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sábado 30 de mayo de 2009

Certeza

Abril estremecido de maizales,
de pájaros y gritos... Los vilanos
planean los estanques, y las manos
rebosan de caricias esenciales.

Hay un rumor de alondras y panales
por las verdes laderas y los llanos.
Fecunda la campiña y lo secanos
el polen desechado en los eriales.

Pero llega noviembre y se tropieza
con la curva cerrada en que la muerte
- o destino sin norma- nos espera.

Y no obstante, tenemos la certeza
de que pudo haber sido diferente
de haber nacido Dios en primavera.


Andrés Salom

viernes 29 de mayo de 2009

Reloj

Del círculo del tiempo
caen dos gotas, dos:
una tú, la otra yo.




Gerardo Markuleta

jueves 28 de mayo de 2009

Joaquín Piqueras gana el III Premio María Guirado de Creación Literaria

Joaquín Piqueras ha sido el ganador del III Premio María Guirado de Creación Literaria para docentes con el poemario Tomas falsas, que será publicado durante el otoño de este mismo año.

Tomas falsas es un libro estructurado en forma de breve historia apócrifa del cine, en la que los títulos sirven de pretexto para indagar en los temas del paso del tiempo, del amor y de la muerte. Se trata, citando la publicación de Educarm, de "una colección de textos poéticos con el pie forzado de un film de carácter mítico, del que se hace una lectura personal y actualizada, con un lenguaje límpido y certero, de una eficacia extrema".

Más AQUÍ. Bitácora de Joaquín Piqueras.

miércoles 27 de mayo de 2009

León busca gacela


Fulgencio Martínez
León busca gacela
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2009

La Editorial Renacimiento, de Sevilla, inicia sus publicaciones de 2009 con el nuevo libro de Fulgencio Martínez (Murcia, 1960), «León busca gacela», un poemario, como todos los de este autor, lleno de sugerencias diversas y cruzadas, en las que las cuestiones de identidad y desdoblamiento de personalidad no son las únicas que fertilizan un texto muy compacto y cohesionado. El libro se subtitula Poemas de Séptimo Alba (2002-2008), y, amparado por tanto en un heterónimo, nos introduce en su particular universo poético dividiendo el libro en dos secciones, la primera más alejada en el tiempo y dotada de una cierta nostalgia, y la segunda, anclada visceralmente en un presente hostil, que el poeta fustiga y satiriza. La poesía, en Fulgencio Martínez, es siempre un medio de reflexión, de compromiso con el lector, al que somete a las exigencias de sus propias inquietudes. Y el lector no tiene otro remedio que seguir el camino trazado y así compartir la comprensión de un poemario de elevada estatura moral.

No es extraño que el libro se abra con una composición titulada "La vela del demonio", dedicada "A Luis Cernuda (2002)", con muy clara referencia a la fecha del centenario del nacimiento del gran poeta sevillano, admirado por todas las generaciones, hasta el mismísimo presente. Se trata de un poema escéptico y satírico, muy en consonancia con algunos del propio Cernuda y con otros antecedentes prestigiosos. Pienso por ejemplo en la "Letanía de Nuestro Señor Don Quijote" del gran Rubén Darío, en la que lamentaba su autor, en la fecha de 1905, centenario de la primera parte del "Quijote", cómo el glorioso y maltrecho hidalgo manchego estaba siendo mancillado por las celebraciones del centenario.

El mismo Cernuda, por ejemplo, en su poema "Birds in the night", en el que evoca a Verlaine y Rimbaud en su escapada famosa, teme que luego serían homenajeados por autoridades y eruditos. Y en esta visión de Fulgencio Martínez también los eruditos, insaciables de centenarios, salen malparados, porque lo que está claro es que el espíritu del poeta se extingue y desaparece, víctima de los codiciosos congresistas. Un buen poema para marcar el tono comprometedor de todas y cada una de las composiciones que se siguen en el libro, en el que aparecen motivos ya presentes en la poesía anterior de Fulgencio Martínez, pero también otros nuevos asuntos surgen para inquietar al lector y hacerlo reflexionar.

Destacamos en este sentido, como tema angular, el de la edad, vinculado al tradicional y tan repetido en la poesía de todas las épocas del paso del tiempo, del imparable transcurrir de los días que resultados tan diversos, según la época, ha experimentado a lo largo de la historia literaria. Pero la edad es un tema muy humano que tiene que ver con la memoria, con la nostalgia, con los recuerdos, y que hace revivir, como intentara y no consiguiera tantas veces en su magnífica obra el gran Vicente Aleixandre, resucitar, recuperar, reavivar, resurgir, renacer… Me refiero a la adolescencia, encantadora edad cuya rememoración inyecta vitalismo, eso sí pasajero y falso, y desencadena nostalgia y serena conformación e irónica resignación. Otros motivos, integrados en la misma tonalidad, nos devuelven imágenes de eterna poesía: el autor contempla el sueño de la amada, de la amada joven de otro tiempo, aunque el acento de la nostalgia de la perfección pasada, y del tiempo trascurrido, evidentemente tiñen la reflexión de un sereno desencanto aunque produce una cierta adicción.

