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miércoles 31 de marzo de 2010

El libro


No volváis a preguntarme cómo comenzó esta sorprendente historia, pues después de hoy, no querré recordarla.

Hacía más de diez meses que dejé de vivir en el mundo de la realidad, de la gente normal, en vuestro mundo. Desde entonces, posiblemente mucho antes, llevo como llave de mi puerta a la tristeza, el desánimo, y las ganas de acabar con una vida que no me interesa, que se me hace muy pesada.

Aquella tarde bajé pronto a Molina y ese invierno del 2007, no sé si lo recordáis, fue especialmente apacible, aviso de los trastornos medioambientales que estaban alterando a las plantas y a los animales. No había vuelto a salir de mi casa desde la fatídica tarde del 2 de diciembre, cuando gente a la que consideraba mis compañeros me clavaron con saña retorcidos dardos de odio, lo que me postró durante tres días bajo los efectos de los tranquilizantes. Miré la pantalla del teléfono móvil: las 20,00 horas. ¡Aún quedaba una hora para la Tertulia de los Jueves!

Lo del móvil no era cosa mía, os lo aseguro, pero mi mujer se empeñó en que lo cogiese y lo conectase, por si necesitaba llamarla. Yo sé, sabía entonces, que ella temía que me volviese a encontrar con aquellos cuatro personajes y que no pudiese resistir la ansiedad. Pero únicamente se presentó Ilya, y recuerdo que no me incomodé, algo dentro de mí anhelaba seguir considerándolo un amigo, aunque sus dardos, aquel aciago dos de diciembre, fueron los que más profundamente me laceraron.

Me sentí arropado por otras inesperadas amistades y así, una tarde de jueves de diciembre, asistí casi sin intervenir a lo que se denominó la tertulia perfecta.

Perfecto todo. Pero, ¿qué ocurrió en aquella hora, desde las veinte a las veintiuna horas para que hoy deba contaros, sin quererlo hacer, esta historia?

Volveré al principio. Vivo en La Alcayna, una urbanización cercana a Molina de Segura, y soy un amante de los libros. Mis mejores ratos suelo pasarlos en las librerías, en Demos, en Diego Marín, en González Palencia, en Antaño, incluso alguna que otra vez voy a Escarabajal por el simple placer de rodearme de libros. Por eso me encaminé, desde la oficina de empresas de Cajamurcia, hacia la Demos; aún podría mirar durante media hora, hasta su cierre.

Me sorprendió no encontrarme con Justina, la propietaria, sino hallar una nueva dependienta, nunca la había visto, pero por su edad no era de esas jóvenes empleadas extranjeras que proliferaban en tiendas, gasolineras, supermercados y bares. No, aquella señora frisaría los cincuenta años y, por como se desenvolvía entre los libros, debía llevar mucho tiempo allí.

Encontré muy cambiada la tienda, con nuevos libros en las estanterías, algunos parecían muy viejos. Recuerdo que una vez mi amigo Jesús Maeso (éste sí es un amigo) me comentó la pretensión de Justina de poner a la venta el elevadísimo número de ejemplares antiguos que ya no sabía cómo apilarlos en la trastienda. ¡Y yo me encontraba allí solo, rodeado de maravillas que llamaban a mi inoportuna curiosidad para que encontrase ese libro que nunca busqué! La dependienta respondió a mi saludo con un gruñido y se sentó tras la pantalla de un ordenador, ¡otra sorpresa!, pero me miraba más a mí que a lo que la informática le estuviese mostrando, pues algo le mostraba. De vez en cuando observaba, por el rabillo del ojo, cómo los diferentes colores de la cambiante pantalla se reflejaban en sus gafas.

Ya frente a los libros tuve la misma agitación que le supongo a Jasón frente al Vellocino, en la Cólquide; o a la pirata Morgan Adams, ante el tesoro enterrado en la Isla de las Cabezas Cortadas; el mío era de enormes proporciones, allí abundaban incunables muy antiguos, algunos escritos en lenguas muertas hacía más de cinco siglos, manuscritos y acuarelas que maravillarían a Amparo Alegría, más que una amiga, una hermana.

La mayor parte de los libros estaban escritos en árabe (lo que no es usual en las librerías de antiguo que conozco, y menos en la bibliografía que le suponía a la propietaria del establecimiento), y otros muchos en latín, donde inmediatamente me llamó la atención determinados nombres que destacaban en los títulos: Yuggoth, Azathoth, Beelzebuth, Jezbeth, Ascaroth, Beemothde. Os podéis suponer cómo me temblaba la mano cuando la acercaba al lomo de cualquiera de aquellas joyas literarias, fechadas en 1624, 1002 o en 950. Tras de mí había una mesa, y os juro que escuchaba apagados lamentos, muy lejanos aleteos de murciélagos e incluso algo que describiría como sinuosos roces de pezuñas sobre el suelo. No quería volverme, pero no podía evitarlo.

Eché una furtiva mirada a la dependienta, que clavaba en mí sus oscuros ojos negros, agazapados tras las gafas. Y me giré, sí, mi esquizofrénica voluntad estuvo buscando aquél momento desde el mismo día en que nací.

Allí, mirándome, estaba el Libro de Jawaharlal, traducido de la versión griega de Olaus Wormius por el franciscano capuchino Torres Oliver en el año 738. Sus 760 páginas aguardaban a que mi mano las hiciesen suyas. ¡Qué craso error! Ahora sé que aguardaban a hacerme suyo desde aquel lejano 20 de octubre de 1958.

Había leído que la versión original, la que nació de la mano del nigromante Jawaharlal, fue escrita en piel de recién nacidos y encuadernada en tapas de piel de dragón decapitado en la noche de un martes de luna llena, pero aquella que había frente a mí tampoco era una encuadernación usual al año de su origen, el 738. Pero eso os lo contaré más adelante, pues ahora estaba ante una desconocida dependienta, en el interior de una librería que mi conciencia se negaba a reconocer como la Demos, a punto de adquirir un libro que no debía existir.

