se pueda divulgar la obra. El propio Hernández en una carta a Josefina Manresa le preguntaba si había recogido los escritos que le entregó a Cossío en Madrid porque en ellos “hay mucho de mí, mucho de nosotros”, y ya vaticinaba Miguel, que serían el futuro de su esposa e hijo. Era consciente de la magnitud de su trabajo como artista que algún día sería productivo tras su publicación.

P: Entre estos acontecimientos Jesucristo Riquelme también participa activamente en algunos y alberga algunos proyectos a corto plazo.

R: Sí, es cierto. La editorial Ecir ha publicado un volumen titulado Miguel Hernández, un poeta para espíritus jóvenes, que incluye cincuenta poemas de Hernández y desarrolla los temas cruciales de su poética: la naturaleza, su compromiso político-social y otros temas de interés. Después, una editorial murciana, Pictografía, editará ediciones facsímiles tanto de los dos Cuentos para Manolillo que escribió Miguel en la cárcel para su hijo, como del Cancionero y romancero de ausencias y de las tres obras de teatro que se publicaron en vida del poeta.

sábado 17 de julio de 2010

Lecturas refrescantes, findesemaneras y veraniegas

Báñate en la poesía, refréscate con un relato, mójate con un artículo... pero lee:

Ágora nº 20, verano 2010.

Ágora nº 19, especial de Miguel Hernández, segunda parte.

Ágora nº 18, especial de Miguel Hernández, primera parte.

Ágora nº 17, para la libertad.

Ágora nº 16, nuestro primer número en red.

Y, si además quieres llevártela a la playa, mientras te doras en la arena, PÍDETELA, que te la mandamos a casa.

viernes 16 de julio de 2010

Apócope crónico del suspiro

Caos hipotético
siniestrado en diamante.
Y las estrellas de las calles, los ojos
y tus piernas o incluso,
el remesar de tu cintura,
tiroteando pupitres con diademas.

Solaz es el ingenio que me acerca,
símil de destierro,
desierto amilanado
en la historia del misil
culminado en gota.


Fría y sufrida,
surco de centenas que
avisan de improviso
de los años que te quedan
en los huecos de esta página
que marca dos veces la hoja
en un otoño más, otro invierno,
el verano en despedida
y sin más estaciones a la vista
que los sustos de alquilarse.

Navarro Beloqui


Lee los otros poetas de Navarro en nuestra revista, pincha AQUÍ

jueves 15 de julio de 2010

Croniria, de Raquel Lanseros

CRONIRIA
de Raquel Lanseros
Edita: Ediciones Hiperión. S.L.
Madrid, noviembre de 2009
Género: poesía
Ilustración de portada: Jack Babiloni


Raquel Lanseros, en palabras de nuestro común amigo Fulgencio Martínez, tiene un don especial para la poesía, y para los títulos de sus libros. Y en este, Croniria, es una fresca crónica que, como destacó el jurado del XIII Premio Internacional Antonio Machado de Baeza, “frescura y audacia de unos poemas de mano joven, pero no por ello faltos de solidez y penetración, que hacen partícipe al lector de un mundo propio, y propio de su época, con hallazgos verbales que van más allá del mero juego literario”, y eso sin obviar que la autora juega con el lector, con las palabras, con lo que nos dice, con lo que nos oculta, como una consumada prestidigitadora, llevándonos por esa crónica-viaje, en la que sabremos, si lo dudábamos, que “sólo quien ha besado sabe que es inmortal”.

Ella nos recuerda unas palabras que pudo pronunciar Heráclito, “no se pisan jamás las mismas huellas”, pero sí se pueden leer cientos de veces los mismos poemas, porque nuestros ojos, deslizándose con “apetito prohibido”, no dejan huella sobre las páginas, y, nunca debemos olvidar- nos lo recuerda Raquel- que “la poesía es lo contrario de la muerte”.

Un viaje, y su crónica, que nos lleva al lejano, o cercano, pues puede que el tiempo sólo sea un sueño, 2059, donde “los viejos somos muchos/ somos tantos/ que nuestro peso arquea la palabra futuro/ Cuentan que olemos mal, que somos egoístas...”, que para este lector representa la parte más profunda de esta crónica, que nos recuerda más adelante que “el tiempo suele darnos la ventaja/ de pensar que no existe su amenaza./ La juventud, efímera y hermosa, lo retiene cobarde en el fondo del lago”, y nos resalta también que “la vida es un juego peligroso”.

