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viernes 30 de abril de 2010

¿Dos experiencias distintas? Relaciones poéticas entre Miguel Hernández y Mario Benedetti

Como si fueran Aristóteles en el siglo XX, los dos poetas dejan sus enseñanzas, en este caso no a Nicómaco, sino a sus hijos. El legado, dos verdaderos testamentos poéticos, dos obras que trascienden el valor de la escritura para demostrar que la poesía es vida – hay quienes dicen que van de la mano - y que a través de ella el poeta puede hablar de lo más terrible, de las dictaduras, de las muertes, de los sueños rotos. Los autores de este legado son dos poetas de lengua española – la misma lengua de Juan Gelman - que vivieron en épocas que desde lo cronológico fueron distintas pero que son embargo están unidas en lo referente a sus características signadas por el poder, en un caso el del franquismo y en el otro el de las dictaduras latinoamericanas de los años 70: Miguel Hernández y Mario Benedetti. Sus dos obras que dan origen a estas reflexiones son “Nanas de la cebolla” y “Hombre preso que mira a su hijo”, dos obras que son subjetivas, pasionales. En la primera de ellas, Hernández desde el cautiverio le dedica una serie de consejos a su hijo Manuel Miguel y en la que aparece también la imagen de su mujer Josefina Manresa, quien padeció junto al niño las injusticias de la persecución, el hambre y la desprotección. En la otra obra, “Hombre preso que mira a su hijo”, Benedetti le dirige en un contexto similar un mensaje a su hijo. La dos obras están unidas por le mismo dolor y al mismo tiempo por la necesidad de que las palabras trasciendan el tiempo.

Frente a un mismo monstruo que no se puede comprender ellos buscan la manera de vivir. Hernández lo logra a través de la risa de su hijo, la “alondra de mi casa” tal como la denomina”, elemento que le sirve para poder para poder atenuar su vida en la cárcel y a quien le pide que se ría mucho pues esa risa liberadora – “soledades me quita,/ cárcel me arranca” - lo inundaría de luz en la celda misma:

“En tu risa en tus ojos

la luz de mundo.

Ríete tanto

que mi alma al oírte

bata el espacio.

Es esa risa la que le aconseja que no pierda nunca al pedirle que se ría siempre y que la defienda “pluma por pluma”. Frente a este mensaje, en la obra de Benedetti la manera de vivir la manifiesta a través de la escritura de este testamento en el que comienza haciendo referencia a los valores que desde niño, o botija en el español del Uruguay, le habían transmitido en la escuela y como esos valores no quedaron más que en el discurso pues eran palabras desnudas, carentes de significado:

“realmente botija no sabían un corno

pobrecitos creían que la libertad

era tan sólo una palabra aguda

que muerte era tan sólo grave o llana

y cárceles por suerte una palabras esdrújula”.



Este poeta se define a sí mismo como un hombre que no pudo hacer lo que quería y que por ese motivo estaba allí, encerrado y echándolo de menos en la distancia. Mientras que Hernández, a pesar de dirigirle la poesía a su hijo, espera que éste pueda vivir al margen de lo que le ocurre al pedirle:

“No te derrumbes.

No sepas lo que pasa

Ni lo que ocurre”

En Benedetti nos encontramos con que él yo poético necesita manifestar a su hijo qué le pasó y que sepa dónde está. Por ese motivo, y remitiendo en la poesía a una realidad previa a la escritura que nosotros ignoramos, le dice

“vos ya sabés que tuve que elegir otros juegos

y que los jugué en serio

y jugué por ejemplo a la escondida

y si te descubrían te mataban

y jugué a la mancha

y era de sangre”

Como si se retomaran los postulados de Paul Ricoeur cuando habla acerca de la necesidad de la memoria, se evidencia que en la poesía de Benedetti se considera que su hijo no puede dejar de saber todo lo que le ha ocurrido, lo que ha vivido y que es necesario que separa y que recuerde:

“botija aunque tengas pocos año

creo que hay que decirte la verdad

para que no olvides

por eso no te oculto que me dieron picana

que casi me revientan los riñones”

Las dos poesías hablan de desesperanza, y son un fiel testimonio de la lucha de dos militantes de la vida. En el fondo de estas dos expresiones poéticas subyace la idea de no comprender a esas dictaduras terribles y desgarradoras. Dos perspectivas diferentes, un mismo legado, la vida, y un ejemplo, luchar por los ideales, desde la cárcel, desde el exilio, desde (y trascendiendo, como retomando una de las tres vidas de Jorge Manrique) la muerte misma. Como lo dice Hernández, al hablar una vez más de la risa de su hijo:

“Rival del sol.

Porvenir de mis huesos

y de mi amor”.


Marcelo Bianchi Bustos



Referencias bibliográficas:

Los fragmentos de las obras literarias han sido extraídos de:

Hernández, Miguel, “Nanas de la cebolla”

Benedetti, Mario, “Hombre preso que mira a su hijo” en: Cianni, María (et al) (1993) Luz, cámara … ¡Literacción! Literatura Española, Buenos Aires, Editorial Club de estudio.



· El contenido completo en la versión digital que puedes descargártela, pinchando el icono de la parte superior de la página.

jueves 29 de abril de 2010

Presentación de Croniria en Murcia

Os adelantamos que el próximo seis de mayo, en el Museo Ramón Gaya, se presentará el poemario "Croniria", de Raquel Lanseros, acto que presentará Fulgencio Martínez.

Croniria fue el ganador del XIII Premio Internacional de Poesía de Baeza, como podéis leer en ESTA entrada.

Un poema de este libro.

miércoles 28 de abril de 2010

Unas imágenes del recital de poesía de Joaquín Piqueras



El ayuntamiento de alguazas ha subido un artículo sobre el recital de nuestro compañero Joaquín Piqueras en la localidad, el pasado 23 de abril, con motivo del día del libro.

Más información podéis encontrar AQUÍ.


martes 27 de abril de 2010

Breve reflexión sobre la imitación poética en Miguel Hernández y en Gil de Biedma


EL EJEMPLO DEL SONETO POR TU PIE, LA BLANCURA MÁS BAILABLE

En estos días de 2010 están de actualidad dos de nuestros poetas más conocidos del siglo XX: Jaime Gil de Biedma, por una controvertida biografía cinematográfica, y Miguel Hernández, porque estamos en el año de su centenario. Me gustaría aprovecharlo para ilustrar con la obra del uno, Gil de Biedma, y principalmente con la del otro, Miguel Hernández, un conflictivo lugar de reflexión para la crítica literaria: la importancia de la originalidad frente a la imitación, o la confluencia y la coexistencia de ambas en la creación literaria.

La imitación de la tradición (o utilizando el viejo palabro latino, la imitatio) es un proceder acrisolado, bien visto, que viene de antiguo. Los viejos retóricos griegos y latinos consideraron la necesidad de adquirir una segura facilidad en la construcción expresiva que pareciera algo natural, nacido de la improvisación, propio del genio nato del orador o del escritor, pero que en realidad era producto de mucho ejercitarse en la adquisición del oficio.