No recuerdo haber preguntado el precio, sólo que ella sonrió y en sus ojos se dibujó la confirmación de que yo me lo llevaría. ¡Cuánta maldad purulentaban aquellos ojos, me es imposible describírosla, porque la lengua humana no lo puede narrar!

No lo dudé. Cogí el libro y, aunque el tacto de la encuadernación me produjo arcadas de asco, pagué y salí como huyendo de la misma muerte, mientras a mi espalda creí oír las carcajadas de una demente dependienta.

Entonces nada de lo que ocurría me extrañaba, inocente de mí, ni tan siquiera que aquel enorme libro cupiese en la cartera de hombro que, durante los dos últimos años, me acompañaba. Y así me incorporé a la perfecta Tertulia de los Jueves que coordinaba Javier Abellán, y así me encontré en un perfecto marco mientras mi mente viajaba de placer lejos del lugar, casi os podría decir que me olvidé de lo que palpitaba a mis pies, el maldito Libro de Jawaharlal, pero aquello era otro engaño que, en las fatídicas horas próximas el propio libro me obligaría a aprender a base de dolor y miedo.

Llegué a casa sin acordarme de lo que contenía mi cartera, lo cual achaqué a uno de los efectos de la medicación que estaba tomando. No me apetecía ver la televisión y me subí a la cama (está en la planta superior del duplex donde vivo), para buscar el sueño mientras terminaba de leer Oeuvres Posthumes, del poeta árabe Abdul Alhazred y, en efecto, debí quedarme dormido pronto, pues cuando retomé la lectura vi que no había leído más de dos poemas. ¡Y qué poemas! No sin razón los lectores de todo el mundo suelen calificar a Alhazred como demente.

Me desperté a las cuatro de la mañana, la casa permanecía en silencio, y fría, muy fría, casi tiritando me vestí el chándal y bajé a la cocina para conectar la calefacción. Entonces escuché unos pasos muy ligeros y un petrificador pánico me agarró la voluntad. Por las ventanas se filtraba la mortecina luz de las farolas de la calle y del jardín, y en ellas se apoyó mi ánimo para mirar y descubrir, con el placer de poder volver a respirar, que nadie había en la casa.

Así, me disponía a regresar al dormitorio cuando, nuevamente, aquellos ligeros pasos desviaron mi atención hacia mi despacho. Anduve hacia él y las venas en las sienes se me hincharon con el esfuerzo, mientras un pánico irracional se iba apoderando de mí. Abrí la puerta y me encontré ante una oscuridad tan profunda que no parecía de este mundo. Entonces recordé el libro que permanecía encerrado en mi cartera. ¡Dioses, qué frío!

Mientras lo sacaba, los perros aullaron larga y estremecedoramente, pero ya no podía hacer otra cosa que leerlo. La luz era insuficiente para quebrar la espesa oscuridad, y lo coloqué en el atril mientras mi alma se llenaba de un temor reverencial.

Leí. Dios Santo, no sé cómo lo hice. Desde las primeras líneas la oscuridad fue apoderándose de mí, como si se tratara de un ser animado que me abrazaba, mientras descubría la malignidad que podía anidar en el alma de los hombres. Quise dejar de leer, gritar, llamar, pero el pánico pegaba mi lengua contra el paladar, impidiéndomelo y, bajo un insoportable hedor a sangre, seguí leyendo, entrando en bostezantes abismos de horror y conociendo palabras tan abominables que quemaron mi fe hasta los cimientos.

Mi alma se secó, aunque sufría un hambre estremecedora de seguir leyendo, de conocer aquellos abominables nombres que no pueden ser repetidos en voz alta y, mientras avanzaba, la monstruosa huella de algo se apoderaba de mí. Sí, tuve tiempo de echar una mirada de locura a mi alrededor, pero no veía nada, la más pasmosa de las oscuridades me envolvía y, sin embargo, podía leer las repelentes líneas. Yo, sin saberlo, me estaba sometiendo al nefando influjo del poder de Jawaharlal.

Leí, leí, leí hasta enloquecer y, cuando cerré el libro, toda la sección de la pared del despacho giró sobre chirriantes goznes y me encontré en una estancia donde la oscuridad empujaba a la luz como una cosa viva. Allí había una silueta indefinida, informe, monstruosa y me hablaba, algo que sonaba como Yog Shothoth, Yog Shothoth...

Había algo tras ella, vislumbrado apenas, como una imposible escena cómica, cuatro o cinco figuras, que me eran vagamente conocidas, posiblemente humanas, alrededor de una mesa, y repetían echadlo, echadlo… no vi más.

Pronto, la espeluznante revelación de la malignidad me llamó hacia un lugar que no debía existir. Grité, grité, pero de mi boca no salió sonido alguno y millones de carcajadas brotaban del libro.

La silueta informe se acercaba, y yo, sentado aún a la mesa del despacho, sentía cómo ésta se desplaza hacia el otro lado de la invisible línea que representaba la pared de la habitación. Luché con la desesperación de la locura, sintiendo cómo las entrañas se me escapan por el abdomen, e intenté aferrarme a la eterna ley de la naturaleza, mi mente babeaba buscando un ancla, algo imposible donde me encontraba, pues el suelo resbalaba a causa de la sangre.

Grité, grité, pero no había sonido. Ya casi sentía el asfixiante aliento de la abominable cosa cuando el intenso sonido de los inexistentes goznes retumbó otra vez. Entonces escuché mi propio grito, lejano, muy lejano, y la indescriptible cosa desapareció.

Debí desmayarme, pues no recuerdo más.

Cuando desperté el sol de la mañana me acariciaba la espalda y ella, mi mujer, me movía el brazo para avivarme.

