No te marches sin pulsar sobre +1 en aquellos artículos, poemas, relatos, ensayos, reseñas, que te hayan gustado.

sábado 31 de octubre de 2009

La revista Ágora, papeles de arte gramático, en pdf



Como ya os informamos hace un tiempo, a partir de mañana, 1 de noviembre, está disponible el primer número de la versión digital de nuestra revista:
http://agoralarevistadeltaller.blogspot.com/2009/09/nuevos-proyectos.html

Será enviada en versión pdf a quienes deseen recibirla. Y, aunque estará también enlazada aquí, en el blog, para que se la descargue quien lo desee, quienes estáis interesados en recibirla, haced llegar un mensaje en ese sentido al correo electrónico del Taller de Arte Gramático (agora@emurcia.com), y en el asunto del correo así lo hagáis saber.

viernes 30 de octubre de 2009

Las cruces de los muertos

Cuando los poderes se acomodan por encima de la Husticia...
y... prevarican... Las Ratas acaban escribiendo la Historia

Blas Estal, 1980


Las cruces de los muertos
-erectas como falos adolescentes en la hora solitaria-
se alzan tras la fantasmagórica silueta
de la Justicia.

Retazos de un pasado ya lejano las observa indiferente,
ajeno a su ignorada gloria mientras,
arrogante y victoriosa,
la Rata,
custodiada en la balanza por la gran Dama de Mirada Ciega
se exhibe,
orgullosa...

A su espalda, un hombre
-cual actor contemporáneo imprimiento sus glamorosas haces en la Alfombra Roja-
queda grabado para la venidera Historia
y a sus pies,
la Prevaricación perdura en el mosaico
de una fecha:

............"MIL NOVECIENTOS OCHENTA".


Dolores Estal Hernández

jueves 29 de octubre de 2009

Lienzo

Sobre tu lienzo, una puerta.
Colgado en ella, un espejo.
Y tus pinceles en su reflejo.




Gerardo Markuleta

miércoles 28 de octubre de 2009

Oigo tu voz que me habla...

Te envío varios poemas recientes. Dos de ellos nacidos del sentido de ánimo
en el que aún me encuentro, los otros dos son la visión que obtengo
cuando miro dos de sus pinturas con un sentido muy especial,
tanto para él como para mí.

Lola Estal Hernández



Oigo tu voz que me habla
En cada sorbo de café
de la mañana,
-Tirillas...- me dice.

Oigo tu sonrisa
que me incita al verso

Y oigo a tu mirada
que me dice bajito:
....................."sigo contigo"


Dolores Estal Hernández

martes 27 de octubre de 2009

Sensualidad

dos o tres enfermedades del yo
ojeras doradas bajo el árbol de la conciencia
subvoces en un mundo difícil

a la Triste Celebridad Puramente Subjetiva
le dedican
yerbas medicinales
armarios llenos de amantes
envejeciendo
ansiedades arbitrarias de
los dibujos de los muertos

nihil sine voluptas

Iolanda Bob
Traducción de Joaquín Garrigós

lunes 26 de octubre de 2009

Poesía escrita en Canarias: escribir en la ultraperiferia

Desde hace décadas se viene discutiendo acerca del significado del término Literatura canaria. No es baladí la discusión pues realmente se trata de determinar si el adjetivo “canaria” se refiere a una simple distinción geográfica o, por el contrario, estamos ante una tradición distinta, con carácter propio y, por tanto, definitoria de una forma de hacer y de ser literatura dentro del ámbito hispánico. La discusión ha llegado incluso al planteamiento de cuál sería la expresión más adecuada: Literatura en Canarias o Literatura canaria.

Para aquellos que defienden la Literatura canaria como una realidad con entidad propia, los argumentos son válidos y no es éste el lugar para explicarlos de forma minuciosa. Baste decir que estudios como Historia de la poesía canaria de Ángel Valbuena Prat, publicado por primera vez en 1937, Algunos materiales para la definición de la poesía canaria de Eugenio Padorno, publicado en el año 2000, el prólogo de Andrés Sánchez Robayna al libro Museo Atlántico (Antología de la poesía canaria) de 1983 o algunos artículos del crítico Domingo Pérez Minik, por citar sólo algunos de los más significativo, remontan los orígenes de la Literatura canaria al siglo XV, momento en el que se componen las “Endechas a la muerte de Guillén Pereza” y en donde elementos definitorios del paisaje insular aparecen por primera vez de forma explícita. Más tarde, las aportaciones de Bartolomé Cairasco en el siglo XVI, con la idealización de la “Selva de Doramas”, un locus amoenus insular; de Antonio de Viana, a comienzos del siglo XVII, con la mitificación de la fusión de dos razas, la castellana, representada por el Capitán Castillo, y la aborigen, por la princesa Dácil, de la cual procedería el actual pueblo canario; de Nicolás Estévanez, con su poema Canarias, en donde el mito del almendro representaría la idealización de una patria libre y anárquica; de los modernistas Tomás Morales o Alonso Quesada, a comienzos del siglo XX, donde el paisaje del mar, en uno exuberante y en otro intimista, dibujarían un entorno con rasgos propios y distintivos; o por las Vanguardias históricas que conformaron un paisaje surrealista y cosmopolita, cercenadas por la Guerra Civil y la cobardía; todos ellos y muchos otros habrían formado un corpus que, sin género de dudas, dotarían de entidad propia a la literatura realizada en estas islas.

Rasgos como desamparo, soledad, aislamiento o cosmopolitismo ―debido a la situación geográfica que serviría de enlace, de puente, entre continentes― serán comunes a los poetas canarios. El mar, una ilusión del mar claramente diferenciada y donde el sentimiento de amor, de reconocimiento de frontera y ahogamiento se mezclaran, sería un referente necesario e ineludible.

Por otro lado, hay quienes afirman que estos rasgos sólo se manifiestan en unos pocos escritores canarios, que en esos pocos no aparecen de forma absoluta y que no se muestran de forma predominante en toda su obra. Para ellos, se escribirá desde Canarias o en Canarias. Todo lo demás sería un intento, con cierto contenido político, que pretende, ya que no existe una lengua propia ni un territorio independiente, legitimar algo que simplemente no existe. La literatura hecha en Canarias es simplemente literatura en español, escrita por poetas nacidos, residentes o simplemente de paso que, en muchos casos o bien ignoran o bien no se identifican con esos supuestos rasgos definitorios.

No obstante, y quizás de manera paradójica, existe una tercera vía: escritores ajenos a la existencia o no de la Literatura canaria, ya sea este adjetivo una simple alusión geográfica o bien un término crítico. Entre estos poetas se encuentran los cuatro que se reseñan: Pedro Flores (Las Palmas de Gran Canaria, 1968), Coriolano González Montañez (Santa Cruz de Tenerife, 1965), Ricardo Hernández Bravo (El Paso, La Palma, 1966) y Ángela Ramos (Guía, Gran Canaria, 1967).

Escribir en Canarias no resulta fácil. En este territorio fragmentado del subtrópico, en esta región ultraperiférica, alejada alrededor de 1400 Km. del continente europeo, pero a sólo 100 Km. de las costas africanas, a medio camino entre Europa y América, y a pesar de los avances tecnológicos de las últimas décadas, la sensación en la que vive inmerso el escritor no deja lugar a las dudas: aislamiento del territorio peninsular, de las otras islas y de los propios autores. Es cierto que en Canarias hay un considerable número de poetas publicados y en activo ―la cifra podría rondar la cincuentena―, sin embargo los intercambios, los encuentros, el debate, apenas existen. Por otro lado, esa posibilidad con escritores alejados del archipiélago es prácticamente nula. Escribir en soledad en estas islas es, más que un tópico, una tautología.