Si nos centramos en el quehacer poético, diremos que se puede nacer poeta, pero que hay que hacerse escritor de poesía. Y en ese proceso, los padres poéticos cumplen una importante labor. Quien no tiene padres reconocidos no es bien nacido es un dicho, posiblemente hoy políticamente incorrecto, pero que en el terreno creativo muestra la importancia de la imitación frente a la originalidad.

El siglo XX español ha afrontado la imitación de los poetas de la tradición de muy distinta manera. Y aquí viene al caso confrontar a Gil de Biedma con Miguel Hernández, más allá de la actualidad de sus nombres, por representar dos modos de imitar la tradición, bastante contrapuestos. La mirada irónica de Gil de Biedma a la tradición romancesca, para introducir en el poema su desgarrada experiencia vital, consolidaba en España el camino del último Cernuda, aprendido en la poesía anglosajona. Por tanto, en el caso de Gil de Biedma, los viejos odres sirven para un decir novedoso, con un claro desajuste entre los temas y los metros, viéndose los flecos y los remiendos, como en el caso de las redondillas cojas de metro y con rima asonantada de algunos poemas de Moralidades de Gil de Biedma. (Si Gil de Biedma es poeta de poco aliento, reconocido por él mismo, hemos de añadir que toda la primera parte de su escasa producción muestra la dificultad que tuvo en adquirir el oficio de escritor, pese a su inteligencia poética, que dio los grandes frutos, que lo hicieron referente de la poesía española, en algunos poemas de su segundo libro y plenamente en Poemas póstumos).

Pero continuemos con nuestra línea. En cuanto a la imi-tatio, los poemas de Gil de Biedma, unos poemas postmodernos antes de la Postmodernidad, recurren a la tradición métrica más española (romance, redondillas, etc.) para expresar la más des- garrada experiencia vital,moviéndose siempre en una ironía imi- tativa, nueva en la poesía española, y a cuya sombra nos parece percibir una incapacidad para la perfección de la forma que se convierte, sin embargo, en algo secundario.

La otra imitatio a la que me quiero referir me lleva de pleno al poeta objeto del homenaje en que se inserta este breve trabajo, a la obra de Miguel Hernández. El poeta de Orihuela sí era un poeta de facilidad formal, de grandes capacidades para afilar y afirmar con prontitud el oficio de poeta. Aunque Miguel Hernández sea poeta de la llamada Generación del 36, sin duda rendirá imitatio creativa al gran Góngora. Perito en lunas, libro por el que recibió las felicitaciones de muchos de los poetas del 27, es un libro gongorino. El gusto por lo clásico y su factura brillantísima aquí, no tiene nada que ver con el descosido patronaje de Gil de Biedma. En los libros gongorinos de Miguel Hernández, como en los libros culteranos de la nómina del 27, la imitatio es admirativa, al modo de la tradición poética y retórica. La imitación, por tanto, no sólo muestra la capacidad técnica de los poetas que imitan con originalidad (que imitan, no copian), intentando estar a la altura del modelo sin dejar de ser poetas de su tiempo; esa imitación también se muestra como un argumento a favor de la calidad del modelo, procediendo a la identificación de la psicología poética, a la asimilación sociológica con quien se imita.

Dicho lo dicho, me gustaría desembocar mi reflexión en la lectura de un poema de El rayo que no cesa, compuesto casi todo él de sonetos imitativos del culterano Siglo de Oro español, pero con un aire muy moderno. El soneto con el que quiero ejemplificar mi reflexión se titula “Por tu pie, la blancura más bailable”:



Por tu pie, la blancura más bailable,

donde cesa en diez partes tu hermosura,

una paloma sube a tu cintura,

baja a la tierra un nardo interminable.

Con tu pie vas poniendo lo admirable

del nácar en ridícula estrechura,

y donde va tu pie va la blancura,

perro sembrado de jazmín calzable.



A tu pie, tan espuma como playa,

arena y mar me arrimo y desarrimo

y al redil de su planta entrar procuro.

Entro y dejo que el alma se me vaya

por la voz amorosa del racimo:

pisa mi corazón que ya es maduro.



Comienza con una magnífica hipérbole, lo que Lázaro Carreter definía como una ponderación desmesurada. Ese exceso es el núcleo del poema: El pie de la amada no sólo es la blancura por excelencia, por antonomasia; sino que es la blancura más bailable, porque es pie. A partir de esa desmesura, todas las imágenes van surgiendo como tirando de un hilo imaginativo: desde los diez dedos de los pies, donde cesa la hermosura de la amada, va subiendo hasta la cintura una paloma de blancura, va bajando un nardo interminable. El siguiente cuarteto se constituye como una comparación con el nácar (ridícula blancura frente a la de la amada), ofreciendo a continuación una variante de la antonomasia inicial, y finalmente una metáfora gongorina muy modernizada: “perro sembrado de jazmín calzable.” Podemos considerarlo un cruce entre el famoso verso gongorino “segur se hizo de sus azucenas” y el Puppy del Guggenheim bilbaíno, el perro sembrado de flores de Jeff Koons, el artista kitsch. Si volvemos al verso de Góngora, perteneciente al Polifemo, se refiere al momento en que Galatea, que estaba echada en el suelo, temerosa, se levanta para huir. Góngora nos dice “segur se hizo de sus azucenas”, es decir, al levantarse su cuerpo blanco, que era como un campo de azucenas, es como si un hacha cortara las flores.

Los tercetos nos relatan la dependencia sumisa del amado, que sin decirlo se muestra un cordero que se arrima al redil de la planta de la amada y que, en un alarde cancioneril, cupletista (¿cómo no recordar El relicario?), le pide que le pise el corazón.

Creo que este soneto de Miguel Hernández sigue teniendo la fuerza poética y la frescura que no podemos ver ya en algunos de los textos del poeta de los cincuenta con el que hemos esbozado una comparación. Es una poesía, la de Gil de Biedma, que al parecer va a envejecer más rápidamente que la del poeta cuyo centenario se cumple. ¡Misterios de la lírica!



Bájate la revista nº 18, pincha en este ENLACE

lunes 26 de abril de 2010

Agora digital nº 18 supera las 1.500 descargas

El número actual de la revista Ágora, papeles de arte gramático, en su versión digital, que es el 18 (a punto estamos de subir el 19 y de que aparezca publicado en papel el nº 18-19), supera ya las 1.500 descargas, las últimas fechas a una velocidad que apunta a superar los lectores de los números anteriores.

En concreto, y en este momento, han sido 1.519 los lectores y lectoras que se lo han descargado para la lectura, bien en la pantalla del ordenador o de otro artilugio informático.

Como sabéis, el número 18 de Ágora está alojado en dos hosting: mediafree e issuu.

Pincha, en ello, si aún no te has bajado la revista.

sábado 24 de abril de 2010

Escuela de escritores Alonso Quijano se hace eco de la aparición de Ágora digital nº 18


En la imagen podéis ver que se hacen eco de la aparición de nuestra revista, lo que agradecemos a sus responsables.