El atril estaba vacío, todo salpicado de rojo, de sangre reseca, la interrogadora mirada de ella buscaba una respuesta, pero no me atreví a hablar. Miré a uno y otro lado y dibujé un simple gesto con los hombros. Más tarde convinimos que sufrí un derrame nasal que salpicó toda la mesa mientras leía. Hay un pequeño desfase: ¿dónde está el libro que leía mientras me desmayé? Y aquellos orificios en mi mano izquierda que no consiguen cicatrizar y que desprenden un hedor insoportable.

Como os contaba al principio, no revelaré nada más. Es tal el horror que viví que mi entendimiento se niega a recordarlo.

Pero sí os diré que regresé a la Demos para hablar con la dependienta que me vendió el Libro, sin éxito. Me encontré a una sonriente Justina y la saludé, supongo que haciendo el más grande de los ridículos. Regresé por la tarde-noche, a las veinte horas, sin resultados. Volví el jueves siguiente, a la misma hora, y otra vez estaba allí Justina. Para no parecer el tonto del pueblo compré dos ejemplares de La vida en llamas, un interesante poemario que deseaba leer y regalar. Mientras me cobraba, me llené de valor y le pregunté por la dependienta nueva. Me miró extrañada, nunca había tenido dependienta. Bueno, le dije, pues tu amiga, la que se queda en tu lugar cuando sales. Tampoco. Me confesó que ojalá tuviese alguien que le permitiese ese alivio. Cuando alguna obligación la requería, se veía forzada a cerrar.

Entonces me di cuenta que los libros que descansaban en los estantes eran los de siempre, ni rastro de los tesoros que descubrí dos jueves antes. No me atreví a preguntar, temiendo que me tomase por loco. Pagué y escapé de aquel lugar que me agobiaba, como alma que lleva el diablo.

Sé lo que vi, sé lo que vislumbré, y ambas cosas, la visión de lo desconocido y de lo conocido me resultaba repelente. Quiero olvidar. Pero no puedo. Las heridas de mi mano siguen ahí, palpitando al llegar la noche, escuchando los intensos chirridos de inexistentes goznes que abren las puertas de blasfemos mundos, llevándome a profundidades de horror incomprensibles, obligándome a tomar cada vez dosis más elevadas de risperdal.

Francisco Javier Illán Vivas

martes 30 de marzo de 2010

En la bienvenida, adiós

Querría ser positivo,

más que por ti,

por mí,

pero no lo soy,

ni puedo ni lo deseo,

pues el engaño es lo peor,

o puede serlo.

No me dejas

que me tape los ojos.

Querría decirte hola,

pero hoy toca el adiós.

En la llegada ya es despedida,

con el saludo aparece la lágrima,

y no soy en ti

porque no quieres.

Me demuestras

que en la bienvenida

todo se asemeja a un lo siento,

y me despido

llorando ese amor

que pudo ser

en sueños, a ciegas,

pero que no es,

que no puede ser.

Adiós, amor,

que seas feliz.


Juan Tomás Frutos


lunes 29 de marzo de 2010

Cheval, de Bartolomé Fuentes

Ilustración aparecida en el número 17 de Ágora digital, y en el número 16-17 de Ágora, papeles de arte gramático, impresa.

domingo 28 de marzo de 2010

Isla Negra se hace eco de la aparición de ágora nº 18


El sitio que dirige Gabriel Impaglioni se hace eco de la aparición de nuestra revista, como podéis ver en la imagen.

La entrada original, y conocer el sitio, pincha AQUÍ.

viernes 26 de marzo de 2010

Ante la puerta cerrada

Me duele mucho.

Acabo de cerrar
esa puerta
tanto tiempo abierta,
y ahora no sé qué hacer.

Imaginaba algo así,
pero no tanta indefensión.
La pobreza viene
de la falta de hábitos
para salir adelante
en los cambios,
ante ellos,
viviendo transformaciones
más o menos complejas.

Te has comprado
otra ocasión perdida,
una más o una menos,
que no llevo la cuenta,
y me dejas como un trapo
inservible, lleno de agujeros,
maldito para los próximos
meses o años.

Estoy en el nuevo trance,
en camino hacia la nada
más particular,
con impresiones dolientes
que nos agotan
con pensamientos escondidos.

Estoy y no estoy,
porque te vas,
porque sorpresivamente
has recorrido otro mundo
con vencimientos pasados.
Soy algo más,
o eso pensé al equivocarme
de destino en el amor.


Es un duro error

ya lo sé,
y por eso sufro tanto
al cerrar de nuevo la puerta,
la única puerta
por la que merece la pena luchar.

No quiero ni mencionarla,
ni descubrirla otra vez,
ni tan siquiera hablar de ella.
No quiero, no.

La puerta está clausurada,
otra vez, enésima ella,
y aquí estoy paralizado,
otra vez, enésima ella,
mirándola, decepcionado,
en otro tiempo,
o puede que en el mismo.


Juan Tomás Frutos

jueves 25 de marzo de 2010

Conversaciones con... Ignacio Borgoñós


¿Cuál es la principal diferencia entre Recitando a Petrarca y tus dos novelas anteriores, Hotel Mandarache (2005) y Ánimos sombríos (2006)?

—Quizás la ambición. Es una novela que tiene mucho trabajo detrás, documentación, viaje, vivencias. Un texto que sale de nuestras fronteras. Mi primera novela quería indagar en el territorio sentimental y trágico como único fin, en Ánimos añadí una trama política y de terrorismo de ETA, mientras que Recitando recoge el poso sentimental, sigue la estela de reflejar situaciones políticas o de compromiso social y añade un plus de expresión literaria, un ejercicio hecho a conciencia donde los personajes saben que deben ceder parte de su protagonismo al lenguaje, y éste a su vez es consciente de que es compatible con ellos. Se trata de subir un peldaño con cada trabajo, una temática más completa, una editorial más fuerte, una satisfacción mayor cada vez.