No es menos interesante el final del libro de Fulgencio Martínez, ya que en una segunda parte concentra poemas satíricos comprometidos en el análisis de nuestro mundo revuelto y lleno de injusticias, junto a consideraciones sobre la creación poética y su destino en el mundo de hoy, con interesante perfil, también de intensa resonancia literaria, de la ebriedad generadora de la musa poética alcohólica (cómo no recordar a Claudio Rodríguez). Lo cierto es que, en este mundo de cayucos, pateras y resorts, el poeta también tiene algo que decir y rabiar ante lo incomprensible y el descomunal caos, ante la cada vez más intensa y elevada deshumanización de nuestro mundo insolidario.

Posición que prepara, ya en el final del libro, a la entrada de la prosa, a través de la carta a un amigo, con la respuesta de éste, y una poética final. Tanto en la carta como en el texto final, desvela Fulgencio Martínez sus intenciones que ponen de relieve la condición bipartita del libro, aunque los poemas elegíacos de la primera parte conducen inevitablemente, como le avisa el amigo, hacia la poesía cívica final, que el autor confirma en la "Poética de Séptimo Alba", que cierra definitivamente el volumen: "a fuerza de ser egoísta, está uno comprometido con el futuro de la humanidad y del planeta, esta casa que vamos destruyendo sin remedio cada día. La poesía es otra forma de comunicación, y hoy no puede ser indiferente a las voces de alarma que nos acusan a los humanos del presente de estar despojando el medio en que vivirán las generaciones futuras. El tiempo presente se afirma sobre los despojos del futuro, escribí. "Esa es una preocupación urgente en mi poesía actual».


Francisco Javier Díez de Revenga

martes 26 de mayo de 2009

Enero

Diciembre se precipitó y precipitó
hasta desaparecer
en el ojo de un aguja.

Mañanas frías de enero,
lentas, esperanzadas, ignorantes.
Pequeñas garzas blancas
buscan comida en los campos labrados.

Un tren rompe el silencio
sin espantarlas.


Jesús Miramón

lunes 25 de mayo de 2009

Mi soledad

A Juan de las Nieves




la tarde cae encima
sin que pueda evitarlo
y las sombras vienen
a tenderse conmigo
en el rescoldo del sillón
serenitas, van ocupando
el cuadrado luminoso de la puerta
y se van acercando
para decirme a solas
que me quede tranquilo
cuando te fuiste
te llevaste a tu espalda
mis ganas de acostarme,
la cama se hace grande
para recibir mis venas
y el plomo de mis huesos
si vinieras ahora
volvería a abrazarte
como los primeros años,
te apretaría con fuerza,
te basaría tu cara y tus arrugas.


Ángela Ramos Díaz

sábado 23 de mayo de 2009

Durante años en cuarentena

Durante años en cuarentena
la más leve impureza
crece en ropajes. Cubre
con brillos su vergüenza
y mientras delira en su concha
toma la forma de su encierro.
Cada perla un coágulo perfecto
para el engaño.




Ricardo Hernández Bravo

viernes 22 de mayo de 2009

Durante las fiestas...

Durante las fiestas, el padre llevaba al niño a las atracciones.Siempre un coche de bomberos y un platillo volante.

Y, cuando el carrusel daba vueltas, el mundo daba vueltas, pero el padre siempre firme permanecía inmóvil sosteniendo aquella realidad y saludando al niño con la mano en cada giro como si las despedidas y los encuentros no existieran, sino un tiempo continuo que jamás habría de acabar.

Coriolano González Montañez

jueves 21 de mayo de 2009

Mariano José de Larra, periodista

En estos comienzos de siglo XXI en los que se plantea la función de la prensa y del periodista, ante la irrupción de nuevos medios y soportes, no viene mal que vayamos a los orígenes.

El mismo Larra nos dice: ¿Y yo deseaba ser periodista? Confieso como hombre débil, lector mío, que nunca supe lo que quise: juzga tú por el largo cuento de mis infortunios periodísticos.