Sin embargo, todo esto no impide que una de las características definitorias de buena parte de los creadores de las islas: el cainismo. Y ante esta perspectiva, ante este triple aislamiento, hay escritores que crean si no una obra personalísima, sí propia y distinguible. Es en este contexto donde se enmarca la obra de estos cuatro autores.


Pedro Flores escribe siempre en el filo de la navaja. Su poesía arriesgada nos sorprende siempre en el último instante en donde, con un giro casi de prestidigitador, nos corta el aire. Lector de los grandes poetas hispanoamericanos (otra de esas características que quizás definiera a muchos autores canarios), se recrea, se reinventa en cada nueva obra para desdoblarse en tantos personajes que no tenemos nunca ninguna duda de que Pedro Flores es todos ellos.


Ricardo Hernández Bravo es un artesano exquisito que puebla su imaginario poético de símbolos, de imágenes herederas de las vanguardias insulares. Poco propenso a la publicación, en sus versos cala la reflexión ontológica, la aparente distancia del punto de vista del poema con el hecho poetizable. No obstante, en el poema late cierta melancolía, fruto quizás del aislamiento de este escritor, que proviene tanto de su visión del mundo como del espacio geográfico que habita y que lo ha modelado.

Ángela Ramos crea una poesía que, partiendo de lo cotidiano, ahonda en la vivencia diaria del ser humano. Tomando como referencia los detalles más nimios, los trasciende para mostrarnos un mundo personalísimo en el que la soledad, la ironía, la mirada amarga, en lugar de entristecernos nos revelan que todavía hay un camino que recorrer. Esta autora tiene voz y personalidad propias dentro del elenco de escritoras, ya no sólo canarias, que han abierto una importante brecha en el panorama poético en español.


Coriolano González Montañez hace ya tiempo que se sumergió a sí mismo y a su poesía en la búsqueda afanosa por mantener y recobrar el pasado, la infancia. Escribe para no olvidar. Sus poemas, en donde la sencillez de las formas y de las estructuras son patentes, la sugerencia de los lugares comunes nos conducen a una atmósfera de melancolía y soledad. El hombre frente al paisaje de la isla y al paisaje de la memoria: un aislamiento no sólo físico sino también personal.

¿Qué tienen en común estos cuatro escritores? Habitan islas distintas, quizás habiten espacios poéticos diferentes, quizás su alejamiento sea voluntario y sus poemas surjan de la reflexión aislada, desde el territorio, de tendencias y grupos poéticos.

Morar en unos pedruscos atlánticos, crear la ultraperiferia puede llegar a ser una aventura estimulante.






Coriolano González Montañez

viernes 23 de octubre de 2009

¿A qué esta desconfianza entre nosotros...

¿A qué esta desconfianza entre nosotros
los tocados de agujas compartidas,
a qué esta resistencia
replegados en postizos sin escrúpulo?
si nos desentendemos y aún nos enredamos,
si en el descascaramiento
la energía del perdedor embiste
los burladeros del corazón.



Ricardo Hernández Bravo
(En el idioma de los delfines, 1997)

jueves 22 de octubre de 2009

Hipotecados

Se nace hipotecado
-somos hijos del tiempo circundante-
y hemos de liberarnos a codazos,
a dentellada limpia.

Domingo Velázquez


No existe más
que lo que el viento ya no arrastra.
Hasta los sueños cobraron el rumbo
de las viejas cigarras
y, tras ellos,
tú también te esfumaste en la noche como el humo
y respiraste tu sombra.
Otros quedamos.
Con el frío en las espaldas,
colonizados los huesos,
nos apoyamos sin mutación en el absurdo.
Y el horizonte
siguió hilvanando su tristeza sobre nuestras islas,
eternamente aisladas.
Yo quise escurrirme donde no llegan las pinzas de las horas,
ni el telar de la angustia,
pero fue inútil.
Estábamos condenados
a arrastrar con los límites,
a tragarnos las lágrimas,
y a continuar la guerra contra el polvo.


Ángela Ramos
(Faltó la Primavera, 2005)

miércoles 21 de octubre de 2009

Confidencias

Sympathy for the devil
The Rolling Stones

Yo tomaba cerveza y ellas Parfait Amour.

El roce sobre el asfalto de los barrenderos
y el chapoteo de las primeras ruedas sobre los charcos
llenaban de dulzura las horas tempranas del día.

Nos escondíamos tras el humo de los cigarros
mal aplastados contra el cenicero
y me hablaban de bolsos estampados
contra los parabrisas de los choces.
Yo, de Rimbaud o de Baudelaire.

Pronto, los basureros terminaban el trabajo
y, al entrar en el bar, nos miraban,
(quizás debiera afirmar que con lujuria).
Nosotros continuábamos con nuestra cadencia.
Apenas despuntaba la mañana

y la barba ya les había crecido al ritmo de las palabras,
mientras nos emplazábamos en un futuro irónico:
ellas estarían casadas
y yo habría publicado libros de poemas.


Coriolano González Montañez

martes 20 de octubre de 2009

Será bueno

Las rodillas cruzadas delante del espejo:

el ruido espacioso de la palabra crece lentamente de por sí
pequeñas divinidades contemplativas cero uno me sonríen
serán un conjuro contras lo susurros malignos
lo invisible en tres lecciones
solo para mí
la superviviente de un yo difícil
para mí
la indisimulada alegría de estar viva
el grotesco placer de ser no obstante
frigidus sanguis

pero ahora
flotan por doquier
el invierno lobo
el verano caballo
el otoño oso


Iolanda Bob
Traducción del rumano de Joaquín Garrigós Bueno

lunes 19 de octubre de 2009

La pala negra de hierro...

La pala negra de hierro en la entrada:
tengo que ir a devolverla
a casa de la vecina

Mientras me decido,
y por no pensar en tumbas y entierros
-demasiados en este último año-,
pienso que sirvió para remover la tierra
de un jardín en ciernes.

No sirve de mucho:
cada vez que bajo la escalera
y me la encuentro de pie,
pienso que está esperándome.

¡Tengo tantas cosas que hacer todavía
(entre otras, devolver la pala)!


Berna Wang

viernes 16 de octubre de 2009

Conversaciones con... Ángel Hernansáez

Pintores en portada.
José Belmonte Serrano.


Agnóstico, aunque respeta a quienes siguen cualquier precepto religioso. Antisionista, pero en nada de acuerdo con el nazismo. De ideología izquierdista. Convencido de que los políticos sólo van a lo suyo. Admirador del mundo griego y de la figura de Sócrates. Miembro de la Academia de Santa María de la Arrixaca, nombre que no termina de gustarle por muy sonoro y murciano que suene. Y amigo del juez Garzón, del que asegura que, además de ser una buena persona, es un hombre culto, sensible y, sobre todo, justo; aunque muchos proclamen lo contrario. Pero, sobre todo, Ángel Hernansáez es un artista que, según él mismo confiesa, vive para pintar y no pinta para vivir, lo que le sirve para hacer lo que le da la real gana, sin tener que rendirle cuentas a nadie.





Ángel Hernansáez: Para los nombres soy un desastre. Para los nombres y también par las fechas. El secreto del asunto está en el mundo griego. Los griegos avezados sabían perfectamente que las musas son hijas de Mnemosine. Y Mnemosine es la Memoria. Si no tienes memoria es imposible que puedas hacer ninguna obra. El “archivo” es fundamental.