—Te iniciaste en la lectura con Baroja y Cela. Supongo que serían tus autores favoritos. ¿Les sigues admirando como antes? ¿Son tus referencias actualmente?

—Eso es ya un mito. Les agradezco su enseñanza y compañía en mi juventud, sin ellos no me hubiera interesado por la literatura, pero un libro lleva a otro y en seguida aprendí a volar solo. Claro que después llegaron muchos más y estoy seguro que a los autores que admiro ahora les llegará su fecha de caducidad en mi trayectoria como lector. Ahora me interesa Coetzee, Camus, Sábato, Marías, Umbral, Kadaré, Yourcenar, Scott Fitzgerald… Seguramente mañana serán otros distintos. Me encanta descubrir autores, me quedo con todos y con ninguno.


—Explícanos por qué escogiste Budapest y Toledo como marcos urbanos para la novela. Son antagónicas. ¿Qué representan esas dos ciudades para ti?

—Sin duda, son ciudades literarias. La una cosmopolita, con el Danubio, con el ambiente universitario que le dibujo, las rémoras del comunismo, el estudio de arquitectura de Gabriel Siloé, el protagonista. La otra pequeña, recogida, bella también hasta el extremo, hermosamente pueblerina, turística y católica, con el Tajo y las historias de una infancia que ahora invita al regreso. Son dos extremos que se complementan aquí. Pero sobre todo están porque cuando las visité me ofrecieron su emplazamiento literario, se me aparecían los personajes de esa novela que todavía no había escrito, los lugares tan entrañables, digamos que allí brotaba el légamo sobre el que iba a construir mi novela.


—Hay una clara lectura política de Recitando a Petrarca...

—Al menos hay una lectura social, de comportamiento hacia la salida traumática del comunismo en un país del Este como Hungría, que de pronto fabrica ricos y deja sin profesión a otros. Social digo, porque hay en la novela mensajes para la reflexión, como por ejemplo la curiosa forma de convivir que tiene en nuestra sociedad el vacío con el estado del bienestar.


—Algunos de tus personajes secundarios están notablemente trabajados. Por ejemplo, el joven cocainómano Lolo, o ese torturador comunista desubicado en la Hungría capitalista. ¿Cómo engarzas los secundarios con los principales?

- Sí, el torturador es uno de los que se quedó sin profesión, ja, ja. Y Lolo un pobre infeliz que vendería su alma por unos cuantos billetes para gastar en fiestas y droga. Y sí, me gusta trabajar los personajes ya sean secundarios o principales. Lo de engarzar es algo sencillo, son las propias preguntas que se hace el autor ante las carencias de su obra las que consiguen el milagro de crear un nuevo personaje, el eslabón que nos falta en esa cadena para que todo ajuste a la perfección.


—¿Crees que está reñida la ambición del éxito de ventas y la de ser un novelista respetado por su creatividad y estilo?

—El mercado manda. Hay desastres en el Top 10 y grandes obras sin publicar. Reñido, sí. Y me atrevo a decir que las modas son las culpables, las modas han entrado en el mercado editorial: templarios, asesinos que vienen del frío… Pero la buena literatura todavía tiene su lugar, aún no se ha apagado ese fuego literario que ha pasado de una mano a otra desde Homero, pero podría darse la más absoluta oscuridad en el futuro si no sabemos valorar a los novelistas creativos y con estilo. Digamos que se han creado dos tipos de literatura, la de consumo y la auténtica.


—La poesía impregna esta novela desde el título hasta el último capítulo. ¿Qué te ha dado la poesía a la hora de escribir narrativa?

—Todo. La poesía es la máxima expresión de la belleza en el lenguaje y mi literatura al menos quiere tender hacia esa belleza. Respeto profundamente la poesía, que me ha enseñado musicalidad, dureza, concisión. Petrarca, los versos de Luis García Montero como cita del libro, los poetas están ahí y yo por siempre los convoco.

Una entrevista de Juan de Dios García


miércoles 24 de marzo de 2010

Comentarios a las Elegías de Rilke, II

¡Cómo nos endulza Rilke el drama! ¡Qué exquisito en la quietud alarmante! Es un poético mar de fondo que coquetea con la trascendencia en la corriente de la negación. Mirar hacia afuera con curiosidad es la condición del hombre anhelante, explorador de la aspiración no consumada de ser. Y él nos arrastra, indolente, hacia esa recreación de aperturas cargada de mortales descubrimientos.


Ahora que cae la tarde y la luz que desde el balcón duerme los objetos con una nana de silencio, ahora que todos ellos empiezan a estar como verdaderamente son y han sido siempre, ahora que aceptan mi presencia, me pregunto si es azul el fondo de la caja vacía.

Cuando el aire cierre sus ojos a la caída... y los ojos también caídos de la desesperanza hagan llorar al silencio, entonces será el momento de poner nombre a las flores de invierno. Después,, temblará el espejo a nuestra mirada y dejará de vernos.


Y regresará marzo y justificará el mundo a otros ojos azules que mirarán alrededor buscando en un suspiro el cielo colmado de luminarias.


Julio-septiembre 2007


Antonio José Mateo

martes 23 de marzo de 2010

A las órdenes del viento

Para todos los que sienten que no están al mando



Me habría gustado ser discípula de Ícaro.
Hubiera sido hermoso festejar
las bodas de Calixto y Melibea.

Me habría gustado ser
....un hitita ante la reina Nefertari
...........el joven Werther en Río de Janeiro
................la deslumbrante dama sevillana
.......................por la que Don José rechazó a Carmen.

Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
con su verde árbol y su pozo blanco
.............el inspector fiscal
....................con el que conversara Maiakovski.

Me habría gustado amarte. Te lo juro.

Sólo que muchas veces la voluntad no basta.