¿Qué significaba esa elección para el hijo de un médico afrancesado, educado en sus primeros años en una Francia marcada no sólo por la Ilustración, sino por la muy reciente Revolución? Podemos imaginarlo. Su llegada a España y el encuentro con una sociedad a la que no entendía y que rechazaba desde su más profunda racionalidad y verdad, le planteó a sus escasos veinte años, cómo decir la necesidad de una ruptura con la zafiedad e incultura de ese momento: Es un espectáculo deprimente el del estado mental y moral de nuestra sociedad

Desea que todo se renueve, y elige la sátira como medio, en ocasiones con un procedimiento más amplio: imaginar un pueblo, Las Batuecas, donde trata de caricaturizar los defectos de sus compatriotas. Pueblo, en el que los ciudadanos son ignorantes y viven en una especie de limbo.

Larra critica por igual los abusos civiles, la carencia de curiosidad intelectual, las costumbres, la prensa, la patriotería, la pereza, la mala educación, la enseñanza, los tópicos como revelación de la imposibilidad de pensar en libertad, la ignorancia de la mujer, cuya mayor complejidad consistía en el juego social para encontrar marido... ¡Qué gran programa!, pero, aunque joven, sabe que tiene que luchar contra las máscaras que cubren el vacío y la hipocresía de un pueblo que no habla y que no escucha.

¿Quién oye aquí?, se lamenta amargamente en un artículo en el que se plantea: Escribir como escribimos en Madrid, es tomar una apuntación, es escribir en un libro de memorias, es realizar un monólogo desesperante y triste para uno solo.

Aunque observa que sus conciudadanos están en una feliz ignorancia, no deja de insistir en un in crescendo cada vez más desolador, en una posible transformación, cercana a Europa, sin perder la idiosincrasia española. Para un lector actual, Larra está tan lleno de ecos, y es de una lucidez tan contemporánea, que nos hace pensar que su palabra siempre ha estado cargada de futuro.

Si recordamos, muy someramente, la época en que le tocó vivir, comprenderemos con mayor intensidad no sólo sus artículos sino también el apasionamiento, tan característico del romántico, que quiere alcanzar la utopía.

La España de Mariano José de Larra, 1809–1837, es de un gran confusionismo político: Guerra de la Independencia, descalificación de España como potencia internacional e intento de una revolución burguesa, en las Cortes de Cádiz, de 1812.

Sólo en Barcelona y Cádiz existe una burguesía semejante a la que se adueña del poder político en Europa. Se suma a esto, el reinado de Fernando VII, 1808-1833, y la minoría de su hija Isabel II, 1833-1843, que contribuirán con su política a un mayor desconcierto.

Larra percibe el desastre y la pasión política se adentrará en él. España y la libertad serán su meta. Está dentro del grupo de los liberales, pero en multitud de ocasiones será sólo una individualidad que se encuentra en oposición permanente. Toma partido en todos los hechos que ocurren y sus ataques van siempre bien dirigidos. Sus artículos esperan siempre el despertar de la opinión pública.

Aunque los periódicos de la época eran ñoños e insustanciales, se sintió siempre periodista, pese a su escepticismo, pues sólo en dos ocasiones hizo novela y teatro, acordes con la estética romántica.

Para Larra y más tarde los noventayochistas, la prensa debía de ser un órgano orientador. A lo largo del siglo gozó de una gran difusión, y en Europa , gracias al impulso de la revolución industrial alcanzó un gran desarrollo, así como también se produjeron los primeros debates por la libertad de prensa.

Actúa como un narrador de lo cotidiano y sobrepasa la objetividad, porque quiere ir más lejos. Su método es infalible, ya que la sátira como elemento deformador hace ver, a la manera de los expresionistas, la desnudez y verdad del hecho. En ocasiones, algunas secuencias de sus artículos nos pueden recordar viñetas de nuestros mejores humoristas gráficos actuales; podría ser el Roto, aunque sin su vuelta de tuerca tan del XXI.

Su actitud crítica ante la sociedad y lo que consideraba sus puntos más débiles como las costumbres, la política, la juventud, la incultura, los empleos y forma de conseguirlos, la pereza, los toros... Sin pasar nada por alto, e insistiendo en los más enraizados que impedían un cambio y una posible apertura inteligente a Europa, nos lleva directamente al despertador de conciencias que fue Unamuno, al bronco e inteligente Baroja, al joven periodista y más tarde reflexivo Azorín, y a la palabra, pasada por el callejón del Gato, de Valle Inclán y, desde luego, Ganivet, con la perspectiva distanciada que le da el vivir un tiempo en un país nórdico, tan ajeno al nuestro y, finalmente, a la palabra ética de Machado. Ni Larra, ni los llamados generación del 98, encuentran un eco favorable a lo que se proponen.

Al ser su crítica constructiva, consideran la educación como el camino para el progreso y pasan a una especial ensoñación: la España que ellos sueñan. Al darse cuenta de que no es posible, caen en un estado de no voluntad o sin esperanza como Larra.