Podéis pinchar AQUÍ para conocer el sitio de la Escuela de Escritores.

viernes 23 de abril de 2010

Lectura de poemas de Joaquín Piqueras


Esta tarde, a partir de las 20,30 horas, en el Salón de Actos de la Casa de la Cultura de Alguazas, se leerán poemas de nuestro compañero Joaquín Piqueras, acto central de la Feria del Libro de la localidad natal del poeta.

jueves 22 de abril de 2010

Fulgencio Martínez presenta su obra en Almansa


Almansa celebra este año sus encuentros con la poesía dedicados a Miguel Hernández, donde destaca la labor de Amparo Cuenca Tamarit y nuestro Antonio García Soler.

Fulgencio Martínez es el protagonista del día de hoy, que presentará "León busca gacela", a las 20 horas, en la Biblioteca Municipal- Casa de la Cultural.

miércoles 21 de abril de 2010

El creador del creador, poema de Raquel Lanseros para un seminario en torno a Hipatia


En el Centro Cultural Generación del 27 en Málaga han organizado un Seminario sobre la mujer en torno a Hipatia: Pensamiento, Ciencia y Religiones, según nos informa nuestra compañera Raquel Lanseros.
En el díptico adjuntan uno de sus poemas, "El creador del creador", del libro Croniria. Podéis verlo pinchando en este ENLACE.

martes 20 de abril de 2010

La poética del conflicto (Unas notas acerca de Canción Primera y Canción Última)


La singular experiencia vital y creativa de Miguel Hernández ha alimentado numerosos estereotipos combatidos en los últimos años por la crítica especializada, pero todavía vivos en el imaginario colectivo. Por otra parte, algunos críticos todavía piensan que la obra hernandiana está sobredimensionada y que pervive gracias a la trágica biografía de su autor, extremo este nada objetivo.

Sin negar la raíz profundamente autobiográfica de su escritura, hay que aclarar que los recursos y procedimientos poéticos de Miguel Hernández no son inferiores a los sentimientos que expresa y sabemos, porque existe constancia de ello, que sus poemas no surgían de la espontaneidad o de la facilidad versificadora, sino de una reflexión consciente(1). No fue, como algunos creen, un poeta prodigio surgido de la nada. Resulta sorprendente y admirable su evolución vital y literaria, pero hay que tener en cuenta que estuvo acompañado durante sus primeras aventuras creativas por amigos cultos e inteligentes como los miembros del grupo de la revista El gallo crisis, encabezado por Sijé o letraheridos como Carlos Fenoll y Jesús Poveda, y también, no hay que olvidarlo, por un erudito de lujo como el canónigo Luis Almarcha, aunque hoy su figura nos resulte incómoda y antipática. Estas primeras relaciones alimentaron la cultura del poeta y cimentaron su autoestima. Pronto vería realizado su humano y legítimo deseo de ser reconocido.

A pesar de la huella de ingenuidad que dejaba a su paso –o por eso mismo- al muchacho provinciano y humilde se le abrieron muchas puertas y rápidamente aprendió a moverse en los salones literarios. Es verdad que el bisoño poeta regresó a Orihuela decepcionado de su primer viaje a Madrid (aunque ya entonces captó la atención de intelectuales como Aurora Sánchez de Albornoz, Arturo Serrano Plaja, Ernesto Jiménez Caballero y Federico Martínez Corbalán); pero esta experiencia le sirvió para no fracasar en el siguiente intento: dos años después volvía a la Capital y cautivaba, salvo contadas excepciones, a los mejores de la vanguardia literaria y a los poetas e intelectuales consagrados. ¡Cuánta sabiduría encierra el viejo dicho “un hombre vale lo que valen sus relaciones”!

En apenas seis años el autor de Orihuela salta de un pastiche de romanticismo, modernismo y regionalismo (Darío, Campoamor, Gabriel y Galán, Salvador Rueda, Vicente Medina…) hasta las conceptuosas octavas reales de Perito en lunas; y de estas hasta un poemario cuajado como El rayo que no cesa. Para entonces es ya un autor conocido y respetado. Pero a pesar de haber escrito los inspirados sonetos de El rayo que no cesa y la célebre Elegía a Sijé, poemas que por sí solos bastarían para situar a su autor en un lugar privilegiado en la historia de la literatura en castellano, Miguel Hernández aún no ha completado su aprendizaje. En estos años de evolución mira con un ojo a los poetas contemporáneos ( Juan Ramón, Alberti, Lorca, Vallejo, Aleixandre, Neruda…) y con otro a los clásicos (Garcilaso, Góngora, Quevedo Lope…) y no se atreve a romper con el rigor de las estrofas clásicas.

Es “Sonreídme” el poema que marca un punto de inflexión en la evolución ideológica y poética de Miguel Hernández (2). Lo escribió en 1935 de un modo impulsivo, concluida la redacción de El rayo que no cesa. El autor anuncia públicamente su ruptura con el catolicismo y su conversión al comunismo. A partir de ese momento se entrega a las vanguardias (alejamiento del purismo, irrupción de un sensualismo exuberante, adopción de técnicas irracionalistas…) influido por Aleixandre y Neruda y se sitúa en el grupo de cabeza de los artistas que compatibilizan el compromiso político y la necesidad de ser artistas. Se convierte en un productor de arte comprometido, entendiendo el compromiso como una inmersión profunda en el conflicto de su tiempo, lejos de la escisión aristotélica entre la pasividad de la poíesis y la actividad de la praxis (3).

Cuando estalla la guerra, Miguel Hernández se entrega sin ambages a la defensa de la República. El 23 de septiembre de 1936 se incorpora en Madrid como voluntario del V Regimiento, siendo destinado al frente como zapador dedicándose a levantar fortificaciones y abrir trincheras. Pronto es reconocido su talento y se le asignan tareas culturales y periodísticas. El cubano Pablo de la Torriente, Comisario político del Batallón de “El campesino” le nombra Jefe del Departamento de Cultura. A partir de entonces realiza una labor de divulgación cultural a través de la creación política, teatral y periodística. Empieza a escribir Viento del pueblo, su libro más popular; este poemario nace del entusiasmo y el fervor y, aunque sobran algunos poemas circunstanciales que no superan el retoricismo enfático y desmesurado, contiene otras piezas que son fundamentales en la poesía en castellano del siglo XX. En febrero de 1937 sus labores en Madrid se dan por concluidas para pasar al Altavoz del Frente bajo las órdenes de Vittorio Vitali, conocido como el comandante Carlos. Para entonces su ánimo se ha ensombrecido. Ese mismo año empieza a redactar su siguiente libro, cuando todavía está componiendo los últimos poemas de Viento del Pueblo. El hombre acecha fue impreso en Valencia, en 1939, por la Subsecretaría de Propaganda, pero la derrota impidió su publicación total y distribución. Aunque este nuevo poemario contiene poemas del tono y de la técnica de Viento del pueblo, (el más significativo es “Llamo a los poetas”) podemos afirmar que supone una ruptura con la épica triunfalista de su anterior libro y se acerca a la poética del Cancionero y romancero de ausencias, el último y, sin duda, el más maduro, sobrio y depurado de todos los poemarios de Miguel Hernández. Lo advierte Agustín Sánchez Vidal (4): “Si Viento del pueblo nos muestra la faceta optimista, alentadora, entusiasta, combativa (y llena de esperanza en la victoria) del conflicto, El hombre acecha es el envés de esa visión con un desalentador balance: el odio, las cárceles, los heridos inútiles, han sustituido a la fraternidad, la libertad y la sangre fecunda, vislumbrándose la derrota. Es ya un recogimiento hacia un nuevo intimismo”.