Raquel Lanseros, que ilumina las mañanas de León con su sonrisa, no nos llevará a la tristeza en esta crónica, cantándonos el Espíritu de una época, poema que me ha gustado mucho, nos confiesa que no “teme a la muerte ni al olvido”, que se siente “deudora de la carne”, y que si debemos buscarla, que lo hagamos “entre las alas/ de un pájaro que escapa del invierno”. Ella, nacida en Jeréz de la Frontera, amiga de Murcia, residente en León, viajera impenitente, ama “la libertad y sus orillas”.

Treinta y dos poemas para alejar el invierno, la muerte y el olvido.

Francisco Javier Illán Vivas

miércoles 14 de julio de 2010

El cuidado del otro en la poesía de Miguel Hernández


Cuando pienso en la relación de la poesía de Miguel Hernández con la verdad, desde mis lecturas de Heidegger y de la hermenéutica de Hans-Georg Gadamer, me explico esta poesía arraigada en el carácter de la existencia auténtica que Heidegger denomina Sorge y sus traductores españoles, el cuidado o la cura. (1). Si precisara más, diría que lo propio de la lírica hernandiana y del propio poeta como existente, es el cuidado del otro, y con el otro, con los otros hombres que comparten su situación. (Mittsorge). Desde esta perspectiva se me vuelve unitaria toda la evolución poética de Miguel Hernández, desde su primera etapa -Perito en lunas y su posterior poesía católico-ascética (que Sánchez Vidal denomina “profética”)-, pasando por la etapa trágica de El rayo que no cesa, hasta sus dos ciclos de poesía en la guerra, Viento del Pueblo y El hombre acecha, y el ciclo final del Cancionero y Romancero de Ausencias y los Últimos poemas.

A Miguel Hernández, como poeta y como hombre (en este aspecto, su epistolario es un valioso documento) le mueve el cuidado de los demás. Ésta es la vena más rara, perdurable y universal del existencialismo y el humanismo que caracterizan a los mejores poetas del pasado siglo. En la poesía del XX, sólo tiene parangón en César Vallejo y en el checo Vladimir Holan.

Mi atención se va a centrar exclusivamente en los textos de Miguel Hernández escritos a partir del comienzo de la guerra de España, en julio del 36, en parte porque, como el propio poeta señala en su prólogo a Teatro en la guerra, esta fecha supone una decidida toma de consciencia que le lleva a reconocerse como sangre y voz de un pueblo contra el cual ve desatarse la injusticia y la violencia deshumanizadoras. Si atendemos a la “verdad” desde donde habla el poeta, no hay solución de continuidad entre los poemas de Viento del pueblo y los de su obra última.

El cuidado del otro, con el otro, se vierte en los primeros hacia el pueblo, que para Miguel Hernández no es sólo el luchador de uno de los bandos en la contienda, ni sólo el campesino español ni el pobre y desheredado de la cultura y de los bienes materiales por la injusticia económica. Ni siquiera es sólo el trabajador (esa figura que, en los años 30, tanto comunistas como fascistas convirtieron en esencia del nuevo hombre y sentido de época). Si Jünger (radicalizando el pensamiento de Heidegger) veía en la irrupción del Trabajador la imagen del ser técnico que derribaba toda una época anterior burguesa, cuyos últimos coletazos habían sido el individualismo y el esteticismo de fin de siglo y principios del XX (la nihilización de los valores espirituales colectivos que se venía produciendo desde la primera industrialización daría paso -un paso “más allá de la línea” del horizonte cristiano europeo- a un nuevo titanismo técnico, cuyos presagios pronto se convertirían en pesadilla y en realidad ambiguamente asumida por el novelista-filósofo Ernst Jünger); Miguel Hernández adopta un compromiso con el Trabajador, ya desde de los poemas en que se produce su evolución a la poesía social: los poemas anteriores a la guerra, escritos entre El rayo que no cesa y Viento del pueblo, “Sonreídme”, y “Alba de hachas”. Pero, siendo ésa su apuesta decidida, por el pueblo trabajador (al que le une, además, sus propias raíces humanas, la solidaridad con su origen familiar y el rechazo visceral a una injusticia humillante), su poesía no se acomoda ni se instala de forma inerte en ese territorio. Se busca, se mueve, sí, en ese territorio asumido de forma positiva, y como un hecho, casi ineluctable de la Historia - el momento en que una clase social, el trabajador, accede a su protagonismo (y desde ese hecho, lee Miguel la guerra civil del 36-39 como un sinsentido histórico, un contrapaso anacrónico, esencialmente como la rebelión de las fuerzas vencidas de la Historia, retrógradas, egoístas, de los viejos amos terratenientes y del catolicismo al servicio de su amo, contra el pueblo trabajador, cuya era ha comenzado y en cuyo horizonte se anuncia el fin de las injusticias. Se ha de tener en cuenta esta convicción para calibrar la esperanza en la poesía de Miguel Hernández, no sólo en su poesía de guerra; y para darnos siquiera una vaga noción de la desesperanza trágica que domina el fondo de su poesía y que poco a poco la invade en la medida en que comprueba el triunfo de la sinrazón).