Tras su muerte habrá otras voces coincidentes, como el Krausismo y la Institución Libre de Enseñanza, que insistirán no sólo en las mismas ideas, sino en la necesidad de renovar España, desde lo que más importa: la educación, la cultura, la europeización y un espíritu crítico…

Va adquiriendo el tono de un programa político y el Regeneracionismo nos lo certifica. Es curioso que, Unamuno desmienta la gran influencia de Larra sobre la llamada generación del 98. Podríamos estar de acuerdo, pero no se puede negar la coincidencia en los temas y el uso de una palabra directa y lúcida, tan cercana a la de su época.

Unamuno nos dice: Es un espectáculo deprimente el del estado mental y moral de nuestra de sociedad española …, y Azorín: La tierra clásica del honor, es la de la arbitrariedad en política; la de un caciquismo deshonroso; y en literatura, el elogio interesado y la censura rencorosa…,Baroja ve, sin embargo, que el pesimismo no ha sido perjudicial para el país sino que gracias a éste se ha intentado mejorar

Pero si ya, desde los primeros años del XIX, Larra nos decía:...soy aficionado a leer, y además gusto de comprar libros, cosa bastante rara en este país…, y la pereza es la verdadera intriga. Os juro que no hay otra, esa es la gran causa oculta. Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas… O, para que un pueblo esté bien gobernado, para que sea feliz, es preciso que se difunda la ilustración; el señor Lista ha empleado su vida entera en la enseñanza, y en este sentido es uno de los hombres a quienes más debe el país ...

Hoy, en estas frases sentenciosas se puede percibir un cierto anacronismo, pero siguen señalando carencias actuales.

Larra irá cayendo cada vez más en una terrible desesperanza. Como escritor no encuentra eco, como ciudadano cae en el desengaño, al pasar por una mínima experiencia como diputado y, como hombre, después de su casamiento pronto y mal, ve imposible rehacer su vida amorosa, cuando Dolores Armijo le abandona, decidiendo que una detonación es la mejor salida del escenario, a sus 28 años: Madrid es un cementerio...

.............................Aquí yace la esperanza!
.............................¡Silencio, silencio!

La historia nos certifica que el camino ha sido difícil, aunque hoy sean palabras, ¿decimonónicas?

Azorín dirá en La voluntad:..apenas si tengo fuerzas para escribir; la abulia paraliza mi voluntad .¿Para qué ? ¿ Para qué hacer nada ?

Pero sí que hicieron y algo más que a Larra le hubiera gustado: el 13 de febrero de 1901 un grupo de jóvenes excéntricos visita su tumba y le proclama precursor.

Azorín y Baroja fueron los dirigentes de ese grupo. La actitud de Azorín hacia Larra fue siempre la de un incondicional como lo demuestra su ensayo Rivas y Larra e incluso en La voluntad hace una definición de éste: Es acaso el hombre más extraordinario de su siglo y desde luego el que mejor encarna este espíritu castellano, errabundo, tormentoso, desasosegado, trágico.....fueron en él acordes la vida, la obra y la muerte.

Con Clarín, se llegó a comprender la trascendencia que para los escritores del siglo XX tenía su obra, aunque Baroja había dicho: Larra es un señorito, pero un señorito tras el que podría descubrirse a veces al revolucionario.

Galdós lo trató con poco cariño y en Los apostólicos, opina que: es un muchacho que hacía muy malos versos y no muy buena prosa. Será Juan Ramón Jiménez quien termina por decir lo que, en nuestra opinión, es lo más acertado: Por ser la prosa más clara, más bella, más corriente, mejor, como la de Bécquer, que es de la época y con la de Ganivet, que son los que empiezan esa prosa ya del siglo XX, que es una prosa mucho más llana, más sencilla, y clara, en eso Larra es un verdadero precursor, y lo mismo Bécquer.

Volvamos al comienzo y otra vez de la mano de Larra: En tiempos como éstos los hombres prudentes no deben hablar, ni mucho menos callar, cuyo contenido paradójico nos lleva al hoy, marcado fundamentalmente por las nuevas tecnologías, y en el mundo de la información por la instantaneidad de la noticia y la navegación por la red. Todos podemos participar e influir, contabilizándose por el número de entradas y participaciones escritas, la importancia de lo sucedido. La actualidad es de todos, el ciudadano ha pasado de ser sujeto a intérprete.

Ahora, ya se oye y se escribe, pero más que nunca la noticia es efímera y se consume con gran rapidez y ruido.

Empezamos otra era…, el libro electrónico ya está aquí.

Por lo tanto, en tiempos como éstos, leamos a Larra. Nos dijo quiénes éramos, y para continuar debemos saber quiénes seguimos siendo. El tuvo una voz.