José Belmonte: Afirma usted que es amigo del juez Baltasar Garzón...
Á.H.: Sí, muy amigo mío. Formamos un grupo con un cantante catalán, Xavier Ribalta, que ha traducido las cosas de Leo Ferré, con una brillantez enorme. En esa tertulia estaba también Pepe Oliva, que era un catedrático de la Complutense de Madrid, que ha muerto hace poco... ¿Petulante el juez Garzón? Garzón es una persona maravillosa. Y si tuviéramos al menos quince jueces de esa categoría, imagínate. Y te hablo desde un punto de vista agnóstico y de izquierdas. Con todo, no podría pertenecer a un partido político porque yo no entiendo de “disciplina de partido” ni nada de eso. Garzón es una persona culta. No es un hombre ajeno a la cultura. Dime una cosa: ¿qué juez español ha tenido los cojones de tener a Pinochet en jaque?

J.B.: Lleva pintando más de medio siglo y no sé si ya ha encontrado la fórmula para responder cuando se le pregunta qué es el arte.
Á.H.: Nosotros somos navegantes, exploradores de lo desconocido, que siempre intentamos descubrir cosas. No, no hay normas. Si te dedicas a las normas, te dedicas a pintar lo “pintao”. Yo llegué un poco tarde a entenderlo. Ten en cuenta que empecé estudiando Farmacia, aunque tuve siempre vocación por la pintura. Era hijo de boticario y catedrático de Ciencias Naturales, y eso de tener un pintamonas en la familia era una cosa que no estaba bien vista. El problema de la creación está muy ligado con la inteligencia. El problema de crear está en encontrar soluciones sorprendentes. Eso es pintar. Soluciones sorprendentes y nuevas. Porque si te dices a ti mismo “yo estoy aquí en la Gloria, no me hace falta recurrir a nuevas cosas”, estás perdido. Así se puede ser pintor, pero la creatividad ha desaparecido. Hay que estar inconforme con lo que uno hace. La creatividad está en saber relacionar, en buscar analogías. Cada cuadro tiene el precio de lo que has invertido emocionalmente en hacerlo.Pero creo que me preguntaba sobre qué es el arte. En el arte hay tres cualidades que si no se cumplen no existe la obra de arte. Una de ellas es el mimetismo. Las otras, el contenido literario y la forma original. El mimetismo lo entiende todo el mundo. Es la representación de la cosa. El contenido literario tiene que ver con lo que nos están contando. Pero lo importante, lo que no entiende la gente, es la forma original. Es decir, cómo el artista pone el pincel, la calidad de la materia, la textura. Ahí tenemos el caso de Sorolla. No ha existido un pintor impresionista de la envergadura, dela categoría de Sorolla. Si hubiera nacido en la época de Velázquez hubiera sido una figura señera. Y todo eso porque allí existía una Escuela de Bellas Artes; es decir, había un terreno abonado, mientras que en Murcia no hemos gozado de una Facultad de Bellas Artes hasta los tiempos del rector Ballesta.

J.B.: Sus amigos dicen de usted que es un inconformista. Quienes no le quieren bien aseguran que es un gruñón difícil de tratar, con muy malas pulgas, de los que matan con la mirada. Sáqueme de la duda.
Á.H.: Creo que cada individuo es lo que es él más lo que piensa la gente de él. Son dos versiones que ni una ni otra coinciden con la realidad. Con todo, aunque uno lleve muchos años dentro del mismo pellejo, a mí, de vez en cuando me sorprende cuando veo obra pasada mía, unas por bien y otras por mal. Yo no creo que sea un gruñón, antes bien soy muy dado al diálogo y a la broma. Lo que pasa es que posiblemente mi físico no dé para el asunto. ¿Qué quiere que le diga? Yo soy como soy, como somos cada uno. No creo que trate a nadie de una forma despectiva. Soy dado al diálogo y a que la razón no se arrodille ante nada.

J.B.: Pero no me negará que es usted un artista antisistema, de los que no van pidiendo favores para hacer exposiciones con dinero público.
Á.H.: No es que sea antisistema. Es, posiblemente, un problema de comodidad. Me parece una lucha que no va a conducir a nada. Hay gente a la que le gusta el protagonismo. Me parece lícito, sí. Pero ser excesivamente protagonista creo que es hasta indecoroso. Soy una persona humilde en mis cosas, nunca he sido soberbio. Pero para mí lo más cómodo es estar en zapatillas. No puedo estar hablando con una persona si no estoy en zapatillas. Vamos, es que si a los setenta y dos años no puedo hacer lo que me dé la gana...

J.B.: Puestos a elegir, ¿Ramón Gaya o Pedro Flores?
Á.H.: Claro, es que las no son ni blancas ni negras. En el mundo de los grises es donde está el secreto del asunto. Veo a Pedro Flores un pintor más a lo que es un pintor. Más a ir a jugársela a París porque con la burguesía murciana no vendía nada. Un tío que se lanza a eso, que se relaciona con todos los artistas de la época, pero que hace una pintura para poder comer de ella... Ahí está el problema. Gaya. Bueno, pues supongo que el problema es parecido, tenía que vivir de la pintura. Gaya tiene, desde mi punto de vista, más facultades que Pedro Flores. Flores tenía una personalidad acusada. Y también la tenía Gaya, pero éste era más dulzón; es una pintura mucho más amable. No sé si está hecha con vistas a agradar. Pero a mí me parece que son dos pintores importantes. Me inclino más por la pintura de Flores.

J.B.: Pasa usted de lo figurativo a lo abstracto con una facilidad pasmosa, sin que en ningún momento se resienta la calidad, que siempre mantiene a gran altura. Lo que no sé es qué dirán quienes traten de estudiar en profundidad su obra.
Á.H.: Hombre, si es un tío avezado verá que existe una iluminación. Aparentemente pueden ser saltos violentos, pero no lo son. Hay mucha semejanza entre toda la obra. El que ensaye diferentes estilos tiene que ver con el inconformismo, el no estar a gusto nunca con lo que haces. Yo no lo veo como malo. Lo malo es repetirse. Ahí tienes a Picasso, por el que se dan hostias por hacer una tesis doctoral. Y, además, por mucho que se estudio no está todo dicho. A mí los pintores que han encontrado una fórmula para hincharse a vender cuadros me parecen que son unos comerciantes extraordinarios. No es que los esté denunciando, ni acusando de un delito. Pero con respecto a la pintura a mí no me interesa.

J.B.: Como sé que es usted un hombre con fama de decir lo que piensa, sin ningún miedo, sin pudor alguno, dígame qué opina de la política cultural del nuevo consejero, y, sobre todo, de la ya famosa montaña de escombros.
Á.H.: Lo que no podemos confundir son las artes del dibujo: la arquitectura, la pintura y la escultura. Un bidet puesto boca abajo o un “meaero” no tienen nada que ver con la pintura ni con la escultura. Y ahí es donde tenemos que separar las cosas. Que exista el montaje de los escombros, para mí ni me va ni me viene. Lo que me parece mal es que con el erario público se hagan ensayos de ese tipo. No digo que ese mundo no exista, puesto que está ahí. Pero a mí no me emociona. Personalmente no me dice nada.