El cuidado del otro, con el otro, aprendiendo de los hombres y con los hombres a ser hombre, se realiza, en el sentido peculiar de la poesía de Miguel Hernández, en un aviso contra la mecanización del trabajador: el hombre no es instrumento, es un instrumentalista, dirá. En el poema “ Las manos” éstas se nos muestran como un instrumento vivo, vital, generador, el piloto de la energía del hombre que construye ciudades, máquinas, y siembra, y produce y también hace el amor y la música y la poesía como en un mismo acto amoroso en el seno de la vida. Frente a ellas, otras manos egoístas, ociosas, están preparadas para convertir a las manos humanas en mero instrumento a su servicio, sólo “mano de obra”. Los valores humanistas están siempre presentes en la poesía de Miguel Hernández (en este sentido, el poeta anticipa las reflexiones de la filosofía marxista y teórica posterior: Marcuse, Fromm, Habermas...). No me voy a detener, porque es ya obvio, en el valor de la libertad – y en el valor de la esperanza- que presiden los mejores poemas de Viento del pueblo y de El hombre acecha. Ni tampoco puedo detenerme, en concreto, en la defensa de la dignidad de la mujer, que en aquel tiempo histórico estaba, en general. proscrita de la cultura: Miguel canta a “la mujer redimida y agrandada”: cifra en ella la fuerza de redención del pueblo y la tierra. Adelantándose, en esto, a la “Carta de la Tierra” y a las provisiones de la UNESCO en apoyo de los pueblos del Tercer Mundo, que canalizan en la mujer los esfuerzos para ayudar a salir del subdesarrollo económico. Un poema como “Pasionaria”, dedicado a Dolores Ibárruri, contiene tanta verdad como belleza en su deslumbrante mundo metafórico.

Los valores humanistas, pese al tono más apagado -no pesimista- se encuentran también en El hombre acecha. El poema que destaco aquí es el titulado “El hambre”, que en el primer verso de su última estrofa contiene este grito de socorro: Ayudadme a ser hombre. En este grito culmina la voz social de Miguel Hernández, es una palabra a la vez colectiva y personal, en nombre del obrero y en nombre propio: Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera/ hambrienta, encarnizada, sitiada eternamente./ Yo, animal familiar, con esta sangre obrera/ os doy la humanidad que mi canción presiente. La poesía, el texto eminente (que dice Gadamer) vuelve a su origen y verdad, como decir, de uno para otro; no viene como la palabra profética que anuncia la promesa que hace un Dios a un hombre sumiso e inerte; sino que nace de un hombre en diálogo con otro y, desde esa condición precaria, más humilde, compromete la esperanza activa del oyente y convoca a su dignidad. Como el concepto de la dignidad humana, de Kant, nos compromete a todos: la persona nunca puede ser un medio, es un fin en sí mismo; allá donde se le instrumentalice y humille a un ser humano, se humilla y deshumaniza a todos los seres humanos -y a mí.