Caty García Cerdán

miércoles 20 de mayo de 2009

Serpientes

No tememos a la cobra realsiseando en las losas del baño.
Ni a la pitón verde
capaz de devorar a un mono grande.
Ni a las más pequeñas,
las que necesitan venenos terribles,
las que amanecerán en nuestros zapatos
y entenderán por tanto que hemos recorrido
un camino lo suficientemente duro
como para saber que los seres refulgentes
son también los más letales.
Nosotros dormiremos con las ventanas bien abiertas;
existen serpientes más terribles,
albinas boas parásitas,
ciegas culebras del desconsuelo,
anacondas de junglas viscerales.
Serpientes que asoman en la noche
a las bocas abiertas de los niños
para comprobar decepcionadas
que la mesa no está puesta.
Existen ofidios secretos
más allá de lo oscuro de la selva,
y a esos, a todos,
los hemos llevado dentro.



Pedro Flores

martes 19 de mayo de 2009

Museo de la Acrópoli

Una mano de mármol, pero sólo los dedos,
sobre un hombro de mármol sin cabeza.

Un brazo erosionado que nadie tiende a nadie.

Un caballo sin patas.
Un jinete que es sólo sus muslos.

Dionisios a pedazos, recompuesto.

Un toro sin cuernos que está siendo devorado
por un león que no está,
sólo sus garras.

Admiramos lo desaparecido,
tal vez nuestra cultura nace de estas ausencias,
de lo vacío, de lo que no hay.

También nosotros somos lo que queda
de nosotros,
lo que nos falta, el hueco que nos cuida.

Juan Vicente Piqueras

lunes 18 de mayo de 2009

Las Gafas

Las gafas se perdieron
una noche de invierno hace ya años.
Mi hijo se acostó sobre el sófá
al calor del brasero
y se quedó dormido como un ángel.
Yo lo tomé en mis brazos y lo acosté en su cama,
lo embocé con amor y con amor
besé su frente cálida. Tenía ocho años.
Buscamos por la casa durante varios días.
Lo revolvimos todo. Pero nunca
volvimos a saber de aquellas gafas.
Hasta esta tarde gris, después de tantos años,
en que han aparecido de repente
ocultas en la funda
de aquel sofá que hoy hemos desahuciado.
Es otra vez invierno y hace frío.
Estamos solos, mi mujer y yo,
en el nuevo sofá, viendo la tele
al calor del brasero.
Pero no soy capaz de mirar la pantalla
porque tengo los ojos fijos en el retrato
que hay encima de la televisión:
la foto de mi hijo el día de su boda.
Acaricio las gafas con amor infinito,
como si acariciara los recuerdos.
Y con cualquier excusa me levanto,
empiezo a deambular por los pasillos
y trato de espantarme a manotazos
las lágrimas, las sombras, la nostalgia.



Juan Ramón Barat

sábado 16 de mayo de 2009

Osetia 2004

Yo no puedo correr la cortina.
No puedo.
A través de la tupida tela
veos sus ojos amedrentados,
ante la muerte sus ojos desnudos y secos
ellos que tanto habían llorado
por pequeñas querellas de patio
donde los niños se entrenan.
Estupefactos,
vacíos de todo afecto,
yo no puedo olvidar su brutal soledad
de niños vueltos ancianos de pronto,
sin techo,
sin años que los entrenen
para morir.

Septiembre mortal del 2004,
en todas mis acciones vaga tu sombra.
Cuando ordeno mi bolso
pienso en sus huesos quebrantados,
tibias que nunca llegaron a su plenitud.

Y es verdad
que apenas dos días antes
el amor crecía en mí
como las flores en un campo abierto
yo no sabía que era mayor vuestra prisa.
Mis pequeños niños,
huellas borradas por la máquina limpiaplayas,
quien
después de esto
puede mirar atrás.

No. No sois nuestro futuro roto.
Érais el pasado,
aquello en lo que existíamos
y ahora también con vosotros
nosotros desaparecemos.

Año cero de mi vida, Osetia.
Tendrás otra mujer frente a ti,
la que no se anda con prerrogativas.
Mataste a mis hijos, malvado,
los que yo podría haber cuidado y alimentado
sólo porque así lo dispuso el azar
estuvieron ante tu metralleta.

Ya no son de nadie.

Tú los lanzaste, malvado,
a un mundo sin atracciones ni pertenencias
y yo siento que caen
sin llegar jamás a retumbar sus cuerpos
contra un asfalto que pudiera serviles
de freno y de abrazo.

Caen y caen,
y en su caída infinita
por siempre atentan contra el orden de los astros
que tú quisiste alterar.
Son tus proyectiles mis niños,
los que caen y caen
por que cómo van a morir
aquellos que todavía
tenían que doblar el ancho de su espalda
y el grosor de su cuello.