J.B.: Perdóneme que se lo diga, pero por su forma de ser, por sus ideas, no termino de verle en su papel de miembro de la Academia de Santa María de la Arrixaca...
Á.H.: Yo no le veo que tenga ese sentido típico de la Academia del siglo XIX. No, no se lo veo. La única importancia que le veo a la Academia, y por eso estoy ahí, es que pretende ser, como le pasaba a Sócrates, la avispa cojonera que esté denunciando los desmanes políticos que se pueden cometer en cualquier momento. También se quiere apoyar desde esta institución a los artistas jóvenes, músicos, arquitectos, pintores. Sí, me obliga a llevar corbata porque allí el ambiente es muy clásico y existe un determinado protocolo. Así que cuando hay una recepción de un nuevo académico se lleva a cabo un rito, una ceremonia que obliga a determinadas cosas.

J.B.: Hábleme, ya para acabar, de esa ya famosa tertulia literaria en el Café del Arco, ente las plazas de Santo Domingo y del Romea, en la que, además de usted, participa gente como el ex alcalde José María Aroca y escritores José Mariano González Vidal y Diego Ruíz Marín, el doctor Montoro, el ex rector Juan Roca... No sé qué es lo que traman, qué es lo que pretenden...
Á.H.: Despellejamos a troche y moche al que se lo merece. Ahí no se libra nadie. El que la hace la paga (sonríe). Lo que pasa es que no podemos llevar a cabo lo que pensamos porque no tenemos influencia política. Somos críticos, incluso, con nosotros mismos. Es una buena forma de empezar la mañana. Es una tertulia corta, de tres cuartos de hora a hora y cuarto. Hay gente mayor, con un enrome bagaje cultural, con vivencias suficientemente importantes como para tener una opinión clara. Es gente, además, de distintas tendencias políticas, porque no todo el mundo piensa de la misma forma. Pero ese contraste de pareceres es lo que creo que es lo más importante. Pero no sólo en las tertulias, sino también en la vida social.

jueves 15 de octubre de 2009

El regreso

... y eran los tiempos en los que el recuerdo me hacía muecas
de cinismo desde el interior de una burbuja de espuma...

Y de nuevo la mar se presenta
densa desde el núcleo de sus vientos
acariciando los oscuros latidos de la nostalgia

azules descarados que se asoman al presente
-sabor de la tiste melancolía-

y canta su belleza
en el continuado avance de los susurros
hacia los reinos de la vida

Y de nuevo la mar
compacta y transparente
cambiante y de calor indefinido
salada y amarga
lenta y envolvente
que ofrece, hijos míos,
con su blanca alegría espumada
desplomándose con la esperanza,
la comprensión

Y de nuevo la mar
con su eterna tozudez
llega a la vida con su verbo

-antes de alcanzar al poema -

-antes de la aparición húmeda de la transparencia-

para exigir la ofrenda
de su propia génesis
Y de nuevo la mar
asoma su color para purificar con sus barros
el mortecino y silencioso rostro del linaje
divergente
usente
¡Dios!
Cuantas raíces penetradas
en la profundidad del vacío
para alcanzar tan sólo
la sólida espesura de la negra luz
del sentimiento calcinado

Y de nuevo la mar
-aunque es otra era-
que lleva y que trae la renovación de los espacios
que quita y otorga
la mirada de mármol del deseo ahogado

-antes del comienzo del poema-

-antes de la negativa del verbo-

¡Qué importa que luego resucite el amor!
¡Qué más da que después sean abrazados los recuerdos arrebatados!
...Si ya ha sido enterrada la palabra...


Blas Estal
El Peregrino- Puerto de Sagunto- agosto 97

miércoles 14 de octubre de 2009

En tus noches de mil pechos,...

Como una ventana abierta
a un vértigo de colores,
como un vértice de mil vientos.
(A Blas Estal y su pintura)

En tus noches de mil pechos,
maestro de la importancia,
cuánta carne ensangrentada,

cuántos ojos, cuántos miembros
descuajados, reinventados
y vueltos al primer nombre.

(Cariño que no te asusta la carne,
dios de la mano que todo lo ve.)
Porque todo en tu vida se rompió sin querer:

las cuerdas, las cintas, las losas del cielo,
los brazos que se acunan
lagartos que no ven.

Por tu paleta pasea
la prisma de los profetas,
pintor de dobles sentidos,

los santos y los ascetas,
la flor y nata del sueño,
pastor de los derruidos,

Moisés de los astrolabios
alquimista del arrabio,
monseñor del desatino.

Un dedo del hombre más alto
que el dedo de Dios en tu boca
que no pide pan ni perdón,

el ojo que todo lo toca,
los números de la razón. Tú.
Y unas manos, desnudo y delgado...

- Por donde navegas, Jasón?
- Por un mar de cintas imposibles.
- Cuidado con las barcas que se te escapan.

Para ti que conoces las redondeces del aire
Nada es perfecto ni imposible
Aprende, Jasón.
Que no muera la belleza sino encerrada
en una de esas rosas que te separan del mundo.

Mi amor está detrás
de todos los huecos que nunca pintaste.

María José Bernal

martes 13 de octubre de 2009

El cernacho literario



Temas
Los escritores pasan por muchas vicisitudes hasta ver terminada su obra. Terminada, no publicada, que ese es otro cantar. En lo que depende de sí mismos seguramente sufren los momentos más angustiosos cuando andan a la búsqueda de un tema. Todos pasan por aquí, los grandes y los menos grandes, veamos algunos recursos de los que se han servido unos y otros para salir del atolladero y sus resultados.

Oficio, tesón y genio
Víctor Hugo se vio en la necesidad de escribir para mantener a su familia cuando le retiraron la pensión que le había concedido el Estado. Tras recibir la muy oportuna oferta de un editor por su próxima obra, que incluía una generosa remuneración pero también la exigencia de cumplir un brevísimo plazo, el maestro se encerró en su estudio, guardó su vestimenta de calle bajo llave, se cubrió con una saya de tela basta y armado con una resma de papel y un tintero confió en su imaginación y en su oficio para escribir. Terminada la novela en el plazo previsto, tras perder mucho peso y ver quebrantada su salud, pretendió titular a su obra “El contenido de un frasco de tinta” pero terminó llamándose nada más y nada menos que “Nuestra señora de París”, una obra cumbre en su carrera y en la Literatura universal. Queda claro que el tema y el desarrollo se presentaron forzosamente y que de ahí surgió una obra maestra. No hay que olvidarlo cuando se hable sobre la “inspiración” o sobre la bastardía de las obras por encargo.

Monomanías creativas.
Naturalmente, cada autor deja su impronta en sus obras y unas veces esto no afecta al argumento, buscando temas libremente y sin perjuicios entre todo lo humano y lo divino, y otras sí, pues su elección se ve circunscrita por el carácter personal a una serie de temas muy determinados. Este es el caso de Milan Kundera. El escritor checo declaró que los títulos de sus obras pueden muy bien intercambiarse ya que su contenido gira siempre en torno a “un pequeño número de temas que me obsesionan, me definen y, lamentablemente, me restringen. Más allá de esos temas, no tengo nada que decir o escribir”.

La vida imita al arte (previamente)
Pero existen personas que encuentran dificultades en extraer la materia necesaria para escribir de la observación o de la vida ajena o que consideran necesario expresa los hechos, lugares o sensaciones detalladamente y con información de primera mano. El método consiste en experimentar en el mundo real la trama sobre la que van a hilvanar la novela. Hay quien, para ello, viaja o acomete empresas singulares. Hay quien –espero que los menos- ama o deja de amar. Y hay quien, como en los casos que quiero referir, recurre al asesinato.