Pero el cuidado del otro se dirige, en la poesía de Miguel Hernández, más allá del trabajador, símbolo de una época en definitiva -que sigue siendo la nuestra, por cierto. Se vuelca al pueblo en un sentido o estrato más hondo: el pueblo es la tierra, la raíz vegetal, la sal, el fuego, el agua y la sangre y la palabra que nos hermana con los muertos, con el humus de la humanidad y con el origen, sin origen, que es puente de la vida y a la vida, pasando por la muerte. Ese pueblo, al que la poética de Miguel Hernández dirige su cuidado, está ahora en el centro mismo de la cosmovisión hernandiana, que de forma intuitiva se construyó en sus primeros versos oriolanos, donde las cosas de la naturaleza suceden bajo los manejos de los astros y de los hechos cósmicos, sobre todo los misterios de la fecundidad y de la sexualidad, de la vida y la muerte, el ciclo de la vida de los animales, las plantas, la fertilidad y la cosecha o la inundación, la sequía, incluso la fortuna y la desgracia humanas. Renuncia al fatalismo resignado, que sublimó el catolicismo conservador en los poemas de influencia sijeana (ideológicamente dirigidos contra la reforma agraria impulsada por la República; por cierto) y reestructura su cosmovisión para dar protagonismo al pueblo, ser activo que sufre y lucha por sus derechos, sin perder de vista el vínculo cósmico en que se inscribe, como totalidad, el nuevo proceso. El pueblo, el hombre con su trabajo, está en el centro de esos misterios, en ese flujo natural es parte del alma de todo. En el poema-arenga “Aceituneros”, del libro Viento del pueblo: los olivos “no los levantó la nada/ ni el dinero, ni el señor, /sino la tierra callada,/ el trabajo y el sudor”. “Sol a sol y luna a luna”, la tierra, el sol, la luna, las manos encallecidas del hombre trabajador, el sudor humano forman el mismo ciclo natural. El poema trata de darle conciencia, al pueblo que trabaja, de su nuevo papel activo; más allá de la arenga contingente de lucha dirigida a una ciudad de la retaguardia republicana, acomodada en sus rutinas e inconsciente de lo que estaba en juego (“Jaén, levántate brava/ sobre tus piedras lunares,/ no vayas a ser esclava/ con todos tus olivares”); el poema se eleva a una arenga humanista, de universal toma de conciencia, válida hoy y en toda época en que “peligre el hombre”. Miguel Hernández aunque conoció, más tarde, en su viaje a la URSS, la épica del tractor, del mecanismo que glorificaron ya los poetas futuristas y luego el realismo socialista, intuye pronto, desde su visión del pueblo como un ser natural, elemental, el peligro de la deshumanización, de la cosificación del hombre bajo el signo del titanismo.

El cuidado del otro, con el otro, lo continúa la poesía de Miguel Hernández en su Cancionero y Romancero de ausencias y en los últimos poemas que dejó manuscritos. Aquí son el hijo, muerto, ausente, y el nuevo hijo y la esposa y compañera ausente, las prendas de su cuidado. No puedo extenderme más sobre esta poesía, donde Miguel Hernández alcanza una cumbre lírica de sublimidad, humanidad, dolor, serenidad, dominio técnico increíble. El hondo intimismo de esta lírica no impide, sino, al contrario, potencia su valor humanista como cuidado del otro humano; humanismo que apunta como intención de fondo, a veces como elegía, ante su ausencia, pero, más a menudo, como preocupación y como esperanza, dentro de una compleja dialéctica entre la luz y la sombra, que se resuelve a veces en conjunción y alianza (en la generación del hijo: cf. “Hijo de la luz y la sombra”), o permanece en constante lucha irresuelta.

De este período de la obra de Miguel Hernández, escrita en la cárcel, me voy a referir sólo a un poema (“Ascensión de la escoba”) y a las cartas a Josefina Manresa. Conocemos las circunstancias en que ese poema fue escrito, en la cárcel, castigado Miguel a barrer los retretes. Pues bien, permitidme que cuente una anécdota: Cuando yo era un joven estudiante de Filosofía en la Universidad de Murcia, tan aparvada y provinciana entonces como lo fue antes y lo es ahora, teníamos, en primer curso, un profesor de Lógica llamado Jesús García López; hombre ya mayor, escolástico, del Opus Dei, en fin...decano de la Facultad de Filosofia... además, sus clases de Lógica comenzaban a las ocho de la mañana. Como éramos aún nuevos en la vida estudiantil, asistíamos todos los maitines a su clase con el mismo aburrimiento y parecida puntualidad. Una mañana, el profesor de Lógica, subido al estrado donde mugía la lección, se humanizó, cambió la voz y la compostura y de pronto comenzó a recitarnos un poema maravilloso. Aún recuerdo su entonación que sonaba con una unción jubilosa. Como en un aparte teatral, entre los silogismos de la primera y la segunda figura, resonaba así, alegremente:


Coronad a la escoba de laurel, mirto, rosa.
Es el héroe entre aquellos que afrontan la basura.
Para librar del polvo sin vuelo cada cosa
bajó, porque era palma y azul, desde la altura.