Raquel Lanseros

lunes 22 de marzo de 2010

Vuelve Guillermo de Aquitania

Haré un poema de la pura nada.

Tú y yo seremos los protagonistas.

Nuestro vacío, nuestras soledades

ni un solo instante compartidas, nuestro

mortal aburrimiento, la derrota

diaria, serán cosas que se encuentren

en el poema, que no será largo,

porque todo eso cabe en unos pocos

versos, tal vez en nueve nada más,

o en diez, si cuento este que lo cierra.


Madrid, 27 de agosto de 2009.
Luis Alberto de Cuenca

viernes 19 de marzo de 2010

Ágora digital nº 17, descargada más de 1.600 veces




Mientras la primera entrega del boletín digital de Ágora, papeles de arte gramático, también supera las 1.600 descargas (en concreto, 1611), el boletín nº 2, es decir, Ágora nº 17, supera las 1.600 y a su antecesora, como puede observarse en la imagen.

Como siempre, gracias a todos y todas cuantos habéis hecho esto posible.

Por cierto, el número actual, Ágora digital nº 18 marcha a un buen ritmo.

Descarga Ágora nº 16.
Descarga Ágora nº 17.
Descarga Ágora nº 18.

jueves 18 de marzo de 2010

Con sangre de cebolla (retazos de la vida de un poeta de pueblo escritos en tiempo presente)


Aunque es probable que sobren algunas palabras en este texto es evidente que faltan muchas...

No pretenden ser estas líneas más que un emocionado recuerdo a la figura de un poeta al que no dejaron vivir y del que Neruda dijo: “Desterró la sombra en una España oscura”

Le condenaron pero no pudieron sentenciar su obra, sus palabras siguen conmoviéndonos en el centenario de su nacimiento.


Miguel Hernández, poeta y hombre, hombre y poeta. Hijo de campesinos, pastor de cabras, poeta, Comisario de Cultura, defensor de la República, detenido, encarcelado, condenado a muerte y hasta su último aliento poeta.


Contemplad mi pueblo, contemplad mi tierra”. Nace en la huerta del Segura en el seno de una familia humilde dedicada al pastoreo y escribe sus primeros poemas mientras cuida cabras. De Orihuela, su localidad natal, dice Miguel Hernández:


Si queréis el goce de visión tan grata

que la mente a creerlo terca se resista;

si queréis en una blonda catarata

de color y luces anegar la vista;

si queréis en ámbitos tan maravillosos

como en los que en sueños la alta mente yerra

revolar, en estos versos milagrosos,

contemplad mi pueblo, contemplad mi tierra.


El grupo de Orihuela”. Ávido de aprendizaje estudia en el monte mientras pastorea y descubre a los clásicos en la biblioteca de Luis Almarcha. Tiene unos quince años cuando empieza a escribir y lo hace a espaldas de su padre que no ve con buenos ojos la afición de su hijo. Sus poemas de adolescencia se publican en diferentes revistas literarias, casi a la par se produce la formación del “Grupo de Orihuela” integrado por Miguel, Carlos Fenoll y Ramón Sijé, para él que compone “Elegía” cuando se produce su fallecimiento a edad temprana:

En Orihuela, su pueblo y el mío,
se nos ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería...


Viaja a Madrid para afianzar su carrera literaria. En 1933 publica su primer libro y apenas un año después su nombre se pronuncia en todas las tertulias literarias. Cuando en el año 1936 se publica “El rayo que no cesa” obtiene un total y absoluto reconocimiento como poeta. La escasez de medios económicos le obliga a abandonar Madrid al tiempo que establece relación con los escritores que apoyan la causa republicana. No deja de escribir hasta su último aliento, incluso en la pared en la que se apoya su catre deja su despedida:

"Adiós, hermanos, camaradas y amigos Despedidme del sol y de los trigos"

Me llamo barro aunque Miguel me llame…Miguel Hernández muere por defender la República. Muere el poeta pero no su poesía. Con motivo del centenario de su nacimiento su familia pide que “Su inocencia sea pública, jurídica y oficialmente reconocida”.

El 18 de enero de 1940 un tribunal militar, indigno y fascista, le condena injustamente a muerte “por ser un chivato traidor y por escribir versos y ser el poeta del pueblo”, tiene 31 años. Sus asesinos no le fusilan, ejecutan su sentencia de muerte condenándole a 30 años de cárcel. Dos años después, padece deplorables condiciones higiénicas y sanitarias, muere de tuberculosis en una cárcel alicantina.

Josefina Manresa, su mujer, y su hijo Miguel sobreviven a su muerte con el estigma de su injusta condena causada por la defensa del poeta de “un régimen legal y legítimo”: La República.

Buero y Hernández. Llega a compartir celda con Buero Vallejo al que ya conocía, también condenado a muerte en un juicio sumarísimo: Coincidí con él tres veces. La primera fue en 1938 en Benicásim, donde yo estaba trabajando y él había ido a convalecer de un gran agotamiento; comíamos en la misma mesa, pero yo estaba tan sobre mi trabajo y él tan en sus ocios que apenas cambiábamos unas pocas palabras (...) Después fue en Madrid; en la prisión de Conde de Toreno. Vivimos unos diez meses juntos en la galería de condenados a muerte. Esta fue la etapa más interesante de nuestra relación. En noviembre de 1940 hubo un tercer encuentro, en Yeserías, donde nos enteramos de que Miguel estaba en la sección de transeúntes; (...) conseguimos verlo; cambiamos apresuradas impresiones durante apenas quince minutos y ya no le volvería a ver más” (http://www.elecohernandiano.com/numero/2013/serecuerdo.htm)

El pez más viejo del río”. Dice Buero que Miguel es un hombre con una impresionante capacidad para sobreponerse a las situaciones difíciles, con una gran capacidad humana aún en condiciones adversas; si está en su mano facilitar lo que algún compañero le pide, no duda en hacerlo y si no le resulta posible le regala su poesía.