Richard Klinkhamer es un escultor holandés, hijo de carnicero, que ha sido tachado injustamente de intelectual y calumniado bajo la acusación de autor literario tras escribir una cosa llamada “Woensdag Gehaktdag” (Miércoles, día de la albóndiga de carne). La novela narra siete visiones sobre un crimen cometido por un marido en la persona de su esposa y anima al lector a encontrar su propia interpretación de los hechos. El caso es que el escritor asesinó en 1991 a su mujer, Hannie (Hannelore Gogfrinon), en el pueblecito holandés de Ganzedijk golpeándole con una maza tras una discusión. Con sus cuchillos de matarife y una trituradora de carne desmenuzó el cuerpo de su mujer y lo enterró bajo un suelo del cuarto de herramientas que tenía en el jardín. La policía, a pesar de la magnífica actuación como marido doliente y pesaroso por la desaparición de su esposa, sospechó desde el primer momento de él pero no pudo hallar prueba alguna aun después de batir la zona con perros y utilizar incluso cámaras aéreas de infrarrojos para examinar el subsuelo. El asunto se destapó en 2000 cuando los nuevos moradores de la vivienda de Klinkhamer excavaron la zona y dieron con restos óseos que resultaron ser de Hannie y Richard se declaró culpable. La publicación del libro se ha demorado durante años y Klinkhamer ha utilizado el morbo y las incertidumbres en torno al caso y su persona para promocionarlo.

Otro iluminado por las Parcas más que los las Musas es Krystian Bala, autor polaco que escribió en 2003 “Amok” (Furor) una obra que describe el secuestro, la tortura y el asesinado de un joven empresario. Los problemas comenzaron cuando se descubrió, flotando en el Oder, el cadáver del –precisamente- joven empresario Dariusz Janiszewski y la policía, sin pistas que seguir, archivó el caso a la espera de que surgiera algo. Ese algo fueron dos llamadas anónimas que les recomendaban la lectura de una exitosa novela recién salida al mercado, hecho que condujo a la inmediata detención del autor por la extremada similitud entre lo observado en el cuerpo hallado y lo descrito en el relato. Bala, que había tenido la osadía de llamar al asesino Krys, se vio arropado por el mundo intelectual a través de “Krystian Bala Amok Author Defense Committee” formado al efecto y argumentó que había seguido el caso minuciosamente por la prensa para inspirarse. Pero los detectives descubrieron que Bala había llamado a la víctima el día anterior a su muerte y que puso a la venta en Internet el móvil de la víctima. El motivo del crimen fue más bien prosaico: parece que Janiszewski había sido el amante de la mujer del escritor.




Cailes

lunes 12 de octubre de 2009

Cómo publicar en Ágora.

La versión digital de Ágora, papeles de arte gramático, con una periodicidad bimensual, nos aconseja publicar una serie de recomendaciones para quienes deseen enviarnos sus ensayos, relatos, poemas, etc.

Se nos harán llegar, a la atención de Fulgencio Martínez o de Francisco Javier Illán Vivas, al correo de la revista agora@emurcia.com. En el asunto: Colaboración poesía, relato, artículo, etc. según el caso.

Los textos, que serán SIEMPRE inéditos- excepto casos muy significativos en que así lo considere el consejo de redacción-, irán como adjuntos al correo electrónico, nunca en el cuerpo del mismo.

Estarán escritos en word o en Open Office.

Características:
.......New Times Roman, normal, 12
.......Márgenes: Superior 2,5; inferior, 2,5; Izdo, 3; Dcho, 3; Encuadernación, O.
.......Sin cabecera ni pie de página.
.......No debe incluir nº de páginas.
.......El texto debe ir justificado.
.......Interliniado: Sencillo.
En el Open Office serán los equivalentes.

Se adjuntarán igualmente las fotografías que, si es el caso, el autor desearía que acompañasen al artículo. Éstas deberán tener la mayor resolución posible.

Extensión de los documentos:
Ensayos: extensión máxima de 3 páginas, 2.200 palabras, 12.725 caracteres con los espacios.
Relatos: Las mismas condiciones que los ensayos.
Reseñas o críticas literarias: extensión máxima de 2 páginas, 1.174 palabras, 6.833 caracteres con espacios.
Poemas: Dos a cuatro poemas.

Los ensayos que, por su importancia, deban tener una extensión superior, se remitirán para ser publicados en dos o más números de la revista digital.

Curriculum de los autores y autoras:
Se nos adjuntará también una breve nota biobibliográfica de un máximo de tres líneas. Añadir, por favor, página personal (en caso de tenerla) y dirección de correo electrónico (no se publicará), pero servirá para contestar.

La dirección, junto con el consejo de redacción, decidirá sobre las obras que se publican y, de éstas, las que aparecerán posteriormente en la revista en papel.

PD:
Otra de los signos identificativos de Ágora, papeles de arte gramático son sus portadas. Estamos abiertos igualmente a la colaboración de pintores y pintoras. La imagen deberá tener la mayor resolución posible.

sábado 10 de octubre de 2009

Dulcísimas hebras de oro, de Jesús Cánovas


El pasado 30 de septiembre nuestro colaborador Jesús Cánovas presentó en Blanca su primer libro de relatos, "Dulcisimas hebras de oro", que contiene siete relatos, dentro de la colección La biblioteca del Tranvía de la editora Tres Fronteras.


El libro ya se encuentra a la venta al precio de 3 euros. Pincha en el enlace y te llevará a la ficha del libro.

viernes 9 de octubre de 2009

Conversaciones con... Juan de Dios García


Reciente la publicación de Nómada, su primer libro de poemas, Juan de Dios García conversó con la escritora Natalia Carbajosa en Cartagena.

Una entrevista de Natalia Carbajosa.
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Pregunta.- Nómada es tu primer libro publicado pero, desde el punto de vista formal y de madurez conceptual, no parece un primer libro. ¿Lo sientes tú también así?
Respuesta.- Sí. La mayoría de la llamada Generación del 75 empezó a publicar con poco más de 20 años. Yo escribía con 20 años, pero no publicaba. Me dedicaba sobre todo a leer, hasta atragantarme. No me presentaba a concursos, no me movía en círculos literarios importantes. Se me puede considerar un poeta “tardío” porque, aparte de plaquettes, mi primer libro lo he publicado con 32 años. He sido un paciente samurai. Muchos amigos generacionales se arrepiente de lo escrito por el ansia juvenil y no reconocen esos libros primerizos.


P.- Metamorfosis, entreguerras, movimiento, aire, éxodo... La idea del impasse, del cambio, de la ligereza, está presente en muchos títulos de los poemas de este libro. Háblanos de ello.
R.- Nómada habla externamente de viajes concretos, pero su fondo es el nomadismo afectivo del hombre. En un solo día vivimos en diferentes territorios del sentimiento, viajamos a lugares extremos del alma.


P.-Ahora no sé lo que es una raza/ ni un pueblo./ Sólo sé. ¿Poesía como conocimiento intuitivo frente al conocimiento racional?
R.- Si la erudición, que es fundamental para la formación de un escritor, no va de la mano de la intuición a la hora de crear, el resultado se convierte en un libro pesado, impertinente, incluso molesto. Lorca, por ejemplo, es un poeta intuitivo gigante.


P.- El primer poema de este libro es una carta de despedida, un adiós. Y todo libro terminado implica, en efecto, una pérdida, un estado que dejamos atrás. ¿De qué te despides en este libro?
R.- De mi vida como no escritor. El día que asumes que eres escritor, tu modo de existir, afortunada o desgraciadamente, cambia para siempre.