Según Jorge Urrutia y Leopoldo de Luis, El hombre acecha es un libro poco unitario donde “también se incorpora el producto poético del viaje a la URSS: unas composiciones muy elaboradas que, en cierto modo, y con otra técnica, realizan algo semejante a lo que hicieran las juveniles octavas reales (…) si aquel perito en lunas buscaba el puro goce estético de exaltar lo vivo, este perito momentáneo (sólo momentáneo) en planes de desarrollo industrial, busca el goce político de exaltar la producción del mundo socialista” (5). Estos dos autores destacan igualmente como particularidad las dos canciones que abren y cierran este libro, como enlace con la poesía posterior, la del Cancionero, una poesía nueva, de altos vuelos, pero no indiferente al compromiso ni superior a la realidad, sino vinculada a ella.

Me fijaré en las dos canciones, porque a mi juicio, son dos de los poemas más conmovedores que escribió el poeta oriolano y porque creo que suponen otro punto de inflexión en su escritura. Además, y esto me parece muy importante, su lenguaje no queda aislado en unas circunstancias de época, no sucumbe al tiempo. No han perdido vigencia (y no creo que la pierdan en el futuro): parece que hayan sido escritas para el lector de hoy. Parece que hablan de nuestra realidad y nuestras luchas. Las dos canciones son apreciadas por la crítica y aparecen en la mayoría de antologías de Miguel Hernández, pero no son muy populares, quizá porque pertenecen a un poemario poco difundido. Las dos guardan la misma estructura métrica –heptasílabos blancos- e incluso la misma tipografía en cursiva.

La decepción que sufrió Miguel Hernández en su visita oficial a la URSS y la muerte de su primer hijo, los horrores de la guerra y el hambre, todo ello unido al exceso de trabajo, dejó una profunda impronta en la Canción primera, que se inicia con una imagen de gran expresividad y dinamismo:


Se ha retirado el campo

al ver abalanzarse

crispadamente al hombre.


Tanta barbarie afecta incluso a la propia naturaleza que cobra vida para huir horrorizada de la catástrofe. En la segunda estrofa se resalta la distancia insalvable del olivo, símbolo de la paz, y el hombre violento:


¡Qué abismo entre el olivo

y el hombre se descubre!

El autor, que ha fundamentado su vida en el amor, constata aterrado la degradación del ser humano, que destruye los dos pilares de la civilización, la cultura y el hogar, para regresar a sus orígenes de animal:


El animal que canta.

el animal que puede

llorar y echar raíces,

rememoró sus garras.


garras que revestía

de suavidad y flores

pero que, al fin, desnuda

en toda su claridad.


Las cuatro primeras estrofas describen las fatales consecuencias de la guerra; pero resulta significativo que en las dos siguientes el poeta no adopte una actitud distanciada. Culpa al ser humano de la barbarie, pero él no elude responsabilidades y se reconoce como un depredador más y no como un hombre excepcional, pues siente las garras y está dispuesto a hundirlas en la carne del hijo. Adopta así la primera persona del singular dirigiéndose al hijo en un tono de súplica y amenaza:

Crepitan en mis manos.

Aparta de ellas, hijo.

Estoy dispuesto a hundirlas,

dispuesto a proyectarlas

sobre tu carne leve.


He regresado al tigre.

Aparta o te destrozo.


En otro poema de El hombre acecha (“El hambre II), el poeta suplica: “Ayudadme a ser hombre: no me dejéis ser fiera”. Como indican Mariano Abad y José Antonio Torregrosa (6), Aleixandre, que tanta influencia ejerció en Miguel Hernández, ya igualaba tigre y odio en el poema “La selva y el mar”de La destrucción o el amor :“tigres del tamaño del odio”, si bien destacan que el caso del presente poema hernandiano muestra sus particularidades: “por un lado el símbolo adquiere una dimensión que no se circunscribe al pequeño mundo interior del poeta, a sus congojas personales, sino que se extiende a lo colectivo. Y a la vez no posee un carácter mítico-legendario, sino que surge de lo inmediato, de la respuesta salvaje del ser humano a las circunstancias históricas dramáticas en las que se halla”.

Se cierra el poema con dos versos sentenciosos que dan título al libro:


Hoy el amor es muerte,

y el hombre acecha al hombre.

Se trata de una adaptación de la máxima de Plauto que hizo suya el pensador pesimista Tomas Hobbes: homo homini lupus (“El hombre es un lobo para el hombre”).

En Canción primera se trunca la unión entre el hombre y la naturaleza, tan característica en los poemas anteriores del oriolano. El poeta ha perdido su voz de oráculo; ya no tiene verdades ni certidumbres y anda extraviado en la desolación absoluta con su dolor y el de los demás. Cuando la leo me viene a la mente este aforismo de Schopenhauer: “El hombre que ha llegado al extremo de reconocerse a sí mismo en todos los seres, considera como suyos los sufrimientos infinitos de todo lo que vive. Se apropia del dolor del mundo” (7).

Probablemente si El hombre acecha se hubiera publicado durante la guerra, este y otros poemas del libro, habrían disgustado a los burócratas del Partido Comunista. El marxismo dogmático y mecanicista era intolerante con cualquier manifestación de pesimismo. Igualmente creo que hoy día Canción Primera no es del agrado de quienes resaltan únicamente la dimensión político-heroica de Miguel Hernández. Este poema es un ejemplo de la libertad expresiva por la que abogaron Miguel Hernández y otros escritores durante la guerra civil. El poeta comprometido renuncia a la retórica fervorosa y se aleja de la arenga con un lenguaje sobrio, áspero, preciso, implacable, pero no literal sino simbólico.

Si en Canción primera el hombre llega al límite de la devastación, en Canción última se destaca sobre todo la tragedia personal e íntima del poeta con un sesgo positivo. La casa es el símbolo que da luz a una síntesis dinámica de lo reconocible:


Pintada, no vacía:

pintada está mi casa

del color de las grandes

pasiones y desgracias

Regresará del llanto

adonde fue llevada

con su desierta mesa,

con su ruinosa cama.


Aunque en las dos primeras estrofas destacan las secuelas de la lucha y hay todavía una niebla de amargura, en la estrofa siguiente se ensalza el amor y se atempera la violencia con una sencillez rotunda y emotiva:


Florecerán los besos

sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos

elevará la sábana

su intensa enredadera

nocturna, perfumada.


Los versos finales tienen un súbito fulgor, como un relámpago en la noche oscura, un anticipo en su intensa desnudez de los bellísimos versos que cierran “Eterna sombra”, (para muchos especialistas uno de los últimos –si no el último- poemas escritos por Miguel Hernández): Pero hay un rayo de sol en la lucha/ que siempre deja la sombra vencida.

El odio se amortigua

detrás de la ventana.


Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.