Su ardor de espada joven y alegre no reposa.
Delgada de ansiedad, pureza, sol, bravura (...)

Nunca: la escoba nunca será crucificada,
porque la juventud propaga su esqueleto (...)

Y ante su aliento raudo se ausenta el polvo quieto.
Y asciende una palmera, columna hacia la aurora.


En las cartas que Miguel, en presidio, escribe a Josefina, emociona con qué sensibilidad casi fraternal la orienta y cuida como compañera, la anima como mujer, hasta darle en algunas cartas la impresión de que ella es autónoma de él: le pregunta cómo van tus negocios cuando ella recibe una cierta cantidad de dinero que él ha conseguido mandarle a través de Vicente Aleixandre, y que ella ha invertido en alguna industria casera para sacar adelante al hijo y poder enviarle alguna cosa comestible a Miguel. “La familia del hijo será la especie humana”.


Una paradoja se hace aquí patente: son los poetas más desamparados, César Vallejo, Vladimir Holan, Miguel Hernández, los que muestran más cuidado del otro. Quizá, sean también los más grandes.



Fulgencio Martínez


Nota:


    (1) Nosotros proponemos “la pena”, para un trasvase de Sorge a los usos del castellano, basándonos en la poesía de Miguel Hernández y en dos de los sentidos que tiene en nuestro idioma la pena. Pena como sufrimiento, dolor hondo (“Umbrío por la pena, casi bruno”... El rayo que no cesa), pero, sobre todo, en el sentido de las expresiones coloquiales “valer la pena”, “tomarse la pena de”, “merece la pena esto”; lo que enlaza mejor con la tarea del hombre de ocuparse de los entes y con la estructura ontológica del Dasein (el existente humano) de estar abierto y de realizarse en la dedicación a los otros, con los otros. También con la poética más madura de Miguel Hernández.

    Desde un sentido originalmente cristiano, es el amor al prójimo, por el que siempre vale tomarse la pena.


martes 13 de julio de 2010

La sirenita

Para Alicia, que dejó el mar y se vino a vivir a mi bañera.


Con tus cinco guapísimas hermanas
y tu abuela y tu padre eras feliz
en el fondo del mar, donde la vida
hierve bajo el conjuro silencioso
que urde la vara mágica del agua.
Pero ser feliz cansa, y aun abruma,
como cansa y abruma la familia,
de manera que un día decidiste
romper con tu pasado y buscar novio
entre los hombres de la superficie.
Por si fuera poco, alguien te dijo
que si te enamorabas de un humano
serías inmortal, lo que sonaba
bien, aunque no acabases de creértelo.
El caso es que una bruja te dio piernas
(y alguna como más que ahora me callo)
y, satisfecha con tu nuevo cuerpo,
pusiste rumbo a tierra. Era en agosto,
y a nadie le extrañó verte en la playa,
desnuda y sonriente, con tus piernas
recién inauguradas, vacilantes
aún, pero tan largas y perfectas
como las de la diosa del amor
en el lienzo de Sandro Botticelli.

Yo estaba por allí, matando el tiempo,
tomando el sol quizá, disimulando
el horror que la gente me inspiraba
detrás de una expresión dulce y afable,
cuando tú aniquilaste mi tristeza
con sólo aparecer ante mi vista,
y supe que la gloria del deseo
se instalaba en mi alma para siempre.
Y a ti te pasó igual (lo que es más raro,
teniendo en cuenta que yo no era príncipe
y me sobraban unos kilos),
y empezó nuestra historia de amor loco,
que hoy sigue viva, más de treinta meses
después, y que mañana estará viva
y siempre vivirá, porque está hecha
de la misma materia incombustible
con la que se hacen los mitos y los sueños.


Luis Alberto de Cuenca

lunes 12 de julio de 2010

Miguel y la lentitud de la mañana

Miguel respira la luz. Aún está vivo. A través de sus párpados aún se percibe la música agridulce de un nuevo día, alzando su vuelo levísimamente. Quiere abrir los ojos, oler el mundo, pero un peso profundo le impide la vehemencia que le dicta el murmullo de su corazón, lento corazón de ola, arracimando en su centro todo el amor posible, para exhalar sobre la tierra su último embate, su última canción sobre las rocas, y luego, después, ya para siempre, silencio.