P.- Naturaleza y cultura se alternan en tus poemas: “Jardín”, “Ártico”, “El Mediterráneo sereno”, “Visión en el lago Lemán”, “Escuchando cantar a Sheikh Yasin”, “Adiós al señor Kurtz”... ¿Estamos saturados de cultura, como dicen los filósofos, y faltos de naturaleza, como dicen los ecologistas?
R.- Disfruto el mar desde la tierra, como el marinero Alberti. La naturaleza crea formas artísticas. El hombre las define, no la naturaleza. La naturaleza es, el hombre la piensa. Pero está claro que el hombre siempre perderá ante ella si los enfrentamos. Mejor que se lleven bien, como en Nómada. Aún así no me reconozco como poeta contemplativo. Adoro el asfalto, la cultura, el ser humano.


P.- “No rechaces a Dios, hazlo literatura”. “Quien puede apretar con los puños un milagro”. ¿Qué relación guarda tu poesía con la trascendencia?
R.- No soy creyente. Aunque mi educación es católica, soy escéptico hasta la médula. Aún así, creo que el lector suele buscar algo sagrado, y la poesía es lo que más se acerca a esa búsqueda. Me esfuerzo por que mis poemas hagan caminar al lector desde lo cotidiano, casi desde lo anecdótico, hacia lo trascendente.

jueves 8 de octubre de 2009

Ahí está tu fragua

- no la de Vulcano-
la tuya, la mía...-
Y también está tu yunque.
El mío..

Junto al fuego rojo que moldea la vida
los caldereros refrescan la blanca tela
del lienzo.
- no los caldereros de Velázquez-
Los tuyos, los míos...

Presentes también los golpes del martillo dando forma
a los contornos que trazan las minas...

Y ahí está tu silencio,
que perdido tras profunda reflexión
permanece en el interior de la Fragua y de mi yunque,
desde afuera...
Entre el marco y la tela atrapado.
Entre el Arte y la Materia,
entre la muerte
y la vida.



Dolores Estal Hernández

miércoles 7 de octubre de 2009

Caballos en medio del mar

la ternura de un genitivo perfecto
en un mar imaginario
acaso como el recuerdo de
un campo secreto
sembrado de sensaciones catódicas
de antaño

un lago de amapolas al borde de una fiesta
que alguna vez habrá terminado con
el rapto de las participantes
una conciencia ecuestre en la saturación no erótica
extraña profundidad de la simplicidad
interrogativa:

mene fugis?

Iolanda Bob
Traducción de Joaquín Garrigós

martes 6 de octubre de 2009

Ignorancias

Nunca supe muy bien cuándo
empezar a saludar
..............a un recién conocido.

Nunca suelo acertar cuando dudo
a quien saludar
..............con un gesto leve,
a quién con las dos manos
..............fuerza del abrigo;
cuándo dar la mano
...............y cuándo un abrazo.
con quién hacerme
................-sin querer-
el despistado.

Nunca he sabido bien
cuándo ofrecer la mejilla,
................cuándo la mano izquierda,
cuándo los labios fruncidos;
ni cuándo han de ser
dos los besos,
................o acaso tres, o nada más que uno.

Nunca sé con certeza
cuándo acercarme,
...............cuándo alejarme,
...............cuándo quedarme
a saber algo más
...............del ex-desconocido.

Nunca acierto a saber
cuándo incluir
...............un nombre en mi agenda
cuándo pasarlo
...............de la agenda muerta
a la agenda recién viva,
...............y cuándo no hacerlo.
Y, por fin, cuándo quitarlo
...............de todas las agendas
...............definitivamente.




Gerardo Markuleta

lunes 5 de octubre de 2009

Nómada


Juan de Dios García
Nómada
El mundo es un libro



Juan de Dios García, el autor de Nómada, vive en, para y de la literatura. Trabaja como profesor de Lengua y Literatura, dirige la que seguramente es la más importante revista literaria de la red, El coloquio de los perros, imparte talleres de creación literaria y está presente de una u otra forma en todo tipo de charlas, recitales, conferencias y todo aquello que tenga que ver con la literatura.

Esta información puede parecer accesoria para hablar de Nómada, pero explica su esencia: la eterna dualidad vida-literatura. En esta obra encontramos una inteligente superación de esa contradicción: partiendo del enfrentamiento, llega a una síntesis en la que el hombre es la palabra y viceversa, en una lección de madurez y clasicismo que quiere profundizar en lo esencial del hombre como ser cultural y mortal.

Pero esa síntesis no se presenta de una forma espectacular y original. Todo es sutil y medido en Nómada. Casi sin darnos cuenta, con una inocente cita inicial en la que Petronio anima a un joven a abandonar su hogar en busca de aventura, de “vida”, Juan de Dios realiza, ya en el primer poema, la síntesis, la irónica unión. Un joven actual recoge la llamada en un nuevo sentido: en las palabras, en la cultura, en la creación, es donde encontrará los nuevos horizontes: Voy a construir un libro/ para quedarme a vivir dentro.//Adiós.

Pero esta elección, aparentemente tan radical, no ha de interpretarse como una renuncia a la vida o una entrega al culturalismo más pedante o egocéntrico. Al contrario. El mayor acierto de Nómada radica en los resultados de esta renuncia: al seguir el consejo de Petronio y alejarse de su hogar, al convertirse en nómada, consigue una voz poética de extrema dificultad. Se trata de “yo” que es al mismo tiempo universal; alguien que, en su carácter de extranjero, somos todos.

La forma moderna (perdón, “postmoderna”) de mostrar esa unidad de vida y literatura, de hombre y palabra, es algo que encontramos continuamente en las novedades de la librería: se explicita el acto de la escritura, se descubren los “trucos”, se relata el momento del relato y se borran las fronteras de lo real y lo ficticio. Pero hay otra forma, mucho más antigua, de mostrar que el hombre es la palabra y que la palabra es el hombre, y esa forma es la que encontramos mayoritariamente en Nómada. Me refiero al clasicismo y al tópico. Me refiero a la sabiduría de Borges, maestro de lo moderno, que vio perfectamente esa unión con lo antiguo al afirmar que la Historia de la Literatura se podía resumir en la evolución de cuatro o cinco metáforas esenciales. Esa sabiduría, moderna como la de Borges y antigua como la de Horacio, es la que puede encontrarse en este libro de Juan de Dios García. Pero él la lleva un paso más allá: no la Historia de la Literatura, sino la Historia del Hombre, es lo que puede resumirse en cuatro o cinco metáforas, porque esas metáforas hacen al hombre, porque esas metáforas y esa palabras crean el sentido de lo humano: el amor, la muerte, el paso del tiempo o, lo que es lo mismo, la rosa, el ciprés, el fruto.

El clasicismo de este libro es la piedra de toque en lo estilístico y en lo temático. El estilo es seco y cortante. Ni un solo adorno, ni un solo exceso de “inteligencia”. Un adelgazamiento del verso que a veces roza el abismo de lo mínimo, pero que funciona como vehículo de una sinceridad que huye de la originalidad. Por ello, a veces se acerca al haikú, aunque sin respetar su métrica, en versos tan precisos como los de “Metamorfosis”: Posada en un junto/ a la mariposa le ha sorprendido la muerte./ En breves instantes/ el sol la transformará en polvo/ repartiéndola por la tierra. No hay nada original en el símbolo de la mariposa, tópico casi universal de la fragilidad y la brevedad de la vida. Pero esta voluntaria renuncia a la originalidad consigue que la mariposa recobre su fuerza, que el lector sienta esa brevedad y el misterio de la muerte una vez más, como si fuera la primera.