Aunque no esté exenta de ocasionales maniqueísmos, la poesía de Miguel Hernández participa simbólicamente de los contrarios (sus símbolos tienen una cara nocturna y otra diurna) y compatibiliza toda ella las contradicciones de la naturaleza inquieta y rebelde del autor. Hace posible que encaje el compromiso con el ámbito natural, la identidad con la alteridad, la experiencia histórica con el sentir más vanguardista. Como escribe José Luis Ferris (8) “muchos fueron los que intentaron alcanzar esa hazaña desde una postura de compromiso, pero lo que en la mayoría de poetas era empeño y artificialidad, en el poeta de Orihuela era impulso natural, vigor imaginativo y transparente que le surgía al ritmo de la sangre”.

Miguel Hernández conservó “sed de vida en los ocasos, como diría el filósofo rumano Cioran,(9) y no buscó refugio en un locus amoenus con el que huir del trágico destino. Estuvo donde siempre ha de estar el poeta: en el centro del conflicto. Pero no claudicó. Dijo sí a la esperanza en un contexto de odio y desesperación y siguió escribiendo y sobreviviendo a lo valiente, con un coraje creador y fecundo que nunca se acomodó en la resignación.


José Luis Zerón Huguet


Notas

  1. Se han conservado numerosos borradores y antetextos que desmitifican la imagen del poeta inculto eternamente inspirado. Resulta muy interesante la Tesis Doctoral de Carmen Alemany Bay El antetexto hernandiano. Alicante: Universidad,1992.

  2. Recomiendo la lectura del artículo de Angel Luis Prieto de Paula “un poema en la inflexión ideológica de Miguel Hernández (algunas consideraciones a propósito de ‘Sonreídme’)”, revista Empireuma, Orihuela, año XII, Nº22.

  3. Sobre la necesidad de hacer compatible el compromiso y la libertad expresiva, resulta paradigmática la ponencia firmada –entre otros- por Ramón Gaya, Juan Gil Albert, Miguel Hernández, Emilio Prados y Arturo Serrano Plaja, leída por este último en el segundo Congreso en defensa de la Cultura, que tuvo lugar en la Valencia de 1937. Se publicó en el número de agosto de aquel año de la revista Hora de España. Recomiendo la lectura del enjundioso artículo “Miguel Hernández o la autenticidad del compromiso”, Guillermo Carnero, Arte y letras, suplemento del diario Información de Alicante, 16 de octubre de 2003.

  4. Perito en lunas; El rayo que no cesa, p.65. Edición, estudio y notas de Agustín Sánchez Vidal. Madrid, Alhambra, 1976.

  5. Miguel Hernández Obra poética completa, introducción a El hombre acecha p.369, Alianza Editorial. Madrid,1984.

  6. 40 poemas Miguel Hernández, Antología ilustrada por 38 artistas. Edición y comentarios de Mariano Abad y José Antonio Torregrosa. Comentario a Canción primera, Nº22. Asociación Cultural Orihuela 2010, Orihuela,2009.

  7. Meditaciones sobre el dolor del mundo, el suicidio y la voluntad de vivir Arthur Schopenhauer. Tecnos. Madrid, 2002.

  8. Miguel Hernández, pasiones, Cárcel y muerte de un poeta, José Luis Ferris. Temas de hoy. Biografías, Madrid, 2002.

  9. Esta expresión aparece en uno de los aforismos de El ocaso del pensamiento, Emil Cioran, Tusquets, Editores. Barcelona,1995.



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lunes 19 de abril de 2010

El Bosque de las palabras entrevista a Francisco Javier Illán Vivas por el último número de Ágora digital

E L B O S Q U E D E L A S P A L A B R A S
Tuvimos el inmenso placer de entrevistar a Francisco Javier Illán Vivas, codirector de Ágora, papeles de arte gramático que dedica su último número a Miguel Hernández.

http://lamemoriavacia.blogspot.com/2010/04/blog-post.html
lamemoriavacia.blogspot.com
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domingo 18 de abril de 2010

Cada mañana

"Cada mañana, cuando amanezco
me echo un trago de vida en el coleto"
Mª Pilar López


Mi buena amiga,
me gustaría preguntarte
todo aquello que no pude,
ahora que sé que paseas cerca,
por tu destino irremediable,
en la orilla misma de nuestra Atalaya.

Te preguntaría
dónde has fijado tu árbol arrancado de cuajo
y qué senda has dejado en el paisaje donde andamos algo perdidos.

Cuál es tu verdadera historia milenaria.
A qué jardín debemos acercarnos
para captar la esperanza
y dónde estuvo tu tiempo de las cerezas.
Quisiera saber
a quién dejaste el misterio de tus palabras.
Y por qué cuando te recuerdo
me vienen aromas de rota voz y sonrisa libre.
Qué mundo soñaste antesdeayer,
en qué órbita están plantados tus versos, de qué planeta, en qué cielo...
Cómo es la primavera que te pertenece ahora.
Me gustaría saber
cuántos abrazos dejaste guardados en tu armario.
Cuándo supiste que el Dr. Petrucci no veía claro su rumbo esquivo.
Qué color tiene le cieno de la boca de los hombres
y por qué preferiste las transparencias y la turbulencia.
Sería bueno conocer
dónde está ese tobogán de rosas
que dejaste al límite mismo de tu vida.
Cómo puedo encontrar tu fe sin mancharme de versos y oraciones
y cuándo escogiste la libertad y el naufragio
como pasiones aladas de tus versos.
Dónde encontraste la contraseña de las nubes blancas
y qué virtud es esa de deshojar la tristeza
con aires de Atalaya y Castillo.
Y por último, quisiera saber
quién me contará ahora cómo agarré el aire revificador
cuando la luz atravesó mi alma, ayudado por tus manos parturientas...

Pilar, mi buena amiga,
me gustaría saber las respuestas, casi todas las respuestas,
aunque todo ha cambiado,
y en este campo encendido por el futuro
tú ya no estás,
has huido de los espejos.


Ángel Almela Valch


sábado 17 de abril de 2010

Poesía infantil y juvenil se hace eco de la aparición de Ágora digital nº 18


El sitio de Poesía Infantil y Juvenil se hace eco de la aparición de nuestra revista, como podéis ver en la imagen superior.

Entrad y conocer Poesía Infantil y Juvenil AQUÍ.

Carta desde Los Alpes a María Pilar López


María Pilar López,
poeta del sureste, eterna joven,
toda mujer y todo corazón, a veces:
Quisiera que esta carta fuera un río
de palabras sin mar en que ahogarse,
que, aun siendo confesión, fuera denuncia
y luz para tus ojos de color amargo.
Quisiera hablarte en ella
de antas, ¡tantas cosas!...
Del por qué aquí se tiene mal concepto
de España y el flamenco...
de estas gentes de aquí, de estos paisajes...
Por ejemplo:
¿sabes lo que es sentirse raza inferior?
Es una
sensación de frescura, un no sentirse
pequeño y levantarse
brutal, soliviantado.
Pues no es fácil
admitir que, en "demócrata",
la explotación a veces
se pueda hacer aún más despiadada.
Aquí también la voz, el aire,
el pan y la ternura,
dependen de la oferta y la demanda.
Y si en una mano de hombre se marchita un lirio
los que quedan le guardan
algunos- pocos- días de tristeza,
se resignan y ensanchan intervalos.
Ayer, sin ir más lejos,
cayeron en la cuenta
tres niños y un vilano.
Y hay médicos que pueden
certificar un triple ataque
de tedio y una angustia
vital, desesperada.
¿Y del amor, l´amour, qué te diría?
A mi corto entender, a estas mujeres
les ha picado el trompo de San Víctor
y a los hombres les sube la impotencia
por los glóbulos rojos de la sangre.
Los del trabajo sí, tienen el vientre
frutal e inanunciado.
Pero se les aísla en la ignorancia.
Los de Cieza, emigrantes
- esparto en la cintura
y melo estremecido de cartagenera-
han olvidado el nombre de tu calle.
Nada saben
del calor de tus versos
ni de la triste paz de tus Albares.

