
Fulgencio Martínez
León busca gacela
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2009
La Editorial Renacimiento, de Sevilla, inicia sus publicaciones de 2009 con el nuevo libro de Fulgencio Martínez (Murcia, 1960), «León busca gacela», un poemario, como todos los de este autor, lleno de sugerencias diversas y cruzadas, en las que las cuestiones de identidad y desdoblamiento de personalidad no son las únicas que fertilizan un texto muy compacto y cohesionado. El libro se subtitula Poemas de Séptimo Alba (2002-2008), y, amparado por tanto en un heterónimo, nos introduce en su particular universo poético dividiendo el libro en dos secciones, la primera más alejada en el tiempo y dotada de una cierta nostalgia, y la segunda, anclada visceralmente en un presente hostil, que el poeta fustiga y satiriza. La poesía, en Fulgencio Martínez, es siempre un medio de reflexión, de compromiso con el lector, al que somete a las exigencias de sus propias inquietudes. Y el lector no tiene otro remedio que seguir el camino trazado y así compartir la comprensión de un poemario de elevada estatura moral.
No es extraño que el libro se abra con una composición titulada "La vela del demonio", dedicada "A Luis Cernuda (2002)", con muy clara referencia a la fecha del centenario del nacimiento del gran poeta sevillano, admirado por todas las generaciones, hasta el mismísimo presente. Se trata de un poema escéptico y satírico, muy en consonancia con algunos del propio Cernuda y con otros antecedentes prestigiosos. Pienso por ejemplo en la "Letanía de Nuestro Señor Don Quijote" del gran Rubén Darío, en la que lamentaba su autor, en la fecha de 1905, centenario de la primera parte del "Quijote", cómo el glorioso y maltrecho hidalgo manchego estaba siendo mancillado por las celebraciones del centenario.
El mismo Cernuda, por ejemplo, en su poema "Birds in the night", en el que evoca a Verlaine y Rimbaud en su escapada famosa, teme que luego serían homenajeados por autoridades y eruditos. Y en esta visión de Fulgencio Martínez también los eruditos, insaciables de centenarios, salen malparados, porque lo que está claro es que el espíritu del poeta se extingue y desaparece, víctima de los codiciosos congresistas. Un buen poema para marcar el tono comprometedor de todas y cada una de las composiciones que se siguen en el libro, en el que aparecen motivos ya presentes en la poesía anterior de Fulgencio Martínez, pero también otros nuevos asuntos surgen para inquietar al lector y hacerlo reflexionar.
Destacamos en este sentido, como tema angular, el de la edad, vinculado al tradicional y tan repetido en la poesía de todas las épocas del paso del tiempo, del imparable transcurrir de los días que resultados tan diversos, según la época, ha experimentado a lo largo de la historia literaria. Pero la edad es un tema muy humano que tiene que ver con la memoria, con la nostalgia, con los recuerdos, y que hace revivir, como intentara y no consiguiera tantas veces en su magnífica obra el gran Vicente Aleixandre, resucitar, recuperar, reavivar, resurgir, renacer… Me refiero a la adolescencia, encantadora edad cuya rememoración inyecta vitalismo, eso sí pasajero y falso, y desencadena nostalgia y serena conformación e irónica resignación. Otros motivos, integrados en la misma tonalidad, nos devuelven imágenes de eterna poesía: el autor contempla el sueño de la amada, de la amada joven de otro tiempo, aunque el acento de la nostalgia de la perfección pasada, y del tiempo trascurrido, evidentemente tiñen la reflexión de un sereno desencanto aunque produce una cierta adicción.
No es menos interesante el final del libro de Fulgencio Martínez, ya que en una segunda parte concentra poemas satíricos comprometidos en el análisis de nuestro mundo revuelto y lleno de injusticias, junto a consideraciones sobre la creación poética y su destino en el mundo de hoy, con interesante perfil, también de intensa resonancia literaria, de la ebriedad generadora de la musa poética alcohólica (cómo no recordar a Claudio Rodríguez). Lo cierto es que, en este mundo de cayucos, pateras y resorts, el poeta también tiene algo que decir y rabiar ante lo incomprensible y el descomunal caos, ante la cada vez más intensa y elevada deshumanización de nuestro mundo insolidario.
Posición que prepara, ya en el final del libro, a la entrada de la prosa, a través de la carta a un amigo, con la respuesta de éste, y una poética final. Tanto en la carta como en el texto final, desvela Fulgencio Martínez sus intenciones que ponen de relieve la condición bipartita del libro, aunque los poemas elegíacos de la primera parte conducen inevitablemente, como le avisa el amigo, hacia la poesía cívica final, que el autor confirma en la "Poética de Séptimo Alba", que cierra definitivamente el volumen: "a fuerza de ser egoísta, está uno comprometido con el futuro de la humanidad y del planeta, esta casa que vamos destruyendo sin remedio cada día. La poesía es otra forma de comunicación, y hoy no puede ser indiferente a las voces de alarma que nos acusan a los humanos del presente de estar despojando el medio en que vivirán las generaciones futuras. El tiempo presente se afirma sobre los despojos del futuro, escribí. "Esa es una preocupación urgente en mi poesía actual».
Francisco Javier Díez de Revenga