Separa los párpados. Miel derramándose tenuemente sobre los objetos. Repasando el suelo, la pared cerrada, absorbiendo los corpúsculos llorosos del sol de la aurora, acariciando con ternura la presencia abierta de una minúscula ventana. Tras ella, ribazos, cañadas, piedras, monte. Con ella cielo, campo, verdad, destino.

A través del mundo va Miguel con un pájaro en los labios. Una ventana perpetua lo mira, día tras día, aquietarse mudo dentro de un hombre, dentro de un amor, dentro de la vida, dentro del silencio, a través del fuego de los caminos, andariego por las lomas del esparto, por los mares de la infancia, y el recuerdo de un futuro inapresable. Allí se pierden ahora sus pupilas infinitas sumergidas en el misterio.

Ya sus manos abandonan imperceptibles la conciencia, y el cuerpo fulgura junto al aire de la nueva mañana. Un calor en forma de espiral desafía el aire. La estancia, serena, se despierta y Miguel desea imbuirse, desea… pero acaba su cuerpo. Junto a la libertad, junto a los sueños, junto al amor y la palabra. Lentamente comienza a esparcirse el sabor de su ausencia.

Mirar que se escapa tras la ventana, a través de los hombres y los campos. Ojo líquido que se funde sobre cada una de las partículas que componen la realidad. Y estalla de intensidad. Comienza.

Una canción continúa exaltando el púrpura del amanecer.

Un sabor áspero acentúa la quietud del nuevo día.

Sobre la tierra nada ha cambiado. Todo permanece. Miguel no puede cerrar los párpados, y una mano caliente, temblando de silencio, lo hace por él.

Otro amanecer, una luz esculpió en su voz unos versos:

Amor: aleja mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.
Después del amor, la tierra.
Después de la tierra, todo.

Pedro J. García Gambín


sábado 10 de julio de 2010

Refrescantes lecturas de fin de semana veraniego

Báñate en la poesía, refréscate con un relato, mójate con un artículo... pero lee:

Ágora nº 20, verano 2010.

Ágora nº 19, especial de Miguel Hernández, segunda parte.

Ágora nº 18, especial de Miguel Hernández, primera parte.

Ágora nº 17, para la libertad.

Ágora nº 16, nuestro primer número en red.

Y, si además quieres llevártela a la playa, mientras te doras en la arena, PÍDETELA, que te la mandamos a casa.

viernes 9 de julio de 2010

Escucho tu voz lloviendo...

Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo
Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso.
Todo, todo parece desear ahora
La paz definitiva.
(
La lluvia, Miguel Hernández)


Escucho tu voz lloviendo

en la conciencia adormecida de España

Y la lluvia de balas retumbando

en las nucas sin rostro

la pertinaz sequía del miedo.


Sangra la lluvia sin pausa.

Insiste en remover la tierra

Donde se cobijó la infamia.


Estalla el llanto de todos.


Resuena en barrancos y cunetas

Música de muerte y sueños enfangados.


Pero retoña la pasión del agua.

Empapa la memoria con tus versos

y cincela, imposible,

ese anhelar humano de paz


De paz definitiva.



Alma Pagés


jueves 8 de julio de 2010

Poema


(en recuerdo de José Agustín Goytisolo)

El hombre que escucha a los pájaros
en el frío territorio del mar,
solitario en su jornada, no frente
a otro sino a él.
Ni perdido ni oculto, solamente
emboscado en los vientos, emboscado;
sino cada hora en su puesto, pendiente
de saltar y pendiente hacia la vida.
Ese hombre entre la maleza alta,
ese hombre de canto terrible entre
todas las cosas terribles que maravillan
y dan pavor al tiempo
¡cómo se te parece!

Fulgencio Martínez

miércoles 7 de julio de 2010

Miguel Hernández, dramaturgo


En apenas diez años de escritura, Miguel Hernández tuvo que neutralizar sus notables deficiencias formativas y su retraso estético respecto a las corrientes de la época. Considerado exclusivamente como escritor, de él podría decirse no tanto que murió pronto como que nació tarde: Perito en lunas (1933), su primer libro publicado, tenía todo el aspecto de estar a la penúltima, cuando el vanguardismo de filiación barroca comenzaba a ser historia; sin embargo a su muerte en 1942, con solo treinta y un años, había completado un trayecto que varios poetas del 27 tardaron un par de décadas en recorrer. Lo que asombra más es que tres de esos años los viviera en medio de los trágicos azacaneos de la guerra, y otros tres recorriendo un viacrucis de trece estaciones carcelarias.