Andrés Salom

viernes 16 de abril de 2010

Josefina Manresa: musa y custodia del legado de Miguel Hernández


A mediados de junio del 2007 mi mujer y yo hicimos un viaje literario a Baeza (Jaén) para buscar vestigios de Antonio Machado. Y para completar viaje entrañable nos acercamos hasta Quesada, cerca de Baeza, en la sierra de Cazorla, donde había nacido Josefina Manresa, esposa de Miguel Hernández, musa y celosa guardiana del legado del poeta, que ella salvó gracias a que supo ocultarlo de los registros franquistas en los años negros de posguerra. Otro día lo dedicamos a visitar Jaén capital donde vivió el matrimonio Miguel y Josefina en marzo de 1937.

En este I Centenario del nacimiento del universal poeta, no podemos ni debemos olvidarnos de Josefina Manresa Marhuenda, “morena de mi alma”, según le decía Miguel en el encabezamiento de algunas de sus cartas , las cuales supo conservar, además de poemas y el borrador del Cancionero y romancero de ausencias, también fotografías y dibujos. Inestimable legado que fue depositado por ella en el en la alcaldía de Elche cuando era alcalde Ramón Pastor, verano del 1984, que dio origen al actual Centro Hernandiano de Estudios e Investigación. Una vez el legado en poder de los investigadores se pudo publicar Obras Completas, por Agustín Sánchez Vidal, José Carlos Rovira y Carmen Alemany, Espasa Calpe, 1992.

Josefina fue esposa, y sobre todo musa, puesto que ella es la destinataria de varios poemas de primera época. Y el sujeto lírico del verso “Me tiraste un limón, y tan amargo” (v.1, soneto 4 de El rayo que no cesa). Es la novia que no quiere que le roben un beso “Te me mueres de casta y de sencilla:/ estoy convicto, amor, estoy confeso/ de que, raptor intrépido de un beso,/ yo te libé la flor de la mejilla./” (primer terceto, soneto 11, de El Rayo…).

Josefina custodió el voluminoso epistolario, que es como un diario íntimo de Miguel que le dirigió durante años, documentos que han sido base fundamental para el conocimiento de la vida del poeta. Ella conocía perfectamente la obra de su marido. Facilitó documentos y recuerdos a quienes se lo pidieron, recibió en su casa de Elche innumerables visitas de estudiosos y estudiosas, investigadores hernandianos que no podemos enumerar aquí porque la lista sería interminable. La propia Josefina Manresa escribió y publicó en 1976 sobre la enfermedad y muerte de su marido en la revista “Posible”, titulado “Así murió mi marido”. Es autora de un libro imprescindible Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, Ediciones de La Torre Madrid, 1980. Canal Sur emitió el 27 de diciembre de 2008, un documental sobre Josefina Manresa, dentro de la serie 'Andaluzas'. Josefina falleció en Elche el 19 de febrero de 1987.

Un viaje a Quesada

La mañana del domingo 24 de junio del ya referido año, salimos mi mujer y yo desde Baeza camino a Quesada, pasamos por la renacentista Úbeda, desde aquí tomamos dirección sur por una carretera no muy buena entre olivares cenicientos que

se dirigen hacia la Estación de Jódar, Los Propios, Pea del Becerro, donde paramos para subir a la ermita. Continuamos por la carretera A-315 hasta Quesada, que se agarra a un risco al borde del río Toya, más el vértigo de la torre de las iglesias de San Pedro y San Pablo, no olvidemos que Quesada tiene dos iglesias, y ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad. La historia de este enclave al cuidado y protección del cerro de la Magdalena, se remonta a tiempos prehistórico, romanos, visigodos, árabes, y repobladores venidos del Granada. Por ello en su calle vemos arcos y adarves de estilo mudéjar por cualquier callejón que uno transita.

Quesada es tierra de “aceituneros altivos”, en su término está la Cañada de la Fuentes donde nace el río Guadalquivir. En coche cruzamos el pueblo y paramos a la altura del Museo del pintor Rafael Zabaleta, al final de pueblo, donde nos dimos la vuelta, y aparcamos de mala manera en una explanación frente al parque donde se encuentra el Ayuntamiento, cerrado porque era domingo, hice unas fotos, los vecinos estaban agrupados al borde de la carretera pendiente del paso de una concentración de motos. No era el mejor día para pasear por Quesada, además a mí el ruido de la motos me molesta mucho. Preguntamos por Josefina Manresa, nos indicaron que nació en calle del Angel, allí fuimos, donde se alza una placa que dice que aquí nació Josefina el 2 de enero de 1916 (disponemos de Acta de nacimiento gracias a Juan Antonio López Vílchez, Concejal de Cultura de Quesada).

Además Josefina tiene una calle con su nombre. Todo un detalle de afecto y cariño. Ella nació en la casa cuartel de la Guardia Civil, ella era la primogénita del matrimonio Manuel Manresa Pamies y Josefina Marhuenda Ruiz, naturales de Cox (Alicante) estaban aquí porque don Manuel fue guardia civil, nació el 6 de julio de 1889. Hijo de Juan Manresa Almarcha y de Gertrudis Pamies Ruiz, ingresó como soldado en el Regimiento de Infantería San Fernando número 11 de Alicante el 5 de marzo de 1911. Fue destinado a Melilla y sirvió durante tres años en el Protectorado español de Marruecos en el Rif, donde se llevaron a cabo encarnizadas luchas contra las cábilas del temido jefe rifeño Ahmed Rasuni.


Manuel Manresa y Josefina Marhuenda se casaron el 4 de marzo de 1915. El 1º de agosto de 1915 ingresó como guardia 2º en el Instituto General de la Guardia Civil, e

stuvo destinado en Quesada (Jaén), Dolores (Alicante) y en 1927 le destinan a Orihuela. Tuvieron cinco hijos (cuatro hembras y un varón).

Una visita a Jaén

El lunes 25 de junio del 2007 estábamos en Jaén capital, no había donde aparcar, al fin pudimos encontrar un parking subterráneo no muy lejos de la catedral, y desde allí, preguntamos por la popular calle La Llana, sabía que en el número 9 estuvo el Altavoz del Frente Sur durante la guerra civil. Calle la Llana es hoy calle Francisco Coello, aquí encontramos la placa que recuerda el paso de Miguel por esta casa en la primavera de 1937. Un poco más adelante, en los números nueve y once, está el Palacio de Marqués de Blanco-Hermoso, un edificio reconstruido, pero que ha conservado la portada, las pilastras y parte del interior.