Cómo puede alcanzar su final
aquello que sólo tuvo tiempo de ser principio.

Cómo puede alcanzar el olvido, dime.
Yo no puedo olvidar.





Luisa Castro

viernes 15 de mayo de 2009

El indicio

Salió del portal y, una vez en la calle, ayudó con un leve impulso a que la inercia terminara de hacer su trabajo y se cerrara con un leve golpe el portón. Al iniciar el movimiento de encaminar sus pasos hacia su destino, justo cuando giró su cuerpo para ponerlo en la dirección oportuna, la vio. Allí estaba, al otro lado de la calle, apoyada distraídamente en un coche, vuelta de espaldas. La reconoció en el acto. Un amargo sabor acre le subió por la garganta, y mientras seguía su trayecto con paso decidido se le iba secando la boca. Al momento sintió un ligero temblor en las entrañas.

Se sintió mal por momentos. Aminoró el ritmo. La idea de volver sobre sus pasos para volver a casa se le materializó en la mente. Seguía andando con paso vacilante, no regresaba aunque tampoco avanzaba con decisión. Quería girar la cabeza para ver qué pasaba, pero no lo hizo. Al llegar a la esquina giró bruscamente, cuatro minutos más tarde, y tras tres giros más, primero de reojo y luego descaradamente, no logró verla.

Se paró, buscó en el bolso las llaves de la entrada, tenía la boca tan seca que no podía tragar saliva. Sus dedos rozaron en varias ocasiones las llaves pero siguió buscándolas a ciegas hasta que se le enredaron de manera ineludible. Las tomó con brusquedad y abrió la puerta.

Subió andando los cinco pisos. Los hombros encogidos, la espalda encorvada, los labios apretados y la mirada anhelante. Se sujetaba el bolso, que le colgaba de un hombro, con ambas manos, tan fuertemente apretadas que los nudillos se le tornaron blancos.

El corazón amenazaba con salirse del pecho, la respiración era profunda pero rápida. Las piernas le temblaban. Llegó a casa. Tratando de no hacer ruido al respirar pegó la oreja a la puerta y agudizó el oído. Nada, nada se oía. Encaró la llave en la cerradura. Se quedó inmóvil. Introdujo, al cabo de unos instantes, la llave lentamente, de la forma más pausada y silenciosa que pudo. Soltó el llavero, apoyó la frente en la puerta y reprimió las lágrimas. Empujó con ambas manos la puerta, que seguía cerrada, recobrando así la verticalidad de su cuerpo.

Bajó los brazos dejándolos caer a ambos lados con breves sacudidas. Echó la cabeza hacia atrás y respiró profundamente. Miró con desafío la puerta, giró la llave y abrió.

Nada, de nuevo silencio absoluto. Pasó al interior de la vivienda. Sujetó la puerta con firmeza y cerró despacio, sin ruído. Podía oír su propio respirar y el loco y descompasado golpeteo de su corazón. Tomaba el aire con fuerza por la nariz y los exhalaba insistentemente por la boca.

Avanzó pasillo adelante con el hombro derecho totalmente pegado a la pared. Llegó a la puerta de su dormitorio, estaba cerrada. Las rodillas temblorosas, la boca seca, la respiración entrecortada, el corazón galopante, el estómago encogido, la espalda cóncava, el pecho hundido.

Oyó ruidos, movimientos. Esperó. Tomó aire. Aferró la manivela con la mano izquierda y la giró lentamente. Al respirar, echó los hombros hacia atrás, irguió la cabeza, dio un paso corto y se introdujo decidida, de golpe, en la habitación.

La escena que se presentó ante sus ojos era elocuente. Se llevó la mano al pecho y sonrió.




Raquel García Villalonga
12-05-2008

jueves 14 de mayo de 2009

Musas

ENTRA en mi estudio
y echa un vistazo a su alrededor,
presentando especial atención
e interés

a la Mala Rodríguez,

a Woman sittin on blue robe,
de Amedo Modigliani,

al cartel de Christiane F

y a las imágenes de estos cuatro tabiques:
una de ellas es una bailarina mora
en los últimos pasos de la danza de los siete velos,
acuarela de mi colega Antonio G. Villarán,

dos de Jill,
personaje de cómic del dibujante Enki Bilal,

y tres de la poeta norteamericana Denise Buhamel.

Da dos pasos
y con los brazos cruzados detiene su mirada
en las postales que decoran mi escritorio:

Seductive girl, de Roy Lichtenstein,

una mujer anónima desnuda
en un estudio de París, a principios del silgo XX,

y una señorita que cruza una calle de Berlín
tapándose de la lluvia con su bolso de piel.