La pena de muerte a que fue sentenciado tras la guerra se le conmutó por la inmediatamente inferior (Franco no quería otro escándalo como el de Lorca): así que el condenado a muerte se convirtió en un condenado a morirse. Y eso fue lo que hizo, mientras escribía a hurtadillas sus lacerantes poemas terminales, y más aún cuando, incapaz ya de empuñar la pluma, se le escurría el alma por la misma cánula por la que se vaciaban de pus los pulmones sobre la manta que le servía de colchón. Tampoco los años anteriores a la guerra fueron apacibles: Hernández hubo de saciar su sed de conocimiento a salto de mata y en libros prestados, y se abonó a la miseria en el momento en que salió de su Orihuela natal persiguiendo el sueño de la literatura.


En pocos poetas se abrazan tan estrechamente vida y creación literaria. De ahí la importancia de su biografía, basada en la mitificación del “poeta cabrero”, un clisé más rústico que bucólico permitido, si no cultivado, por el propio escritor. Esta mitificación ―o sea, esta mistificación― era acaso inevitable, pero no debe suplantar el territorio de unos versos progresivamente despojados de la retórica que le reprochó el desabrido Cernuda.


Pero si el Miguel Hernández creador es fundamentalmente el poeta, debe considerarse que su dedicación dramática fue mucho más que un capricho, y está en el centro de su propia tesitura estética. En cuanto dramaturgo, Miguel Hernández ha debido imponerse, más que a la inercia de los gustos de un público ahormado por la comedia burguesa y el género chico (ese podía ser el caso de Valle, de Jacinto Grau o, más próximo a él, del propio García Lorca), a su imagen dominante de poeta.


Pues si en poesía hay que afirmar, sin rebozo, que Hernández es un poeta esencial del siglo XX, en teatro no llegó a ese punto de maduración a que señalaban sus excelentes condiciones. Sus contigüidades con Lorca, sin duda el faro que le sirvió de guía en su aventura dramática y en su persecución del triunfo literario, y que lo trató entre esquivo y displicente, acaban aquí: Lorca, pese a lo temprano de su muerte, vivió el tiempo suficiente como para escribir la trilogía trágica que culmina y concluye en La casa de Bernarda Alba, tras haber depurado los excesos líricos de su teatro primero, que había nacido casi envenenado de poesía.


El ingreso de Miguel Hernández en la literatura dramática tuvo lugar con Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, que entregaría a José Bergamín para su publicación en la revista Cruz y Raya, donde apareció en 1934. Su primera fuente de aprendizaje dramático es el Barroco, y en este caso concreto el auto sacramental. La obra es una de las últimas manifestaciones de un pensamiento cerrado y conservador, que identifica la subversión revolucionaria de los valores establecidos con los elementos alegóricos de la carnalidad y del mal. En el auto sacramental de Hernández prevalece una visión anacrónicamente contrarreformista del mundo, propia, por otro lado, de quien había ido a nutrirse en Calderón de la Barca. En ese mismo año escribió El torero más valiente, que se publicó por vez primera en 1987. Hernández, que había instado infructuosamente a Lorca para su representación, publicó tan solo un par de escenas en la revista oriolana El Gallo Crisis.


Pronto, el contacto con Neruda y Aleixandre, sus copiosas y desordenadas lecturas, y, sobre todo, su inextinguible fiebre creativa dentro ya de un contexto en que la rehumanización venía a ocupar el hueco del purismo de los años veinte, habría de dar como resultado El rayo que no cesa, de 1936; pero antes de la aparición de ese libro de versos escribió Hernández, en 1935, su “tragedia minera y pastora” Los hijos de la piedra. Ese mismo año, en el ámbito del homenaje a Lope de Vega con motivo del tercer centenario de su muerte, inició la composición de El labrador de más aire, su obra dramática más lograda, sobre la pauta dibujada por los dramas de comendador del tipo de Fuenteovejuna, Peribáñez o El mejor alcalde, el rey. La obra se imprimió en 1937, en la editorial valenciana Nuestro Pueblo. En un denso clima de lucha social, esta tragedia rural en verso presenta la rebelión del héroe individual, Juan, contra el poder caciquil de don Augusto, dueño de haciendas y voluntades, quien dispone finalmente la muerte de aquel. El amor también enfrenta a estos dos polos sociales, confiriéndole a la obra un sentido que va más allá del alcance casticista y de la valoración de la honra que domina en las obras de Lope que sirvieron como modelo a Miguel Hernández. Tampoco hay en Hernández el sentido colectivista de las rebeliones populares en las obras de Lope. Por lo demás, y ahora sí dentro de la línea lopesca, el desarrollo trágico está contrapesado por emotivos remansos líricos, como el “romancillo de mayo” o determinados monólogos de Juan y de Encarnación, líricos sin dejar por ello de ser dramáticos.