Recordemos que a mediados febrero de 1937, Miguel Hernández fue destinado al «Frente Sur», en Jaén, dependiente de «Altavoz del Frente», con el comandante Carlos Contreras (Vittorio Vidali) que le da oportunidad de hacer viajes por los pueblos andaluces para declamar sus poemas en los frentes, y además cronista de de guerra. Firmó tres artículos con el seudónimo de Antonio López, otro como Miguel López, y con su nombre cinco artículos.

La pareja Miguel y Josefina se casaron el 9 de marzo del 37, por lo civil, no había curas, tras unos días por Alicante, Alcoy y Albacete, viajan a Jaén donde Miguel estaba destinado. En calle La Llana compuso su famoso poema "Aceituneros" (publicado el 21 de marzo en el nº

1 de Frente Sur; el 29 de marzo en La Voz del Combatiente) que aparecerá en su libro Viento del pueblo, Valencia, septiembre de 1937. Josefina ayudará a Miguel como mecanógrafa, según hay constancia en varias fotografía de la época.

Este altavoz tenía varias actividades culturales. Nos cuenta Josefina en Recuerdos de la viuda de Miguel, que su marido, el poeta y periodista de guerra viajaba durante dos o tres días por los pueblos, posiblemente, se cree que estuvo en Lopera, Porcuna, ya que aquí se situaba la línea del frente.

En Jaén conocen a los poetas José Herrera Petere y a su mujer Carmen Soler (recién casados también), al poeta Pedro Garfias, al diputado Martínez Cartón, a Andrés Pérez Balmés, a Martínez León dibujante, y al fotógrafo Trellez, Braña... El 19 de abril Josefina macha a Cox por enfermedad de su madre que morirá el 22 de abril y Miguel viene al entierro. Josefina Marhuenda no soportó la trágico muerte de su esposo. Después Miguel regresa solo a Jaén, queda muy triste al estar sin su mujer, pues ella ha de cuidar de sus hermanos huérfanos.

Recuerdos de la vida de Miguel y Josefina

Miguel y Josefina se habían conocido en La Plaza Nueva de Orihuela en el verano de 1933. El Rayo que no cesa, 24 enero del 36, está dedicado a ella donde se lee “A ti sola, en cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si fuera tuya”. A la publicación del poemario Miguel le escribe “¿Te acuerdas que te prometí dedicártelo el primero que saliera?”. Si Miguel hubiera escrito en la dedicatoria “A mi

Josefina morena de mi alma, a ti sola…” se hubiera ahorra especulaciones y dudas posteriores.

Miguel, destinado en Jaén quería formar una familia y tener descendencia. Se casaron por lo civil el 9 de marzo de 1937, en casa de la calle de Arriba, la hoy Casa-Museo

, padrinos de boda fueron sus amigos: Carlos Fenoll y Jesús Poveda. El convite consistió en una comida de arroz y costra, que cocinó la madre de Miguel. Vicente Aleixandre le regaló un reloj de pulsera de oro. Fue una boda en medio del luto, ya que el 13 de agosto de 1936 unos milicianos habían asesinado al padre de Josefina concentrado en Elda.

Josefina Mansera y Miguel tuvieron dos hijos varones: Miguel Ramón (el seg

undo nombre en memoria de Ramón Sijé) nació el 19 de enero de 1937. En esta fecha Miguel estaba en el frente de Teruel, el niño falleció diez meses después el 10 de octubre del 38. Miguel compuso una de sus obras maestras “Hijo de la luz y de la sombra”. Josefina ya estaba embarazada de su segundo hijo Manuel Miguel, (primer nombre en recuerdo de su suegro), que nacería el 4 de enero de 1939.

Una vez Miguel Hernández preso en el Reformatorio de Adultos de Alicante, desde finales junio del 41, ella se vino a vivir a calle Pardo Jimeno 15, de Alicante, a casa de su cuñada Elvira, para estar más cerca de su marido enfermo de tuberculosis, para llevarle alimentos y medicinas, cada viernes, en la ya famosa lechera de aluminio, donde peligrosamente sac

aba poemas escrito en papel higiénico en la tapadera. Intimidados se tuvieron que casar por la iglesia 4 de marzo del 42, ofició el capellán del Reformatorio Salvador Pérez Lledó.

Manuel Miguel se casaría con Lucía Izquierdo García en Elche, nacen dos hijos Miguel y María José, o sea, a Miguel le viven dos nietos. Manuel Miguel falleció en 1984.

A temprana edad, Josefina trabajó en una fábrica de seda y luego siempre de modista, hasta padecer un glaucoma que le operaron en 1962. Fue una luchadora incansable, primero trabajando como costurera para alimentar a sus hijos y hermanos, y luego siendo fiel a la memoria de su esposo, siempre vistió de luto, celosa custodia del legado de su marido, lo salvó de los registros gracias a que los ocultó en un arca, en casa de Filomena, prima hermanan por parte de su padre. Siempre luchando contra “moscones literarios” que le visitaban para ver qué se

podían llevar para editar.

Josefina hizo una visita a Quesada en 1966, le acompañaron entre otros Francisco Lapuerta, notario de Quesada.



Últimas noticias del Centenario en relación a Quesada y Elche

En julio 2010 una delegación de Elche se desplazará a Quesada para plantar una palmera en el Parque Municipal, darán lectura a versos amorosos que el poeta dedicó a su mujer, proyectará el documental 'El siglo del poeta' y ofrecer el recital musical 'Palabra de Miguel' a cargo de José Manuel Garzón. La visita tendrá justa correspondencia en el mismo mes. Quesada, con su alcalde Manuel Vallejo a la cabeza, vendrán a Elche y se proyectará el documental sobre Quesada de Antonio Mercero, rodado en 1968 y censurado en su época. Se plantará un olivo quesadeño en una plaza de Elche y un cantaor y un guitarrista de Jaén pondrán voz y música a los versos de Hernández.


Ramón Fernández Palmera


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jueves 15 de abril de 2010

¿Quién era Miguel Hernández?


Es una pregunta sencilla, incluso tópica o manida, para una respuesta seguramente compleja. El medio paisano Miguel Hernández, poeta, hombre comprometido, ciudadano de un mundo tan pequeño en su ubicación como grande en sus sueños y pretensiones, ese escritor de alas y sentimientos, era un universo de fabulaciones amorosas, de alegrías y de tristezas, de cánticos y de aves al sol. Todo era, o podía ser, Miguel Hernández, como nosotros; y, como nosotros, era la misma nada. Fue, es, tan anónimo en algunos de sus itinerarios vitales como importante literariamente. Por eso hay muchas cosas que conocemos de él, y tan pocas.

Han pasado cien años, y cien años han sido apenas un corredor escondido en la memoria, que gusta de mirar a los sentimientos, a las etapas del hombre, a los estadios de cada cual, que surten efectos reservados, de ida y de vuelta, de metopas y leyendas. Cien años de su nacimiento, de su luz, de sus primeros escarceos por los cortos e intensos aprendizajes de colegio, entre ellos con los jesuitas, que tanto le marcaron. Aprendió, y bien, lo que es la vida, lo que cuesta, sus avatares, los sinsabores de los que se van, las tragedias, la carestía, el trabajo…

Y fue pastor, sí, fue pastor. Siempre hemos sabido que lo fue, y lo fue a lo grande, para publicar su Pastoril y sus almas de escritor entre susurros de baladas que le sirvieron de inspiración para los poemarios de su primigenia labor literaria. El destino le galardonó con una facilidad para escribir, y, antes que eso, para conocer, para aproximarse a la naturaleza de las cosas.