Buero hizo público un episodio en él que se refleja esa parte del carácter del poeta: un compañero de infortunio lleva unos días más abatido de lo habitual, Miguel percibe su abatimiento y le pregunta que le ocurre a lo que el hombre le contesta, mientras mira una foto, que se acerca la fecha de cumpleaños de su hija y no tiene nada para regalarle. Miguel le pide la foto de la niña y en su reverso escribe un poema: El pez más viejo del río”, aquel padre sin esperanza puede finalmente hacerle un regalo a su hija. Muchos años después Camarón de la Isla puso su voz a aquellos versos:

El pez más viejo del río,

de tanta sabiduría,

el pez más viejo del río

como amontonó vivía,

brillantemente sombrío

y el agua le sonreía...


Nanas de la cebolla”. Camarón no fue el único que prestó su voz a las palabras de Miguel, también lo hicieron Serrat, Víctor Jara, Alberto Cortez, Paco Ibáñez, Enrique Morente...


En una de sus cartas Josefina le contaba que el niño sólo comía pan y cebolla, sus palabras condujeron a Miguel a escribir “Nanas de la cebolla”:

...En la cuna del hambre

mi niño estaba.

Con sangre de cebolla

se amamantaba.

Pero tu sangre,

escarchada de azúcar,

cebolla y hambre...


Décadas después Serrat puso música a estas palabras, el resultado fue una bellísima canción que acercó al poeta al gran público.

El niño yuntero. Víctor Jara, víctima al igual que Miguel de la barbarie que no conoce fronteras, sucumbió ante su niño yuntero:

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello...
... Lo veo arar rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo...



Su obra póstuma. “Cancionero y romancero de ausencias” se publica póstumamente, empieza a escribirlo en octubre de 1938 cuando muere su hijo mayor y lo finaliza en septiembre del 39; en él desgrana el dolor de la ausencia, de la falta de libertad, de la muerte padecida y presentida:

Ropas con su olor,
paños con su aroma.
Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.




Luchas sin calor,
sábana de sombra.
Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas...


Como curiosidad añadir que sólo existe un recuerdo sonoro con la voz del poeta, la única grabación que se conserva se realizó en una breve estancia de Miguel en París, camino de Moscú en plena guerra civil, en ella se le puede escuchar recitando el poema Canción del esposo soldado”.


Pilar Rego

miércoles 17 de marzo de 2010

La luz

Dividió en dos la bañera del aseo de su casa, en una parte sembró un árbol, éste, regado por el agua dulce que lavaba los cuerpos, arraigó con premura, dando ramas y hojas tiernas, cuya guía, siguió la luz de una ventana, ascendiendo por el patio de luces.

Hubo quejas al principio -de todos los vecinos- cuando aún no intuían por qué eran más y mejores amantes.

Rosa Campos Gómez

martes 16 de marzo de 2010

A veces


A veces, la mera expectativa

es lo suficientemente motivadora

como para excitar una reacción

que contenga la esperanza de lo deseado

sin que la voluntad desfallezca

ante las vicisitudes que se planteen.


Habrá quien niegue este extremo,

habrá quien se acoja al mismo,

pero ambos casos hacen igual cosa

que no es más que acunar la esperanza

en la venida de algo mejor.


Es vivir esperanzado

creer en que algo sucedería,

y quizá nunca se haga realidad

o cuando llegue no sea reconocido,

pero merece la pena sentirlo

aunque nunca sirva para nada.


Hay quien vive de estas esperanzas

como ilusiones que no encuentran acomodo

o lluvias que no existen

o viajes imposibles

pero no por ello desfallecen

porque hay una máxima que les dirige

hacia ese necesario mundo imposible

que todos llevamos dentro.


lunes 15 de marzo de 2010

En la Gacetilla de La Verdad de Murcia

Entrevista que nos hizo Manuel Herrero Carcelén, para La Verdad, publicada en la sección Región, La Gacetilla, el pasado 11 de marzo.

domingo 14 de marzo de 2010

Miguel Hernández, multimedia-centenario se hace eco de la aparición de Ágora nº 18


En efecto, el sitio de Ramón Fernández Palmeral, hernandiano de pro, se hace eco de dos noticias del Taller de Arte Gramático: la aparición del boletín digital nº 3, y de la presentación de nuestra revista, el pasado miércoles.

Podéis ver la entrada original AQUÍ.

Poetas de hoy se hace eco de la aparición de Ágora nº 18



El sitio Poetas de hoy, que coordina Alonso de Molina, se hace eco de la aparición de nuestra revista, lo que le agradecemos e invitamos a nuestro lectores a conocer Poetas de hoy.

Podéis ver la entrada original AQUÍ.

sábado 13 de marzo de 2010

Alenarte se hace eco de la aparición de Ágora nº 18


Alenarte, revista de actualidad cultural y artística, se hace eco de la aparición del presente número de Ágora, papeles de arte gramático en versión digital.

Podéis ver la entrada original, y conocer la revista, AQUÍ.

Visual Poetry se hace eco de la aparición de Ágora nº 18


El sitio de Agustín Calvo Galán, en efecto, también se hace eco de la aparición de nuestra revista.

Podéis ver la entrada original AQUÍ.

Anika entre libros se hace eco de la aparición de Ágora nº 18


El sitio de Anika Lillo, Anika entre libros, se hace eco de la aparición de Ágora, papeles de arte gramático, nº 18, lo cual representa todo un honor, tratándose, como se trata, de un sitio de referencia obligada en la literatura en la red.

Gracias, Anika. Podéis ver la entrada oroginal AQUÍ.

El programa Una noche inolvidable, Argentina, programará algunos poemas de Francisco Javier Illán Vivas

PROGRAMA: 1176

Carlos Fernandez

los invita:

SABADOS: 21 A 24 (hora de Bs.As.)