Pero, pese a lo clásico y universal, no se trata de un libro contemplativo, como podría hacer pensar el poema anterior. También hay un “yo” biográfico, que recurre incluso a lo narrativo. Lo interesante es que Juan de Dios consigue elevar una anécdota biográfica en primera persona a una dimensión universal y casi contemplativa como la del haikú. Así, en el poema “La cama”, leemos un primer verso en que de nuevo la ausencia de originalidad destaca una sinceridad más allá de lo particular: Descubro que todo es transición. No es un gran descubrimiento, evidentemente; pero esta aparente obviedad, ese tópico del tempus fugit nos reclama a todos, nos pone a todos delante de esa cama en la que el padre agoniza cogiendo la mano del hijo, mientras el nieto aprieta la del padre-hijo: Siento a padre, me agarra/ las manos, agonizante,/ y miro a su nieto/ ejecutando la misma tarea/ con nuestro dedo meñique.

Este poemario es un hermoso viaje en que la poesía se encuentra en cada poema, en cada verso, en cada palabra. Decir que la poesía se concentra es decir que nos sentimos parte de la humanidad, nos sentimos vecinos de Petronio como de Tzara; al ser nómadas de todo pueblo, habitamos por igual la Barcelona de Picasso, el Mediterráneo de Homero, la Ginebra de Borges, Vida y literatura se unen también en el viaje: Sabes ya que leer a Homero es lo mismo/ que beber vino frente al mar.


Diego Sánchez Aguilar

viernes 2 de octubre de 2009

Conversaciones con... Fulgencio Martínez


Fulgencio Martínez (Murcia, 1960) es docente y escritor. Licenciado en filosofía y letras por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Es autor de los libros de poesía: "Trisagio", "La docta ignorancia", "La baraja de Andrés Acedo" y "Nueve para Alfeo". Fue incluido en la "Antología de Poesía Nueva", seleccionada por Luis Rosales y Hugo Gutiérrez (Vega, 1981). En "Cosas que quedaron a la sombra"( 2006), recogió, a modo de antología ficticia, los libros de poesía no publicados con anterioridad a "León busca gacela. Poemas de séptimo alba (2002-2008)" (Renacimiento, 2009).

Fundó y dirige la revista literaria Ágora y la asociación cultural Taller de Arte Gramático.

Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas.
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Pregunta.- Fulgencio Martínez, Séptimo Alba, Alfeo, Andrés Acedo… Dígame, ¿con quien estoy hablando en este momento?
Respuesta.- Todos esos tipos son lo que yo llamo ortónimos míos, es decir, perspectivas, rostros de un ser innominado que desconozco. Mi verdadero centro existencial, al cual trato de llegar con la poesía, se expresa a través de ellos, por la secreta voz de un ontónimo que aún no sé cómo se llama, ni quién es. En la vida civil, en la cual transcurre esta entrevista, adopto el nombre de Fulgencio Martínez, quien te habla ahora.


P.- ¿Cómo se ponen de acuerdo usted y sus heterónimos para escoger los poemas que deben formar un libro?
R.- Quiero aclarar algo que he tenido claro desde el principio de mi escritura: aunque, por comodidad, desde Pessoa los críticos llaman heterónimos a todo tipo de despersonalizaciones y desdoblamientos del yo poético, ha habido otros casos que para mí son más magistrales, como los complementarios de Antonio Machado, mi maestro. En mi caso, no son heterónimos, sino ortónimos: no, porque, como he dicho, son perspectivas de un único caso existencial, no tienen una biografía ni una experiencia propia (a diferencia de los heterónimos de Pessoa); por tanto, responden más a los complementarios machadianos, creados en torno a la reflexión sobre la esencial heterogeneidad del ser y la necesidad de comunicación.
Contestando ahora a tu pregunta: a la hora de recoger la poesía de esas voces diferentes, intento que haya en la obra una polifonía bajo la base de un contraste de tonos y un hilo de desarrollo dinámico. A veces, como en “Cosas que quedaron en la sombra”, de un mismo motivo dan versiones distintas dos voces (Alfeo y Alba); también, dentro de la misma voz, hay una evolución psicológica, de tono y temática (caso de Acedo, por ejemplo, desde la amargura cínica a la ironía más templada). De todos modos, las voces no son “puras”, están mutuamente contaminadas; como ocurre en la vida misma. Acedo es la fuente, aunque, como en un poemario inédito que tengo (“Hospital, gozo y laurel”), Séptimo Alba le dispute esa prioridad, y este autor llegue, incluso, de forma casi despectiva, a llamar “heterónimos” a los otros. Así, en el poema “Dedicatoria”:

No he escrito tu nombre
en la dedicatoria de estos poemas
pues, de hacerlo, parecería
que todos mis heterónimos
son tus enamorados,
y estaría celoso.

Dedica este libro Séptimo Alba
a una horquilla del pelo
de su musa anónima.

Como comprenderás, a veces, tengo que restringir un poemario a un solo “autor”. Así en mi último libro: León busca gacela.


P.- Cosas que quedaron en la sombra, en 2006, fue una antología ficticia; León busca gacela, 2009, una antología real. Esto que he leído en la contraportada de su último poemario me lo debe explicar.
R.- Llamé a “Cosas” antología ficticia, sí. Antología ficticia, porque el libro es lo más parecido a una selección de poemas... de libros que no han sido publicados... y que tampoco existen ni han sido escritos como tales libros, o no hay constancia de ello... y de autores que tampoco son reales. En un tour de force, intenté hacer de toda esa ficción una libro unitario y plural y sobre todo, verdadero. Es mi mejor libro, hasta ahora.
En cuanto a “León busca...” no es una antología en absoluto. Es, en todo caso, una dilogía: presenta dos caras del mismo autor, Alba: en una rebelde e intimista, y en otra, desilusionado y, paradójicamente, abierto, incluso poeta cívico-social. La ironía no puede ser más hiriente.


P.- Séptimo Alba desea que su obra esté comprometida con el futuro de la humanidad y del planeta, esta casa que vamos destruyendo sin remedio cada día.
R.- Esta reflexión de Alba apareció ya en el libro “Cosas”, en la sección, en prosa poética, “Presente perfecto”. Luego, la recojo en la poética de Séptimo Alba, que cierra el libro al que venimos refiriéndonos. Me importa aclarar una cosa: las condiciones del mundo actual, a finales de la primera década de siglo XXI, no son las mismas que las que había en torno a la época de la poesía social de los 50 y 60. Más que esos poetas me interesa, incluso, la poesía cívica del siglo XIX, a pesar de distanciarme, de un Quintana, por ejemplo, el concepto lírico. Hoy, pues, la poesía preocupada, comprometida con la justicia y con el futuro, no parte de las mismas premisas y presupuestos, ni ideológicos ni estéticos, de todo lo que hasta hoy se ha llamado poesía cívica o social. ¿Cuáles son esos presupuestos? Diré sólo algunos, decisivos: no hay una verdad, en que la crítica se apoye; ni siquiera una utopía: hay sólo un anhelo, si quieres llamarlo platónico, de justicia, no para un país (nada de poesía patriótica) ni para una clase social (nada de poesía de partido), y no sólo para los seres humanos actuales, sino para los venideros y para la vida del planeta, víctimas éste de la codicia y el nihilismo de la economía de presa global.


P.- Estos versos: Vienen en cayucos, en galeones, en pateras, en balsas/ como en la America´s Cup de los pobres/…. O estos otros: ya no hay islas desiertas/ sino un litoral y un bosque/ urbanizado, ruidoso; ladrillo/ y campos de tiro y campos de golf, son versos de quien, además de afirmarlo, se compromete.
R.- El compromiso es ético y estético, en mi caso. Esto último no es lo menos difícil.