Perito en Lunas fue su primer libro, que editó en Murcia, en los Talleres en los que también veía la luz el diario La Verdad, otra más que centenaria publicación. Hablamos del año 1933. Este periódico vería, igualmente, la impresión de varios poemas de un escritor que pugnaba por darse a conocer en un mundo también complicado entonces, como ahora. Los poetas siempre andan en dificultades, o internas o externas. Sus viajes a Madrid, su búsqueda de apoyos, sus amistades de índole diversa en lo ideológico, sus avatares, los de su familia, sus visiones políticas, sobre todo durante el conflicto bélico civil… todo hizo de Miguel Hernández una persona triste, dolorida, hastiada del mundanal ruido. Le tocó en suerte una etapa muy dura, para él, y para todo el país.

Las instalaciones de La Verdad alumbraron, como decimos, este “Perito en Lunas”, donde escribe inspirado como una suerte de experto en situaciones y objetos sumamente cotidianos. Las Lunas iluminaron sus extraños artificios. Fueron 300 los ejemplares editados, y pocas las voces que encumbraron este poemario. Los amigos más personales y cercanos callaron, y también lo hizo García Lorca, un referente para la época y un emblema para Miguel Hernández, quien quedó un poco resentido por el poco eco que tuvo su obra en lo que eran los primeros escritos de aquella época. Cossio, Zambrano, Alberti y otros, o no lo leyeron, o no lo valoraron, o no lo hicieron públicamente, lo cual provocó que esa poesía de adolescente aún, o de post-adolescente, complicada, difícil de entender, que hubo de ser titulada para su elocuente y oportuna interpretación, no llegara a esas mayorías que perseguía Hernández. Obras postreras serán más fáciles de interpretar. La obra original que dio lugar al molde con el que hacer los ejemplares editados se la regaló el poeta a la insigne escritora Carmen Conde, una cartagenera de pro, con quien mantuvo una extraordinaria amistad, como prueban las cartas que se cruzaron. No sabemos cuántos ejemplares vendió, pero todo parece indicar que no fue un autor de reconocido prestigio por ese “Perito en Lunas” entre el público en general. Más tarde otras obras irían un poco mejor. Pensemos también que la mayoría del pueblo español, al que después intentaría llegar mayoritariamente con su creación poética (con unas letras beligerantes y comprometidas), era analfabeto, lo cual, indudablemente, no ayudaba a su triunfo y expansión.

Muchas obras vendrían a continuación, entre ellas las archiconocidas “El rayo que no cesa”, “Nanas de la cebolla” o “El hombre acecha”, sin olvidar “El viento del pueblo”. Todas muestran un enjambre de sensaciones, de hartazgos, de vacilaciones, de sollozos, de penumbras, de luces con altibajos. ¿Quién era Miguel Hernández? Sin duda, una persona complicada, cansada de vagar en su recién estrenada juventud por las duras condiciones de la vida del momento, por una etapa mísera y con escasas opciones a pesar de sus múltiples habilidades y capacidades (las que nos demostró).

Un don excepcional

Miguel Hernández construyó este primer libro que hemos mencionado, “Perito en Lunas”, escrito en su Orihuela natal y publicado en Murcia, en octavas reales, como para acercarse al complicado, poéticamente, Luis de Góngora, como para aproximarse, igualmente, a esos cultismos que nos distrajeran de aquellas carencias que él, como todos (él las sentía en primera persona), tuvo. Hay términos que han de ser descifrados con un diccionario, pero, pese a todo, su uso del lenguaje goza de una libertad que sólo los superdotados literarios pueden esgrimir. Pocos como él manejan las similitudes, las metáforas, las imágenes de lo que sucede o de lo que se imagina. Tiene un don excepcional: Hernández intuye; sus correligionarios lo perciben.

Antonio Oliver Belmás y Carmen Conde lo advirtieron, y por eso le invitaron a su Universidad Popular de Cartagena, donde gustosamente recitó sus poesías y ganó adeptos. Era fácil que Miguel Hernández llegara a la gente, puesto que, como persona, era muy asequible. Dicen quienes le conocieron que tenía una forma de ser extraordinaria que llamaba la atención de todos.

Repetimos la cuestión: ¿Quién era Miguel Hernández? Fue todo un símbolo. Lo es todavía. Se convirtió en un guía para una parte de una generación en un momento complicado también para España. Sin posibilidades, las buscó. Quiso llegar más allá de lo que las duras condiciones de supervivencia le mostraron, y, además, obtuvo el laurel del conocimiento, el privilegio de saber contar lo que otros únicamente conocieron, o ni siquiera eso. Fue una mente excepcional.

Fue paladín de un tiempo. Olvidemos sus convicciones religiosas, y pensemos en sus comienzos como pastor, como cabrero, ayudando a sus progenitores, no pudiendo ir a clase, pese a ser uno de los mejores. Supo sobreponerse a las dificultades, pero vinieron más, y más, hasta que éstas ganaron, pero no se rindió. Hasta en eso fue un exponente claro de un luchador de la época, un entregado al universo de la palabra como auténtica redentora.

Sus exigencias, sus limitaciones y su búsqueda de una imposible perfección hicieron que eclosionara en una personalidad que se halló en mitad del todo y de la nada de aquella etapa de entre guerras y de la guerra en sí. Todos perdieron, y, como decía aquella canción, más los poetas. Los nombres de los caídos son muchos, y, entre ellos, el de Miguel Hernández. Con ellos, con él, todos caímos también. Recuperar su memoria es recuperar la de todos y rememorar la dignidad con la que han de crecer nuestros hijos y nuestros nietos, para que, a través de la concordia y del conocimiento, evitemos nuevas “Nanas de la cebolla”, para que no haya más poetas desaparecidos.

¿Quién fue Miguel Hernández? Ante todo un poeta del pueblo, uno surgido de él, de sus mismas carencias y contradicciones. Fue un poeta de aquel período, porque los poetas son de cuando viven, si son auténticos escritores. Miguel es un baluarte en este sentido. Este artista, fallecido en su aún tierna juventud fue la punta de lanza de la nostalgia, del cariño, de los sentimientos, de tantas y tantas cosas que, pese al tiempo y a su duro acontecer, lejos de morir, está más vivo que nunca. Miguel Hernández llegó a todos, y eso le hace ser como tú y como yo. Quien fue no necesita más explicación. Tengamos presente que es un poco nuestro, por sus orígenes, por su geografía, por su espíritu, por su sociología.


Juan Tomás Frutos



Fuentes consultadas:

-Ababol, Artículos de Pedro Soler.

-“Miguel Hernández, el poeta marcado por el dolor”, José María García de Tuñón Aza (Artículo aparecido en la revista “El Catoblepas”).

-“Simbología secreta de «Perito en Lunas» de Miguel Hernández”, escrita por Ramón Fernández Palmeral.



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