"UNA NOCHE INOLVIDABLE"

en vivo escuchalo por:


www.radiosentidos.com.ar


poetas convocados - 13.03.2010


argentina:olga orozco-julian zini-eladia blazquez-boris gold-lulu colombo-jorge castañeda-irma fraye-cecilia glanzmann-ginagina escobar-maria cristina garay andrade-ime biassoni-audroc-rosenna-sandra goddio-catalina zentner- atilio bertagni (tango)

españa:joaquin disenta-carlos benitez villodres-francisco j.illan vivas-

brasil:antonieta elias manzieri-

chile:hernan miranda casanova-raul zurita

cuba: jose a.buesa-carilda oliver labra-

mexico: marel sosa-mario altuzar suarez-rodolfo meza de la cruz-alejandro sanchez-uriarte

italia: elisabetta errani emaldi-

uruguay: elen lackner-

puerto rico: carmen flores-

peru: maria del pilar barron tello-

colombia: bella clara ventura-

viernes 12 de marzo de 2010

Presentada Ágora en el Colegio Oficial de Periodistas

Joaquín Piqueras, Francisco Javier Illán Vivas, José Luis Martínez Valero y Fulgencio Martínez, al inicio del acto.


La sala del Colegio Oficial de Periodistas se vio insuficiente para los amigos y amigas asistentes al acto.


Diferentes momentos de las intervenciones de Fulgencio Martínez, José Luis Martínez Valero y Francisco Javier Illán Vivas.







Juan Tomás Frutos, quien además ejercía de anfitrión y destacó la importancia del acto, de que era la primera vez que una revista digital y cultural se presentaba en la sede de la Prensa Murciana, lee uno de sus poemas publicados en el actual número de Ágora, papeles de arte gramático.



El poeta David Botía Ordax lee un poema, colaboración en el presente número.



Isabel Mª Abellán, leyendo un fragmento de su relato en torno al la infancia de Miguel Hernández.



Joaquín Piqueras, durante un momento de la lectura de su poema, incluido en su poemario "Tomas falsas".


El profesor José Luis Martínez Valero también lee un fragmento de su colaboración en el presente número.


Fotografías de Toñy Riquelme

Os reproducimos el texto de la presentación, escrito y leído por José Luis Martínez Valero:
Creo que esta quizá sea la primera vez que se presenta en el Club de Prensa una revista digital, aunque naturalmente no haya perdido su vocación de papel.

Ágora apareció en su primer número junto a la catedral, a un paso de la casa en la que en arresto domiciliario pasó algunos meses Antonio Oliver, aquel poeta fundador de la Universidad Popular de Cartagena, amigo de Miguel Hernández, al que seguro todos recordaréis. Ágora, nació con vocación de plaza, pero como se sabe a veces para ciertas cosas es difícil encontrar plazas libres, de ahí que se asentase en determinados bares, también plazas, siempre abiertas.

Hoy la dirigen Fulgencio Martínez, personaje proteico, uno de cuyos heterónimos está con nosotros y Francisco Javier Illán, real, periodista, escritor y experto informático, gracias al empeño de ambos, Ágora de nuevo está aquí.

Una revista es un artilugio complejo, se funda en la variedad. No es un libro que por naturaleza tiende a cerrarse, la revista siempre tiene alguna puerta abierta por la que muestra los bastidores que la sostienen.

Voy a intentar ahora resumir el contenido de este número doble: 16-17 de Ágora, os advierto que seré exhaustivo, algo pesado quiero decir, también que espero dar con el calificativo adecuado:

Se abre con dos editoriales que corresponden a cada uno de sus directores: Francisco Javier Illán plantea la cuestión del soporte: En papel o en la red. Fulgencio a partir de una fotografía que muestra al matrimonio Hernández combate el tópico con el que la historia se ha referido a Josefina, la mujer de Miguel Hernández del que se hablará más adelante.

A continuación, doy cuenta de algunas cosas que tienen que ver con la biografía del poeta.

En la sección de Textos magistrales, leemos en primer lugar a Jorge Castillo Fan y sus poemas metapoéticos, sigue Antonio García Soler que escribe con palabra exacta y traza el verso como si se tratase de un dibujo; Joaquín Piqueras habla de la Historia de las historias, que nos ha contado el cine, es decir, que procedemos de esa caverna de sombras que se llama la memoria; Luis Alberto de Cuenca o sobre la vida y el arte, dos soledades radicales; Raquel Lanseros sobre sus deseos, la realidad y algo más.

Antonio José Mateo, leyendo a Rilke, muestra que el verdadero lector escribe sobre sus lecturas que pudieran ser poemas. Excelente la ilustración de Bartolomé Fuentes, quien finalmente con otra cierra la contraportada.

En Conversaciones con…, María Dolores Moragues entrevista a Luis García Montero. Léanse con atención las preguntas, porque toda buena pregunta encierra la respuesta. Montero habla naturalmente de su experiencia.

Juan De Dios García, dialoga con Ignacio Borgoñés sobre su novela: Recitando a Petrarca.
Ignacio García en La tela de Penélope propone un tema siempre actual: Arte frente a Publicidad, en una sistemática presentación, recuérdese que el cubismo o su revolución se convierten en un producto de consumo a los pocos años. Imágenes sugerentes.