P.- En el mundo de las prisas, del calentamiento global, de una pandemia que anuncia miles de muertos como lo más natural del mundo, ¿es el compromiso el sentido de la poesía?
R.- Hoy la poesía (al menos, la poesía española, que es la que conozco) está en un laberinto, un laberinto de burbujas de jabón. Mira, ¿tú conoces a algún poeta que lea a César Vallejo? Te dirán: qué premio ha ganado ése; y si, acaso, reviviese y ganase un premio importante, entonces, bueno, se leería su nombre. Quiero decir que vivimos una época de silencio. A pesar de que, casi tanto como hacen los del mundillo del teatro, los poetas se premian entre sí, todos los días de cobro. Nadie lee en serio a nadie. Nadie critica a nadie, en serio. Nadie dice: esto es una mierda, aunque huela bien. En fin, que a ningún poeta hoy le preocupa la suerte de que lo expulsen de la República. Están, pseudocantores, bien avenidos en su papel de comparseros. Un síntoma: profusión de poemas dedicados, por unos poetas a otros... hasta la náusea... dedicación a modo de guiño o pasaporte con que reconocerse y subir en la capillita.
El compromiso ha de ser, primero, con la autenticidad.


P.- Camino de retorno a la melancolía,/ escribimos la oda de una victoria/ moral, fácil contento para el poeta,/ dura piedra de angustia para el hombre. Dígame, ante el cambio climático, ¿existe la victoria moral?
R.- La poesía, en el mejor de los casos, sólo es una victoria moral. Por desgracia. Pero no es baladí ese logro: el logro de la lucidez, de la autenticidad, el no dejarnos adormecer por las mentiras que se pasan por verdades, el no contentarnos con las etiquetas, que se saldan como esencias; y en fin, el que no nos duerman con cuentos, como dijo León Felipe. Ahora bien, el poeta siente, más íntimo, la inconformidad, la angustia de estar dando pasos en círculo y de perderse en un tiempo sin plenitud.


P.- Francisco Javier Díez de Revenga dijo, respecto a su poesía, que usted fustiga y satiriza el presente.
R.- Es cierto, pero junto a la sátira hay también denuncia. No amo la poesía meramente satírica, que no compromete, y que se hace sólo desde una pretendida superioridad moral.


P.- Pero antes de alcanzar esa fase, la primera parte de León busca gacela, está cargada de nostalgia.
R.- Sí, es la nostalgia de la adolescencia, en que se es intolerante con lo basto y feo del mundo, con los propios defectos y que, como Antígona, creemos que hay un derecho natural a la justicia y
a la felicidad. Curiosamente, cuando se pasa al tiempo real, que llamo “Tiempo de intolerancia”, los papeles están cambiados: ahora el mundo es el intolerante, el que no acepta que seas sino como él quiere cambiarte, no tú mismo; en fin, un tiempo donde hay que negociar. Las “ilusiones” (palabra clave en mi poesía, que recoge ecos de Gil Albert y de Leopaldi), las ilusiones hay que inventarlas, y la nostalgia convertirla en bastón de zahorí, o en bastón de Max Estrella para aporrear conciencias. Importa seguir buscando la gacela: de la poesía, de la justicia, de la verdad de cada uno y la contraria.


P.- Dígame, ¿Cuáles son sus, o vuestras fuentes, vuestros maestros?
R.- ¿Qué es fuente? Todo lo que nos influye o incita a crear, o aquello de donde parte nuestro reconocimiento como creadores....Me gustaría hablar de aquellas fuentes que son compañeros en la misma búsqueda y que así pueden entrar, sin hacer ruido, en diálogo con nosotros. En mi caso, como he dicho antes, Andrés Acedo es la fuente. Es mi “hortónimo” con h. Mi huerto o jardín más íntimo. Maestro de mí, amaestrador de esta (o aquella) fiera. Y citaré, luego, a otros ilustres ilusos
que se sueñan maestros de este ignorante: Venancio Iglesias, Francisco de Quevedo, Pedro Salinas, Antonio Machado, T.S.Eliot, Luis Cernuda, y por encima de todos ellos, la Vox Populi.


P.- ¿Qué ocupa ahora su tiempo creativo?
R.- En pulir una colección de relatos, que escribí hace ya años, y que quisiera publicar este curso.


P.- Fulgencio Martínez es, además de poeta, director de la revista de creación literaria Ágora, papeles de arte gramático, con quince números publicados y otros tantos años de vida.
R.- Ágora es casi un milagro. Es una revista independiente (de instituciones, grupos, editoriales, etc) y se mantiene económicamente por un filo de credulidad. Nació con el propósito de no ser pasto de una capillita, lo que lo llamo: no ser una revista de aprisco, de rebañito: de esas hechas por unos amiguetes para medrar entre y con otros amiguetes. No sólo ha estado, y está abierta a todas las voces de calidad, sino a todos los géneros literarios que encuentran en la poesía su entronque.
La revista hoy pasa por una etapa de ajustes y de redefinición de tareas, pues, aunque se mantiene su vocación de revista de papel, busca otros soportes para abrirse a una mayor difusión.


P.- Revista que desde hace dos años tiene su versión digital. ¿Qué representan las nuevas tecnologías en un campo como el de las revistas literarias?
R.- En principio, una difusión más abierta, incluso inmediato. Pero no deja de tener su lado “estúpido” o ciego el soporte digital. La poesía, que es un hecho de habla, y sólo después es pintura, tuvo que vérsela con el soporte libro y acomodarse a lo visual, sin perder su esencia de habla, de sonido. De alguna forma, acostumbró al ojo lector a pensar, a ser paciente, a valorar y admirar.
Pero ahora, con el medio digital, el ojo vago, rápido, otra vez campea por sus anchas. Y, sobre todo, el ojo espía, el ojo cotilla, el ojo H, el ojo envidioso, el pio-ojo.
En serio, ahora: estamos muy lejos aún de saber en qué parará todo esto de la “literatura digital”.
Se necesitará un tiempo largo de cultura, de selección y adaptación del nuevo lector digital, y esa selección sólo lo harán los contenidos, han de ser éstos -no los medios- los que tengan protagonismo. Por otra parte, como siempre ha sido en la cultura.


P.: Tengo especial interés en conocer su opinión a una pregunta que, últimamente, vengo formulando a mis entrevistados. Verá, el japonés Haruki Murakami dijo que escribir una novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. Entonces, ¿qué debe ser escribir poesía?
R.- Yo apenas entiendo el lenguaje florido, oriental. Me pasa lo mismo que con el haikú: lo veo como una superficie muy tersa, demasiado, que querrá decir algo, pero qué... no sé. El poeta ha de entrar en el jardín, en esa tersa superficie, y mancharlo, y hacerlo vivo, no sólo pintura, hacerlo viviente, de tres o más dimensiones. Poesía es plantar dudas. Desde un punto de vista que no sea gratuitamente magnitud, extensión creciente, o en todo caso decreciente, hasta llegar al cero, al punto: la poesía sería plantar un punto.


P.: Y como estamos hablando de libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el profesor de literatura?
R.- La comunicación será siempre una búsqueda individual, y los libros, por tanto, serían siempre necesarios. Yo, como profesor, hasta he leído alguno. Tan importante, o más que los libros, es la memoria. Recuerdo el lugar, el momento, la hora y el color del aire que queda asociado con cada libro que leí en mis años de adolescencia y juventud.


Muchas gracias.

jueves 1 de octubre de 2009

Anteojos

Me harían falta hacia adentro,
si acaso esa mirada defectuosa
pudiera con lentes componerse.



Gerardo Markuleta