Da otro paso y me pregunta:

Y la del ordenador ¿quién es?

La mujer abisinia del poeta maldito Arthur Rimbaud.

Tienes todo esto, dice, tu estudio me refiero
lleno de fotografías de mujeres de todo tipo, pero
añade antes de irse, ninguna, ni una sola, de mí.



David González

miércoles 13 de mayo de 2009

La poesía de Joaquín Piqueras, nuevamente en Viva a poesia

Silvio Persivo ha vuelto a publicar en su blog VIVA A POESIA poemas de Joaquín Piqueras en versión original y su correspondiente traducción al portugués:

Novamente Piqueras.
Joaquín Piqueras.

El poeta reitera su más sincero agradecimiento al autor brasileño y da las gracias, asimismo, a todos aquellos que, sin conocerlo personalmente, han incluido sus poemas en sus bitácoras simplemente porque les ha gustado.

martes 12 de mayo de 2009

Retrato familiar con padre al frente

Retrato familiar compuesto por:
padre al frente sentado en trono de laurel,
hijos al fondo sosteniendo sendos racimos de uvas,
madre en la penumbra con una manzana en la boca,
........................................telaraña sin araña en una esquina,
perro royendo hueso humano junto a chimenea apagada
y mosca paseándose por bastón señorial
............................empuñado por padre al frente.
Destaca la profunda gravedad de su semblante,
el trazo más firme en sus arrugas,
la fuerza y habilidad de sus ojos rasgados
para clavarse en los de quien examine
...............-no importa desde qué ángulo-
el retrato familiar con padre al frente.
La figura central hace que todo lo demás
.......................(hijos, madre, perro, mosca)
no exista y sí exista, gracias a los finísimos hilos
que nacen de los dedos de padre al frente,
.......................................cuya sombra es
telaraña sin araña en una esquina.




Elena Román

lunes 11 de mayo de 2009

El mercado de pulgas

En el mercado de pulgas,
transformado
en la compota de un hueso-
el esqueleto de un poeta.



Daniel Lacatus

sábado 9 de mayo de 2009

Tiempo de silencio

(Recuerdos de un poeta en sus últimos días)


Barcos, no se veían.
Juan Ramón Jiménez



Barcos, no se veían.
.....................................Era un tiempo de exilio.
El hueco del amanecer
manaba un río de limones
podridos y de algas
negras como una espera sin cita
con Dios.
.............................¿Acaso la belleza tuvo
una vez una mano que la pulsara,
un artista convencido de ella
y vencido por ella,
un cantor como usted?

Barcos, no se veían.
............................................Continuaba el exilio.
Los cincuenta eran, en España,
años sumisos, seguían disparando
con pólvora de sumisión los vencedores
de una guerra que perpetuaron
mentiras indecentes e incultura.

Y no llegaban tus libros.

Era un tiempo de exilio
de todos, aun de los que no habíamos nacido
y abriríamos los ojos en la década siguiente,
obligados a mamar leche en polvo y cadenas

(con el miedo de nuestros padres y su renuncia
a sus vidas, y su amor, para siempre).

Barcos, no se veían.
.............................................Silencio.




Fulgencio Martínez
Continuación del homenaje a Vicente Aleixandre,
publicado en el nº 10 de Ágora

viernes 8 de mayo de 2009

Terreno desesperanza

De sus lágrimas de pez
descendía la profundidad del océano,
el frío de los icebergs
y la imposibilidad de pedir perdón.
De su incapacidad de sirena alada sin expresión,
colgaban algas que descendían
en lugar de sus cuerdas vocales,
hilos de nácar en su interior.
Su esqueleto convertido
en ramas de sauce derretido
del color de muerte de grafiosis.
Sus palabras se le perdían,
ora en perlas,
ora en corales de color azul infinito
en palabras sin destino ni tiempo.
En sus lágrimas de pez,
se leía la incapacidad,
la impotencia
y la frustración color negro privamera.
a cada lágrima
un resquicio de desesperanza,
a cada paso,
un anclaje más en el limo del río,
así era su tristeza.



Pablo Lorente Muñoz

jueves 7 de mayo de 2009

Antología poética


Salvador Sandoval López
Antología poética
Las Torres de Cotillas, 2008

Más allá de esos consabidos nombres, que no es momento de citar, algunos a los que se homenajea constantemente, no sé si merecidamente o no, existe una pléyade de poetas murcianos poco conocidos por quienes se consideran así mismos la élite de los críticos, de quienes tienen el poder de decidir quién es comentado y quien no en los mentideros, mediáticos o no, de esta pequeña Región de Murcia que, muchas veces, se empeña en, como acertadamente apuntaba Beatriz Montero (Ciclo de escritores y periodistas, Biblioteca Regional, 2008) organizar contraprogramación a los mismos actos culturales y literarios.