Diario de la creación presenta a Maximiliano Hernández Marcos y su Lección de autoescuela, en la que indaga entre la carretera o la vida y la filosofía del conductor. Fulgencio Martínez, con su poema: El melancólico, interroga a la historia y a sí mismo, para llegar al convencimiento de que la soledad es la única verdad de su relato. José María Herranz, en el que nacimiento y muerte, aurora y ocaso, confirman el ritmo continuo de la vida, siempre superior a cada cosa que se piensa. Agustín Calvo Galán, poema sobre el enigma de los espacio fronterizos. Guillermo Sastre dedica sus versos a Ángel González, homenaje a sus libros y a su persona, comprometidos. David Botia, canta en A veces, su necesidad y su esperanza. Max Kahl, Poema del rey Eiselorn, como un libro miniado tiene tacto de leyenda. Juan Tomás Frutos, versos de interior que dan a puertas cerradas, de luces imposibles, es decir, definitivos poemas de amor. Rosa Campos Gómez, con dos textos en prosa poética. Alfonso García-Villalba, exacto en el error, agudeza más concepto.

Y ahora, la narrativa, con el título: El libro, de Francisco Javier Illán, texto sobre la lectura y sus efectos, capaces de subvertir la cotidianidad, la percepción de la realidad. Gonzalo Gómez Montoro, presenta: Humberto, el que se fue a Brasil, que relata afectos y desafectos, una historia que parece fantasía y, sin embargo, tan real.

Recuerdos y Poemas en homenaje a Miguel Hernández, reúne diferentes textos, el primero obra de Isabel María Abellán, glosa el poema En cuclillas ordeño, con una hermosa historia de infancia, paisaje, cabra y cabritillo. Pilar Rego repasa vida y obra de Miguel como en viñetas. Dolores Estal con el poema En la verde hierba nacieron tus versos, también refiere vida y obra. Charcos de luz en la escalera, de Yose Álvarez-Mesa conjuga la lluvia y la luz, el agua y la sequía. Fulgencio Martínez trata la historia de un país diferente que desearía no ser indiferente a ciertas historias que aún se consideran extraordinarias.

La sección El mono gramático, por Sebastián Alfeo, no confundir con Fulgencio, comenta un texto del padre de los poetas, liróforo celeste, Rubén Darío, que abrió las palabras y dijo enfrentaos con ellas al público municipal y espeso.

Insólitos, sección que mantiene solo Joaquín Piqueras, la dedica al poeta Javier Carnicer, delator de la mala costumbre de agachar la cabeza, excelente suicida en el mar. Y lo hace en una entrevista magistral.

Biblioteca Gramática comienza con Marian Raméntol Serratosa, que presenta y analiza La poesía del rapto del poeta y pintor Cesc Fortuny. El libro León busca gacela, obra de Fulgencio Martínez, por Maximiliano Hernández Marcos, quien ofrece algunas claves fundamentales. Rubén Castillo indaga sobre Afán de certidumbre, de José Cantabella, narrador, poeta y crítico. Dionisia García revela ciertos registros que sirven de guía para la lectura del libro Al oeste de Varsovia, del poeta, narrador, comentarista cultural y profesor José Ángel Cilleruelo. Francisco Javier Illán escribe sobre Un descubrimiento diabólico, de Pilar López Bernués y Dulcísimas hebras del poeta, narrador y ensayista Jesús Cánovas. Acaba esta sección con la propuesta de Fulgencio Martínez de Última noche de amor, primera noche de guerra, obra del escritor rumano Camil Petrescu, traducido por Joaquín Garrigós.

El número se cierra con dos entrevista guiadas por Francisco Javier Illán en donde proyectan vida y obra Fulgencio Martínez y José Cantabella.

Hasta aquí el inventario de lo que se recoge en esta revista, lo que haya quedado en la sombra, vosotros, lectores, sabréis encontrarlo.

jueves 11 de marzo de 2010

Ágora, papeles de arte gramático nº 18 ya en red

Os presentamos la portada (dibujo de Álvaro Peña) de Ágora, papeles de arte gramático, nº 18, y el sumario de la primera parte, pues este monográfico dedicado a Miguel Hernández tendrá dos partes, la presente y la que subirémos a final de mes.

Han sido tantas y de tanta calidad las colaboraciones recibidas que nos hemos visto desbordados y hemos decidido publicarlo en dos partes.

Ambas formarán el número 18 de la revista impresa, que esperamos tenerla en papel en Abril, un mes de lo más literario.

Podéis descargaros la primera entrega pinchando AQUÍ.

Cuando estéis en la página de descarga, pinchar en Click here to start download.. y en breves segundos tendréis la revista en vuestro PC.

miércoles 10 de marzo de 2010

Os esperamos a las 20 horas, en Gran Vía, 5, de Murcia

Hoy es el día, a las 20 horas, en que se presenta "Ágora, papeles de arte gramático" en:
Colegio Oficial de Periodistas de la Región de Murcia,

Asociación de la Prensa de Murcia,

Gran Vía del Escultor Francisco Salzillo, 5

30004 Murcia

Isabel Mª Abellán, Joaquín Piqueras, David Botía, José Luis Martínez VAlero, Jesús Cánovas... y muchos más de los colaboradores de este número nos acompañarán y recitarán un poema, un fragmento de su cuento o artículo.

martes 9 de marzo de 2010

Una historia extraordinaria

(en el bicentenario de Poe)

.....................................a los leales y a los que construyen hoy la dignidad de mañana,
.....................................reinvindicando la memoria histórica.


......................................Para la libertad, sangro, lucho, pervivo,
......................................para la libertad mis ojos y mis manos,

.....................................como un árbol carnal, generoso, cautivo,

.....................................doy a los cirujanos.

......................................Miguel Hernández



Vuestro valor es más paciente a medida
que abandona el sol vuestros miembros.
Pregunto por esa clase de valor,
al que hoy quisiera decirle bienvenido.

Corazones que cayeron bajo el trueno
como en las redes frías los peces del trópico.
Españoles que ganaron la paz
y siguen todavía latiendo bajo tierra

en una tumba anónima
yaciendo y delatando el crimen
cometido sobre este país digno
de una Historia menos extraordinaria.

Vuestro valor como una luz
en la noche me guíe,
y sirva a otros que nacen
para la libertad.


Fulgencio Martínez