...

Ángel L. Prieto de Paula


Podéis leer el artículo completo pinchando AQUÍ.
O en la revista impresa.

martes 6 de julio de 2010

Fin de todos los veranos

Esa luz siempre en vigilia
es pálida y transparente
como la piel de una lágrima.

Bajo la pérgola,
es una tarde de agosto,
casi septembrina.
Entre plomo y plata
el mar recoge un sol cansado.
Huele a algas en mi memoria,
mientras sopla una ligera brisa
que hace flamear los vestidos.

Como un doble
agazapadas sombras se alzan,
y aparecen
esas butacas ciegas,
réplicas del horizonte,
que anuncian el invierno.

Nadie cruza la Barra,
ni hay velas en el Puerto.
El viento y las olas
suenan a casa vacía.

(Homenaje a Borges)
José Luis Martínez Valero

lunes 5 de julio de 2010

Superamos los 700 amigos y amigas en facebook


Hace unas fechas superamos los 700 amigos y amigas en facebook, lo cual les agradecemos a cada uno de ellos y ellas, y nos permite seguir sin descanso hacia adelante, intentando incrementar la penetración de la revista y de la bitácora en la red.

viernes 2 de julio de 2010

Ya podéis descargaros el número de Ágora digital de este verano

Ya podéis descargaros la revista digital Ágora, papeles de arte gramático, nº 20, a la memoria de Dolores Valverde López, que incluye un especial sobre el boom de la literatura rumana en España.

Setenta y dos páginas de un número que deseamos sirva de lectura para estas fechas estivales que ya tenemos encima, donde nos avisan de calores uno o dos puntos por encima del pasado año, los mismos que el gobierno nos ha subido los impuestos. En este número contamos con 29 colaboradores y colaboradoras, de los que 19 publican por primera vez en nuestra revista.

Nadim Marmolejo Sevilla, Antonio Guerrero Ruíz, Rocío de Juan Romero, José Ángel Muriel González, Francisco Legaz, Navarro Beloqui, Antonio de Hoyos Ortíz, Antonio Luiz M. Andrade, Varujan Vosganian, María José Villarroya Durá, Rosy Palau, Carolina Ugas, Txus García, Jannet Weeber, Isidro Iturat, José Antonio Fernández Sánchez, David Vivancos y Mónica Maud son las nuevas firmas, junto a las ya veteranas y conocidas en otros números de Jesús Cánovas, Ana Delgado Cortés, Maximiliano Hernández Marcos, Francisco Javier Illán Vivas, José Cantabella, Antonio García Soler, Sebastián Alfeo, Luis Martínez-Falero, Natalia Carbajosa y Mª Dolores Moragues Chazarra.

Una carta apócrifa de Miguel Hernández. Literatura rumana actual: Varujan Vosganian, Iulia Sala. Poesía de Brasil: Almandrade. Nuevos poetas y narradores americohispanos. Ensayos: La mirada médica de la literatura. La fantasía en el panorama literario actual. Estudios de literatura americohispana: Don Catrín de la Fachenda. Crítica: Correo interior, de Dionisia García. El minuto interior, de Rubén Martín, premio Adonais 2009.

Esperamos que sea de vuestro agrado los textos que hemos seleccionado, feliz lectura y feliz verano. ¡Y no olvidéis recomendar la revista a vuestros contactos y amigos de correo electrónico y otros medios!

Podéis descargarla mediante MediaFree:
http://www.mediafire.com/?5yqjyjejbzt

O bien desde Issu:
http://issuu.com/agoralarevistadeltaller/docs/agora_n__20_boletin_5_verano_2010

Fulgencio Martínez
Francisco Javier Illán Vivas

jueves 1 de julio de 2010

Ágora digital nº 20, boletín 5, verano 2010, casi terminada



En breves fechas estará subida a la red para descarga gratuita de nuestros más de 2.000 lectores. Por ahora os adelantamos la portada y el sumario.

Veintinueve autores y autoras, de los cuales, 19 jamás habían escrito en Ágora.