Tampoco es momento de recordarlos a todos, pero sí de traer a uno de los poetas más veteranos de la Región, un poeta de nuestra tierra, como lo definió María Ángeles Moragues: Salvador Sandoval López, (Las Torres de Cotillas, 1928), autor de Descendamos al valle, 1972; Agua de río, 1977; Maizales y retamas, 1989; A orillas del Segura, 1992; Sol de otoño, 1995; y Un mundo sellado, 2002; volúmenes todos ellos que el Ayuntamiento de Las Torres de Cotillas ha tenido el acierto de publicar en una Antología general a la que se añaden doce poemas inéditos.

Todo un reto, y un peligro, que la poesía de Salvador Sandoval ha superado con creces. La lectura de la obra anterior mantiene, si no aumenta, la fuerza que tuvo desde el principio. Un autor al que se leyó en 1972 (Descendamos al valle), lo encontramos pleno en los poemas inéditos que finalizan esta necesaria antología de un machadista que, aunque nos diga que siempre está lejos, muy lejos, lo hemos tenido tan cerca que casi no nos hemos percatado.

Desde estos versos ¡Llegabas tan humilde por los surcos!/ ¡Tan menuda!¡Tan leve era tu paso,/ que nadie vio las huellas que pintabas/ en el paisaje verde-gris de marzo!, hasta estos otros, siempre estaré contigo, con tus gentes,/ con este sol que quema tus orillas./ Quiero escuchar tus árboles, tus fuentes./ Te quiero a ti, Las Torres de Cotillas., primeros y últimos de la antología, hay todo un recorrido por la verdad de un poeta, por sus profundísimos recuerdos (no podemos olvidar que nació un 22 de enero de 1928), que ha plasmado el amor a la tierra, al agua de su río, a las gentes sencillas que trabajan aquella, a la vida, a la experiencia y a la compañera que siempre tuvo a su lado.

Salvador Sandoval es, junto a otro murciano, Francisco Sánchez Bautista, un notario de la esencia murciana, el poema, como apuntaron en la presentación de este libro, es la luz que nos permite desvelar aquello que a veces nos ofusca el pensamiento.

Le gusta escribir en otoño, una estación en la que vive el poeta; junto al Mar Mediterráneo, aunque sus poemas huelan a río Segura; paseando por la arena de la playa, aunque muy pocos como él han cantado a la belleza de los tolmos.

Francisco Javier Illán Vivas

miércoles 6 de mayo de 2009

Los temblores sueñan con gladiolos

Me olvido de las claves
en este dominio de mareas
donde los temblores sueñan con gladiolos
pero olvidan el volumen del grito y su registro,
los terremotos que hay dentro de mi cama
y la vida que ya no es vida.

Mis cementerios en crisis,
despiden un aliento aun más abstracto
que una esmeralda con sabor a mandarina.

Son muchos los asesinatos
que golpean mi puerta
y mi cuerpo se resiste a pasar de nuevo
por esos puentes colgantes
sobre el río infame de un mal recuerdo.

Las venas de mi frente
parecen líneas férreas
y la sangre, el torrente,
son trenes y locomotoras avanzando
por una cabeza hirviente de gritos y amenazas.



Marian Raméntol

martes 5 de mayo de 2009

Bajo las sábanas

- entre raíces y topos
descubrí al animalillo:
el brillo de su sangre,
una flor húmeda- olorosa
que lame y mordisquea
-en sueños.
Le he vigilado toda la noche,
he acariciado su pelaje
-con la lazada hecha
Ahora oigo el amanecer:
es tiempo de darle caza,
de cortar su flor.




Raúl Morales

lunes 4 de mayo de 2009

Sexo sibilino

antes de la palabra
la realidad
antes de un desnudo abstracto
la amemoria
de un cometa a la deriva.



Iolanda Bob
Traducido por Joaquín Garrigós

sábado 2 de mayo de 2009

Un beso en los labios de la palabra

Córdoba, abril de 2004


Tres sílabas y un pensamiento
semen de historias, alegorías fecundas,
romana primero, visigoda después,
también musulmana, luego cristiana.

De tus naranjales y limoneros en flor
se refleja el olor de las pasiones.
Los campanarios cesan de repicar,
es la noche que se envuelve en silencios
tras las aguas que duermen su frenesí de siglos.

Siento la irresoluta necesidad de amar,
verbo que se funde y conjuga
en la densidad de oscuras callejuelas.
Tu nombre es parámetro y exégesis.
Tu nombre, Córdoba, es un beso
en los labios de la palabra.




Maricel Mayor Marsán